¿Qué es y cómo se puede desarrollar la Inteligencia Emocional?

¿Por qué algunas personas tienen una mayor habilidad a la hora de solucionar sus problemas o se desenvuelven mejor ante situaciones adversas? Obviamente, porque tienen una mayor capacidad de solución de problemas y poseen habilidades efectivas en el afrontamiento de situaciones complicadas. Estas competencias no son innatas, es decir, nadie nace sabiendo solucionar problemas. La capacidad de desenvolverse con éxito ante circunstancias desfavorables se aprende. Existen numerosos factores y estrategias que influyen en la solución de problemas y una de las más importantes es la Inteligencia Emocional.

La inteligencia emocional es “la capacidad para auto-observar emociones propias y las de los demás y regular y utilizar esta información para solucionar problemas” (Peter Salovey, 1997). Es decir, se trata de la capacidad de conocerse emocionalmente y poder percibir, además, las emociones de los demás e intervenir en ellas. Conocerse emocionalmente es clave para un adecuado bienestar emocional, pero si además somos capaces de identificar las emociones ajenas y actuar en consecuencia ante ellas, tendremos un mayor éxito en la relación con los demás. Esta capacidad permite que una persona resulte más apta en la resolución de problemas, el afrontamiento a situaciones adversas y, en definitiva, en la obtención de un mayor bienestar emocional. Esta capacidad, por tanto, puede ser muy ventajosa en situaciones como la consecución de un empleo, enfrentarse a un examen o resolver de un modo más exitoso problemas cotidianos.

¿En qué consiste la Inteligencia Emocional?

La inteligencia emocional implica que una persona sea capaz de (John Mayer, 2001):

-Percibir sus propias emociones y saber expresarlas.
-Comprender el origen de esas emociones.
-Regular esas emociones minimizando sus aspectos negativos y maximizando sus aspectos positivos.
-Poder realizar este mismo proceso con las emociones de los demás.

La Inteligencia emocional, por tanto, va más allá de la empatía, ya que no sólo identifica las emociones ajenas, sino que posibilita actuar de modo adecuado ante las mismas. De este modo, la Inteligencia Emocional abarca dos dimensiones: la referida hacia uno mismo y la referida hacia los demás.

¿Cómo se puede desarrollar la Inteligencia Emocional?

Como se ha comentado, no se nace con habilidades para solucionar problemas o con una gran capacidad de comunicación. Todas estas capacidades se aprenden a lo largo de la vida.

El adecuado desarrollo de la Inteligencia Emocional se realiza a través del autoconocimiento y del conocimiento de las emociones ajenas.

El autoconocimiento es la capacidad de comprender las emociones propias y saber cómo orientarlas. Para alcanzar un adecuado autoconocimiento es necesario tener una serie de habilidades que forman parte de la inteligencia emocional. Entre ellas se encuentran la capacidad de percibir las emociones, comprenderlas y regularlas.

El conocimiento de las emociones ajenas se logra del mismo modo que el autoconocimiento pero aplicado a los demás.

Para mejorar la inteligencia emocional se pueden seguir tres pasos básicos:

1. Percibir:

Para un adecuado autoconocimiento es necesario ser capaz de percibir los diferentes estados emocionales y asumirlos como tales para poder expresarlos adecuadamente. A lo largo del día se suceden emociones frecuentemente. Por lo general, únicamente se perciben aquellas que son más intensas o las que están derivadas de procesos que causan impresión. La mayor parte de las emociones pasan desapercibidas. El primer paso para alcanzar un óptimo autoconocimiento es ser consciente de las emociones.

Una vez logrado esto se debe prestar atención a la percepción emocional interpersonal. Esto se realiza mostrando atención al lenguaje verbal y no verbal de los demás, con el fin de ser conscientes y así poder establecer vínculos empáticos con las otras personas.

2. Comprender:

Se trata de entender correctamente la naturaleza de estos estados emocionales. Cada emoción tiene un sentido que la diferencia del resto. Es necesario identificar esos criterios con el fin de comprender las emociones.

La comprensión de las emociones ajenas se realiza a través de la empatía, que es la identificación mental y afectiva de un sujeto con el estado de ánimo de otro. Es decir, se trata de la capacidad de una persona de comprender los sentimientos de otra, poniéndose en su lugar y percibiendo la situación desde su misma perspectiva.

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3. Regular:

Una vez que se perciben y se comprenden las emociones, el siguiente paso es regularlas con el fin de evitar sus efectos negativos y aprovechar sus efectos positivos. Esto permitirá tener un control emocional personal.

La Inteligencia Emocional permite establecer vínculos sociales adecuados con los demás, ya que facilita la percepción y la comprensión emocional ajena. La regulación emocional aplicada a los demás permitirá, además, una correcta resolución de conflictos interpersonales.

A pesar de que la Inteligencia Emocional es un instrumento útil tanto a nivel personal como interpersonal, hay que ser conscientes de que existen situaciones conflictivas de muy difícil solución, ya sea porque alguno de los implicados no pretende acceder al dialogo o porque sus convicciones personales lo han hecho cerrarse en banda. Asimismo, existen problemas de la vida diaria que resultan de difícil abordaje, ya sea por la complejidad de los mismos o por la vinculación emocional hacia ellos. En estos casos es adecuado acudir a un profesional que pueda mediar en conflictos o ayudar en la resolución de problemas.

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