¿Qué hacer ante una persona tóxica?

¿Por qué los llaman “gente tóxica” cuando son los “gilipollas” de toda la vida?

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¿Qué hacer ante una persona tóxica?

En otros artículos se han tratado las personas tóxicas, las cuales, por desgracia, suelen estar más presentes en nuestro entono de lo que desearíamos.

De este modo, no es extraño que en el trabajo, el círculo social o, incluso, en la familia nos encontremos con alguien que no solo no nos aporte nada, sino que nos perjudique. En estos casos, ¿qué se puede hacer?

En el presente artículo se darán las principales claves para combatir a las personas tóxicas.

¿Cuándo tomar medidas?

Si nos sentimos manipulados, tratamos con alguien que nos hace sentir culpables por no acometer sus peticiones, o somos víctimas de la psicología inversa para realizar numerosos favores a alguien que nunca nos tiene en consideración, es más que posible que hayamos caído en la red de una persona tóxica.

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El momento adecuado de tomar medidas al respecto es inmediatamente después de que se detecte la presencia de una persona tóxica en nuestro entorno. No es apropiado esperar en exceso, ya que este tipo de personas pueden llegar a dañar al otro enormemente.

En este sentido, es probable que la persona tóxica utilice psicología inversa o determinados métodos de manipulación para hacernos sentirnos culpables, pero no hay que olvidar que la culpa es inexistente, puesto que no hacemos nada incorrecto, ya que no se está obligado a nada (y en menor grado con este tipo de personas) y, si existiese algún acto reprochable, provendría de ellos y no de nosotros.

Hay comportamientos y conductas las cuales no se pueden aceptar y es correcto ponerles fin y unos límites concretos.

¿Qué hacer ante una persona tóxica?

El principal modo de lidiar con personas tóxicas es a través de la asertividad.

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La asertividad es un modo de actuación por el cual se consiguen los objetivos propuestos sin la necesidad de dañar o molestar al otro.

Con respecto a esto, hay que señalar que, aunque la otra persona sea tóxica o maleducada, nosotros no tenemos que actuar del mismo modo.

El modo de utilizar la asertividad en estos casos se puede dividir en las siguientes acciones:

Respeto. El respeto es la clave de las buenas relaciones sociales. Por norma general, las personas tóxicas no tienen ningún respeto hacia los demás, independientemente de si son o no educados.

Por ello, es absolutamente necesario imponer respeto. Hay que hacerse respetar ante todo, dejando claro al otro que lo que ha dicho o hecho nos parece una falta de respeto.

Por otro lado, nunca hay que perder los papeles ante una persona tóxica. El hecho de que esta persona sea dañina no nos convierte en dañinos a nosotros. Por ello, es importante que el respeto se mantenga. De este modo, nosotros debemos respetar siempre al otro, por muy tóxico que sea. Hay que tener en cuenta que nadie nos va a respetar si no respetamos nosotros.

Decir “no” asertivamente. Un comportamiento muy común entre las personas tóxicas es realizar peticiones continuamente, los cuales, si no se acometen, se nos recriminan a través del chantaje emocional, haciéndonos sentir culpables o como los grandes villanos.

Estas situaciones no son más que una percepción errónea de la realidad. Hay que tener claro que nadie tiene obligación con nadie, incluso aunque sea un familiar (a no ser que se trate de un menor a nuestra custodia, hacia el cual se tiene una responsabilidad). Únicamente hay que hacer las cosas cuando se quieren hacerlas y siempre sin esperar nada a cambio. Las “cadenas de favores” no terminan de ser muy productivas ni para nosotros ni para los otros.

De este modo, cuando alguien pide algo y nosotros no queremos hacerlo, hay que decir “no”. No obstante, no se trata de realizar una negativa ofensiva, sino de realizar ésta con todo el respeto y de modo asertivo, de modo que el otro no pueda sentirse nunca dañado. Recordemos que la negativa es porque no queremos hacer algo, no porque queramos dañar a alguien.

El mejor modo de decir “no” no es de modo directo ni dando muchas vueltas. Se trata de un término medio en el cual se deja claro que no se va a hacer pero que incorpora alternativas.

