Saturación convivencial. Estoy rodeado de mis seres queridos pero me apetece estar en soledad

El sol no es lo único que quema en verano

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Sucede que pasar tiempo con la pareja, los hijos y/o la familia es algo esperado por todos y se supone que se tratan de períodos agradables para el disfrute.

El verano suele ser la estación en la que la mayor parte de las personas disponen de vacaciones y, por consiguiente, de tiempo libre, el cual se comparte con la pareja, que también suele estar de vacaciones, y los hijos, que no están en período lectivo.

Se trata de una parada laboral y de la rutina continúa, perfecto para pasar tiempo con la familia.

Pero, asimismo, sucede que este tiempo de convivencia puede hacerse largo, pesado, cargante, tedioso y, en algunos casos, insufrible. ¿Es esto normal? Lo cierto es que sí y se trata de un fenómeno denominado “saturación convivencial”.

¿Qué es la saturación convivencial?

La saturación convivencial es un fenómeno por el cual una persona experimenta emociones de desbordamiento, tedio y hartazgo por la compañía constante de otra persona, provocando ansiedad, irritación, hastío y un menor umbral a la irascibilidad.

Cierto es que los humanos somos animales de manda y que el aspecto social es primordial para nuestra felicidad. Pero la convivencia y el trato constante con una determinada persona o personas pueden llegar a saturarnos.

Se trata de algo similar a lo que ocurre con el hacinamiento. Supongamos una suite idílica de un hotel de lujo, con todas las prestaciones y ventajas que podamos imaginar y que se adecuen a nuestras preferencias. Sin duda, se trataría de una estancia de ensueño.

Pero, ¿y si esa estancia se prolongase por años sin que la persona pudiese salir de la habitación? Esta persona terminaría hacinada, encerrada y, obviamente, con ansiedad, estrés y depresión.

¿Cuándo ocurre?

La saturación convivencial puede ocurrir en cualquier momento, pero es mucho más frecuente en períodos vacacionales, cuando una persona pasa muchas horas del día con otra u otras.

De este modo, no es solo el sol lo que quema en verano. La convivencia con la pareja, familia e hijos puede resultar cansina, hasta el punto de afectar al estado de ánimo.

Es común hacer planes de escapada o de ocio para las vacaciones de verano. El fin es disfrutar del tiempo libre y de la familia. Pero también es frecuente que durante este período surjan roces y discusiones, situaciones las cuales se pueden ir haciendo cada vez más frecuentes, hasta el punto de que la hostilidad esté a flor de piel y germine por cualquier minucia.

Además de en verano, este fenómeno se suele dar frecuentemente en las parejas que se han emancipado conjuntamente, sobre todo en los primeros meses.

Que esto ocurra no es signo de alarma ni de que la relación no vaya a funcionar, únicamente es necesario conocer qué está ocurriendo y poner una serie de sencillas medidas en práctica.

Don’t Panic (No se asuste)

La saturación convivencial es algo normal y propio del ser humano. No se trata ni de un trastorno ni de una patología ni de un problema de comportamiento.

Muchas personas se sienten sumamente culpables cuando experimentan saturación convivencial, ya que perciben sentimientos de hastío y tedio por alguien a quien se quiere.

Así, es posible que nos invadan pensamientos tales como que somos egoístas, desagradecidos, anti sociales, etc. Pero nada de ello es cierto.

De este modo, es frecuente que se esté deseando tener vacaciones para poder disfrutar de la familia y tiempo después estar desando estar en soledad, incluso volver al trabajo. Esta sensación puede hacer sentirnos mal, pero no debemos, ya que se trata de un fenómeno psicológico natural.

¿Por qué ocurre?

La saturación convivencial aparece cuando aumenta significativamente el tiempo que se pasa con una persona o personas.

El organismo de las personas está adaptado para un tipo de rutinas diarias. La ruptura de una determinada rutina tiene como efecto que el organismo se tenga que adaptar a una nueva situación, lo cual supone un esfuerzo.

Las vacaciones en general, y la convivencia continua con alguien en particular, aunque se supone que se hacen para el disfrute, no dejan de ser una ruptura de la rutina, es decir, algo a lo que el organismo debe adaptarse y esto acarrea un esfuerzo.

La saturación convivencial surge como respuesta a la ruptura de la rutina, ya que se trata de un desajuste de la intimidad y privacidad a la que una persona está habituada.

Esto provoca que sintamos deseos de estar solos o retomar la rutina diaria, para que el organismo deje de hacer ese esfuerzo de adaptación, sentimiento el cual no hace más que agravar la sensación de hastío hacia el otro o los otros, incrementando de este modo la saturación.

¿A quién le ocurre? ¿Me puede ocurrir a mí?

Todas las personas son susceptibles a la saturación convivencial, aunque algunas personas tienen un umbral más bajo que otras.

Generalmente, son tres las principales variables que desencadenan saturación convivencial:

  1. La cantidad de conductas no deseables.
  2. La naturaleza de estas conductas.
  3. El umbral de capacidad de cada persona para soportar estas conductas.

De este modo, por el tipo de carácter personal, hay personas que provocan más saturación que otras. Determinadas conductas, actividades absorbentes o el modo de hablar de alguien, pueden ser factores que ayuden a desencadenar la saturación.

En este sentido, la saturación convivencial es inversamente proporcional a la compatibilidad de carácter que se tenga con la otra persona.

Todo el mundo tiene defectos y manías, como también son diferentes las cosas que nos molestan. De este modo, puede que los defectos o manías del otro no sean particularmente molestos para nosotros, por muy numerosos que sean. En estos casos la saturación convivencial tardará más en aparecer que en el caso contrario, aunque las conductas sean en menos número.

Esto no significa que, si una persona nos causa una saturación convivencial en poco tiempo, no la queramos ni la apreciemos.

La mayor parte de las familias y las parejas en general sufren saturación convivencial, ya sea de modo constante o puntual y las vacaciones son la época perfecta para que se experimente.

¿Tiene solución?

La saturación convivencial tiene solución. Únicamente hay que tener la información de lo que ocurre y adoptar una serie de estrategias básicas.

En próximos artículos se tratará como evitar la saturación convivencial y cómo solucionarla en los casos en los que aparezca.

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