El síndrome de Jerusalén, el acceso de los exaltados

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Artículo escrito por: Elías Almansa

Sucede que se cansan de ser hombres, sucede que se cansan de su piel y de su cara. Y esto es lo que ocurre en el denominado Síndrome de Jerusalén, por el cual turistas, visitantes y viajeros varios padecen una epifanía por la cual se presumen figuras mesiánicas o se asumen actores principales de un crucial cometido divino.

¿Qué es el Síndrome de Jerusalén?

El Síndrome de Jerusalén es un síndrome cultural que fue descrito por primera vez en los años 30 por el psiquiatra Heinz Herman, el cual observó que un cuantioso número de personas que visitaba Jerusalén sufría una especie de “histeria religiosa” que denominó Jerusalem squabble poison o fièvre Jerusalemmiene, aunque existen casos documentados desde el siglo XIX. Este fenómeno pasó desapercibido para las autoridades locales hasta que, en 1969, un turista australiano, Denis Rohan, quemó la mezquita Al Aqsa, causando alarma y graves disturbios civiles.

El Síndrome de Jerusalén es un síndrome cultural

¿Qué características tiene el síndrome de Jerusalén?

Una característica de este estado es que afecta por igual a hombres y a mujeres, y no es endémico a una creencia concreta, ya que afecta por igual a musulmanes, cristianos y judíos de diversos orígenes culturales. Por lo general, los afectados de creencia cristiana se identifican con personajes del Nuevo Testamento, mientras que los creyentes judíos lo hacen con los del Antiguo Testamento. Asimismo, las mujeres empatizan generalmente con personajes femeninos, y los hombres con masculinos.

El Síndrome de Jerusalén afecta por igual a hombres y a mujeres

¿Qué síntomas presenta el Síndrome de Jerusalén?

Observando los diferentes afectados por este fenómeno, se han descrito tres tipos de manifestaciones distintas.

Tipo I. Síndrome de Jerusalén secundario a una enfermedad psíquica previa. En estos casos los afectados padecen o que han padecido algún tipo de psicosis y viajan a Jerusalén con la idea o la obsesión de que forman parte de una misión divina que podrán completar al llegar a esta ciudad.

Tipo II. Síndrome de Jerusalén superpuesto y complicado por ideas idiosincráticas. A este grupo pertenecen personas con una fijación con la ciudad de Jerusalén, ya sea por sus creencias religiosas, culturales o espirituales. En estos casos, cuando visitan la ciudad su obsesión se incrementa hasta el padecimiento del fenómeno.

Tipo III. Síndrome de Jerusalén de forma aislado, no relacionado con enfermedad psíquica previa. Es el caso más conocido, por el cual personas sin antecedentes de enfermedad mental comienzan a padecer episodios psicóticos de naturaleza religiosa al llegar a Jerusalén. Estos episodios duran pocas semanas y suelen presentar estas características:

-Ansiedad, agitación, nerviosismo y tensión, además de otras reacciones inusuales e inesperadas.

-Deseo de separarse del grupo o de la familia con el objeto de recorrer Jerusalén en solitario (muchos guías turísticos advierten de este síntoma en concreto para que los turistas estén atentos si algún amigo o familiar manifiesta este tipo de deseos).

-Necesidad de estar “limpio y puro”, por lo que las personas que presentan el síndrome comienzan a obsesionarse por bañarse, ducharse, cortarse y limpiarse las uñas, etc.

-Comenzar a vestir con ropajes blancos a modo de túnica (en muchas ocasiones auto confeccionados con las sábanas del hotel en el que se hospedan).

-Necesidad de recitar (y en ocasiones gritar en público) pasajes de la biblia o algún himno religioso.

-Dirigirse en procesión hacia lugares de Jerusalén que se consideran sagrados, como El Muro de los Lamentos.

-Recitar un sermón en un lugar considerado sagrado. El discurso suele ser una plegaria hacia la humanidad con el mensaje de adoptar un estilo de vida de unidad, moral y de vida más simple. Muchos sermones son inconexos y delirantes.

Existen tres tipos descritos de manifestaciones diferentes del Síndrome de Jerusalén

Se estima que un centenar de personas al año sufren el Síndrome de Jerusalén, aunque este aún no se recoge en el DSM ni en el CIE.

 

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