¿Qué hacer ante un ataque de pánico?

Foto:"La guía del autoestopista galáctico", Douglas Adams

La mayoría de las personas han sufrido alguna vez en sus vidas un ataque de pánico, hayan sido o no conscientes de lo que les estaba sucediendo. Un ataque de pánico no es simplemente asustarse mucho por algo, se trata de una sensación bastante desagradable que los afectados describen como que “sentía que iba a morirme o a volverme loco”. Dicho esto, conviene mencionar que no es posible morirse por un ataque de pánico y que existen modos de actuación que pueden eliminarlo o aliviarlo.

Los ataques de pánico, según G. Craske y R. Lewin, pueden dividirse en tres grupos:

1. Ataques espontáneos. Son aquellos que se desencadenan sin la existencia de ningún estímulo que los provoque. En estos casos el pánico aparece sin que la persona esté involucrada en ninguna actividad o pensamiento que pueda desencadenar pánico. Son los más desagradables, ya que la persona no sabe que le ocurre ni porqué.
2. Ataques de pánico situacionalmente determinados. Son aquellos que se producen cuando una persona está involucrada en una situación de alto estrés o fóbica, la cual puede identificar. En este grupo estarían, por ejemplo, ataques derivados de fobias sociales por los cuales la persona entraría en pánico cada vez que tuviese que hablar en público.
3. Ataques de pánico situacionalmente predispuestos. Son aquellos que se producen a raíz de un estímulo que no da miedo en sí, pero que los desencadenan. A este grupo pertenecen los ataques derivados, por ejemplo, de una agorafobia, en la cual el ataque aparecería cada vez que la persona estuviese expuesta a un espacio abierto. El espacio abierto no tiene porqué dar miedo como tal, pero desencadena el ataque de pánico.

Los ataques de pánico más frecuentes son los ataques situacionalmente determinados.

¿Cómo saber si he sufrido un ataque de pánico?

La mayoría de las personas que han sufrido un ataque de pánico lo saben identificar como tal, dado lo desagradable de su padecimiento. El manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM) lo denomina “crisis de angustia” y describe así sus síntomas:

1. Palpitaciones, sacudidas del corazón o elevación de la frecuencia cardíaca.
2. Sudoración.
3. Temblores o sacudidas.
4. Sensación de ahogo o falta de aliento.
5. Sensación de atragantarse.
6. Opresión o malestar torácico.
7. Náuseas o molestias abdominales.
8. Inestabilidad, mareo o desmayo.
9. Desrealización (sensación de irrealidad) o despersonalización (estar separado de uno mismo).
10. Miedo a perder el control o volverse loco.
11. Miedo a morir.
12. Parestesias (sensación de entumecimiento u hormigueo).
13. Escalofríos o sofocaciones.

Si se perciben cuatro o más de estos síntomas, se está padeciendo un ataque de pánico.

¿Tener un ataque de pánico es un trastorno o una enfermedad?

Padecer un ataque de pánico no significa padecer un trastorno o una enfermedad. Muchas personas sufren ataques de pánico esporádicos derivados de una mala noticia o una situación de gran estrés. Son los ataques de pánico más frecuentes y pertenecen al grupo de ataques de pánico situacionalmente determinados.

Por otro lado, si los ataques de pánico son recurrentes y/o si la persona es incapaz de identificar qué los ha provocado, es posible que se deban a un trastorno subyacente, como es el caso de la agorafobia, el cual debe ser tratado por un profesional.

¿Por qué aparecen los ataques de pánico?

Los ataques de pánico se producen por una activación errónea del “sistema de miedo” (Barlow, 1988). El miedo es un proceso natural que se desencadena cuando se está sujeto a situaciones amenazantes y es útil para afrontarlas. Por ejemplo, imaginemos la siguiente situación poco probable pero no imposible: vamos caminando por la calle y al cruzar la esquina nos encontramos con un león. El león da mucho miedo y parece enfadado. Esta circunstancia provoca en nosotros respuestas fisiológicas tales como aceleramiento del corazón, sudores, palpitaciones, temblor, etc., que nos son útiles para salir corriendo calle abajo. Si no sintiésemos miedo ante esta situación, nos quedaríamos contemplando curiosamente al león, el cual tendría la merienda servida ese día.

Los ataques de pánico surgirían por un miedo desproporcionado ante una situación a la que no le corresponde ese miedo. Por ejemplo, imaginemos la siguiente situación: tenemos que dar un discurso a un gran número de personas. Hablar en público da mucho miedo, aunque racionalmente un león debería dar más miedo que hablar en público (puesto que nos va la vida en ello). A pesar de esto, las sensaciones que se comienzan a sentir no solo son similares a las que se manifestarían si nos encontrásemos a un león, sino que van a más. Es decir, se produce un miedo desproporcionado ante una situación que no tiene porqué dar ese miedo.

Cuando los ataques surgen recurrentemente es por un fenómeno de condicionamiento. Esto quiere decir que una persona sufrió un ataque de pánico derivado de una situación específica y su cuerpo se ha acostumbrado a reaccionar con ataques de pánico cada vez que se encuentra con esa situación o cuando ve algo que asocia a la misma.

¿Qué hacer ante un ataque de pánico?

Las personas que sufren un ataque de pánico por primera vez se sienten desconcertadas, ya que no entienden qué les está ocurriendo. Asimismo, las personas que padecen ataque de pánicos recurrentes, frecuentemente padecen una profunda aprensión y preocupación por la aparición de ataques de pánico futuros.

El primer paradigma a seguir ante un ataque de pánico es: “No se asuste”. A pesar de que esta afirmación resulta paradójica e incluso irónica, es muy útil y no carece de sentido. Muchos podrán pensar “¿cómo no voy a asustarme si lo que precisamente me está entrando es pánico?”. Esta cuestión es cierta, pero hay que tener en cuenta que nadie, bajo ningún concepto, muere o se vuelve loco de un ataque de pánico, aunque se perciban estas sensaciones. Por ello, alarmarse ante el pánico suma miedo al miedo y resulta más contraproducente que beneficioso.

Algunas indicaciones útiles a seguir ante un ataque de pánico son:

1. No asustarse. Ha identificado que va a entrar en pánico, pero es necesario saber que no es posible morir ni volverse loco, es solo miedo y el miedo es una sensación natural.
2. Parar los pensamientos negativos. Si el ataque se ha derivado por alguna situación determinada, hay que dejar de pensar en ella y centrarse en otra cosa que sea agradable. En este momento se debe tratar de respirar con tranquilidad, alejar los pensamientos que han desencadenado el pánico y sustituirlos por pensamientos agradables.
3. Distráete. Dejar de pensar en lo que te ha provocado el pánico no es cosa fácil, por ello es recomendable distraer los sentidos con algo. Si se tiene el teléfono móvil al lado, se puede escribir un mensaje a un amigo o buscar en Internet algo de interés.

Estas indicaciones son útiles ante un ataque de pánico aislado el cual ha derivado de una situación muy concreta. Si los ataques son recurrentes o esporádicos sin que se pueda identificar que los ha causado, es conveniente acudir a un profesional con la mayor premura posible, ya que, si se abandona el problema, éste se puede generalizar cada vez más a situaciones que antes no provocaban pánico.

El pronóstico de eliminar los ataques de pánico es variable, ya que depende de la causa, aunque un gran porcentaje de afectados mejora su calidad de vida cuando realiza su correspondiente tratamiento.

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