Imaginemos una situación en la que una persona toxica, llamémoslo Rodrigáñez, nos pide quedarse a dormir en nuestra casa y nosotros no queremos. Un modo adecuado de decirle que no es el siguiente: “Rodrigáñez, en mi casa no vas a dormir. Si quieres te miro los hoteles o pensiones que hay por la zona. Estoy seguro de que estarás muy cómodo allí”.

Fijar prioridades. Ante una persona tóxica hay que fijar prioridades y la primera prioridad somos nosotros. Esto no es ser egoístas, sino todo lo contrario. Siempre hay que mirar por el bienestar y la felicidad de uno mismo y realizar o prestarse a ciertos tipos de cosas puede ponerlas en peligro. Esto no se puede permitir, ya que si uno no es feliz consigo mismo, no podrá hacer feliz a aquellos a los que quiere.

De este modo, no se trata de una postura egocéntrica, sino de algo que hacemos por nosotros y, sobre todo, por los demás a los que queremos.

Determinar derechos y deberes. Existen determinadas ideas, creencias o pensamientos que dictan que la familia tiene que apoyar y ayudar incondicionalmente. Esto es falso.

La familia se ayuda entre sí porque los miembros de la misma se quieren, pero no existe realmente ninguna obligación al respecto. De este modo, no nos podemos enfadar ni juzgar si alguien de la familia no nos presta ayuda, al igual que podemos rechazar a ofrecerle ayuda a un miembro de la familia, el cual, además, puede ser tóxico.

Es necesario recordar que los amigos, la pareja y el círculo social en general, se eligen, pero no se elige la familia. Por consiguiente, es posible que en nuestra familia haya uno o más individuos tóxicos, los cuales pueden aprovechar su condición sanguínea para beneficiarse y dañar. Esto no se puede permitir ya que nosotros no tenemos el deber ante nadie ni ellos tienen el derecho, por muy familiar que se sea.

Esta regla se debe aplicar igualmente hacia el círculo social, compañeros de trabajo y otros entornos.

Determinar roles. Ante las personas tóxicas es necesario poner claro los roles. Esto significa, en lenguaje cotidiano, a “cada uno en su sitio”. De este modo, no se debe permitir que la persona tóxica se tome todas las libertades que desee.

Es posible que si ya se ha cedido previamente a acatar la voluntad del tóxico, éste vaya ganando terreno, de modo que llegue un momento en el que se crea libre de hacer lo que quiera.

El modo de terminar con estas situaciones es dejando claro a la otra persona que no estamos obligados y que su actitud no es la correcta. Todo ello en el respeto del otro y comunicándose asertivamente.

Veamos un ejemplo: Rodrigáñez llega sin avisar a nuestra casa con sus cuatro hijos, los cuales tienen la misma educación que su padre: ninguna. Conforme se cuela en la casa con una conversación distendida que, junto con su cara dura, nos deja estupefactos, les indica a los niños que entren a jugar al cuarto de nuestros hijos. En este caso, una posible respuesta asertiva a Rodrigáñez y los suyos sería: “No podéis entrar en el cuarto de mis hijos, puesto que es de ellos y entrar sin su permiso es una falta de respeto. Además, ahora no te puedo atender, Rodrigáñez. La próxima vez que pases por aquí, avisa antes, para que te confirme que no estoy ocupado y que te puedo recibir correctamente. Si te parece, te llamo luego, cuando esté menos liado y ya quedamos para tomar café abajo un día.”

Estos son algunos ejemplos de cómo lidiar con las personas tóxicas, aunque cada tipo de situación requerirá una forma de comportarse u otra. Lo que sí es necesario en todas ellas es ser siempre asertivo con el otro y no dejar que éste te dañe.

De hecho, en los casos en los que una persona tóxica nos haya dañado, lo más adecuado es romper directamente la relación. Esto no significa que nos enzarcemos en una disputa, sino que nos alejemos lo más posible de esta persona y la dejemos de tratar.

Por consiguiente: aparta a aquellos que nos perjudican y acerca a aquellos que nos hacen felices.

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