¿Cómo repercute la ansiedad en nuestra salud?

La ansiedad no sólo nos afecta emocionalmente

Nos encontramos en la recta final del 2020, un año diferente, pero que no ha pasado indiferente para nadie. Se han sucedido meses en los que la incertidumbre ha sido la protagonista, y aún ahora continua siéndolo. Y es que todo momento históricamente interesante está irremediablemente unido a lo funesto para aquellos que tienen el infortunio de vivirlo.

En este período han sido muchas las emociones y sensaciones que hemos experimentado, hacinamiento, saturación convivencial o miedo, entre otras, pero si alguna tiene que llevarse la distinción honorífica, la ansiedad es la primera candidata.

Y esta ansiedad prolongada durante los meses no solo tiene repercusiones en la salud mental, sino que puede afectar a la salud física.

Si te interesa saber las consecuencias de la ansiedad en nuestro organismo, continua leyendo.

La ansiedad no es solo una emoción

En artículos anteriores se ha tratado el concepto de ansiedad y su propósito.

Si quieres conocer qué es la ansiedad y los cambios que provoca en tu cuerpo, pincha aquí:

Uno de los principales cambios que se producen en el organismo cuando se padece ansiedad es la liberación de adrenalina y cortisol.

La adrenalina es una sustancia que funciona tanto como hormona como neurotransmisor, y el cortisol es una hormona que se activa con el estrés y la ansiedad, y es por ello que la sintomatología de ambas condiciones sea tan similar.

Si quieres conocer las consecuencias del estrés en nuestro cuerpo, pincha aquí:

Si quieres saber qué son los neurotransmisores, pincha aquí:

La segregación de estas sustancias en nuestro organismo no sólo provoca cambios a nivel mental y/o emocional, sino que también repercute a nivel fisiológico.

¿Qué daños fisiológicos puede causar la ansiedad?

Debido a la liberación de adrenalina y cortisol, el cuerpo puede resentirse y sufrir daños. Las principales consecuencias de padecer ansiedad en la salud física son las siguientes:

Sistema inmune. La liberación de cortisol tiene un efecto directo sobre el Sistema Inmune, debilitando el mismo. Esto nos hace más vulnerables a padecer diferentes enfermedades oportunistas. Además, un pobre sistema inmune se traduce en cansancio y fatiga crónica.

Dermatitis. La piel se ve afectada por la ansiedad, ya que el mal funcionamiento del sistema inmune puede provocar la aparición de eccemas u otros problemas dermatológicos. Asimismo, la hidratación natural de los tejidos se ve alterada por la aparición del cortisol en el organismo, lo cual da lugar a una mayor sequedad cutánea.

Subida del azúcar en sangre. El cortisol provoca que se libere una mayor cantidad de glucosa. Esta función tiene el propósito de alimentar los músculos y hacerlos más efectivos a la hora de una huida inminente ante un peligro (recordemos que la ansiedad y el miedo son emociones con un intención biológica concreta). Este efecto, alargado en el tiempo, puede repercutir en la salud de aquellas personas que padezcan diabetes o azúcar alta en sangre.

Dolor muscular. El alto aporte de glucosa a los músculos provoca que éstos se tensen con el fin de resultar más eficaces. Al no utilizar esta tensión muscular, el músculo se agarrota y contractura, provocando dolor.

Problemas digestivos. La ansiedad puede provocar un aumento o disminución del apetito. Asimismo, es probable que comamos más deprisa, lo que puede provocar que, tras las comidas, nos encontremos más hinchados o molestos. La adrenalina tiene un efecto sobre el sistema digestivo, ya que se trata de una sustancia que prepara al ser humano para los peligros, de modo que puede causar estreñimiento o diarrea, con el fin de que el cuerpo se libere de “material prescindible” con el fin de hacerlo más ligero en la huida del peligro. De ahí el dicho de que “los nervios se meten en el estómago”. Por ello, no es infrecuente que, bajo un estado de ansiedad, muchas personas presenten diarreas o estreñimiento. Estos síntomas suelen ser pasajeros y no entrañan gravedad, pero en el caso de que la ansiedad se prolongue en el tiempo puede desencadenar problemas digestivos mayores como el síndrome del colon irritable.

Problemas de deglución. Muchas personas con ansiedad describen dificultades para tragar los alimentos o molestias en la garganta. Esto se debe a un déficit en la hidratación de la misma, ya que los fluidos del organismo, bajo la ansiedad, se destinan a zonas que interpreta de más importancia que la garganta. Esto dificulta la deglución y puede ocasionar tos, ronquera o problemas de garganta.

Insomnio. Es natural que la ansiedad se asocie a no poder dormir. Este fenómeno sucede porque las preocupaciones nos quitan el sueño, pero fisiológicamente tiene una explicación: El cortisol disminuye el sueño, por ello hay mayores concentraciones por la mañana (para despertarnos) y una menor concentración por la noche (lo que nos ayuda a dormir). Si hay dosis altas de cortisol en el organismo, las ganas de dormir disminuyen, pudiendo aparecer el insomnio.

Envejecimiento. Envejecemos debido a la oxidación celular. Una ansiedad prolongada provoca una mayor oxidación y, por consiguiente, que envejezcamos antes.

Hipertensión. La adrenalina provoca un aumento de la frecuencia cardíaca y, si ésta se prolonga, puede llegar a perjudicar a las personas con hipertensión u otras patologías cardíacas.

Problemas cognitivos. La ansiedad consume una serie de recursos cerebrales ya que, para afrontarla, nuestro cerebro se pone en marcha en detrimento de otras funciones como las atencionales. Asimismo, es posible que afecte a la memoria, ya que el rendimiento cerebral no es del 100%.

Disfunciones sexuales. El cortisol reduce la capacidad de erección en los hombres debido a su efecto negativo a nivel cardíaco y de tensión arterial. Asimismo, la ansiedad provoca un descenso del deseo sexual, ya que el organismo interpreta que la actividad sexual no es prioritaria en momentos que registra como peligrosos.

No obstante, todos estos problemas son reversibles y se pueden solucionar con un adecuado control de la ansiedad. En los casos en los que la ansiedad sea muy severa o se haya prolongado en exceso en el tiempo (más de seis meses), lo más recomendable es acudir a un profesional para que ponga en práctica estrategias efectivas de control de ansiedad.

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