¿Por qué no hay que estudiar la noche antes?

Me ha pillado el toro y me quedo por la noche estudiando: Mal

Artículo escrito por: Elías Almansa

Para los estudiantes, esta época del año es tiempo de exámenes. Y no son pocos los que se verán reflejados en la siguiente situación: “Me ha pillado el toro y me quedo por la noche estudiando”. Pues mal.

En el presente artículo se tratarán las razones de por qué no hay que estudiar la noche antes.

Razón 1. No es viable

Aunque parezca posible, no es viable asimilar el contenido de una materia que se ha tratado durante tres o cuatro meses en una noche.

Puede que al echarle un vistazo al temario se pueda pensar que es posible estudiárselo en ocho o diez horas, pero un cerebro humano normal no es capaz.

Esto es como llenar la tripa antes que el ojo. Puede parecer que es posible estudiarlo pedo, pero la realidad es que no.

Hay que recordar que el cerebro humano no es un ordenador al que se le pueden meter datos con un pendrive de modo directo e inmediato. No funciona así.

Así, dominar la materia es imposible. Como mucho, y con suerte, se podrá conocer superficialmente el contenido, es decir, lo que se denomina “llevarlo con alfileres”, lo cual supone el peligro de que, si la evaluación es medianamente complicada, ya está condenada al fracaso.

Razón 2. La memoria

Aunque presumamos de una memoria colosal, una noche sin dormir va a pasar factura inevitablemente.

Esto tiene su explicación fisiológica, ya que una de las grandes funciones del sueño se relaciona con el afianzamiento del aprendizaje y de la memoria.

Esto ocurre durante el sueño REM, el cual se presenta entre 90 y 120 minutos cada noche, por lo que echar una cabezada antes de encaminarse hacia el examen no va a servir de nada.

Se han realizado diversos estudios que demuestran que la privación de sueño afecta gravemente a la consolidación de recuerdos, al aprendizaje y a la memoria.

Además, el sueño tiene una gran importancia en la memoria de trabajo, la cual es la encargada de la toma de decisiones, el razonamiento y la memoria episódica, procedimientos imprescindibles para realizar adecuadamente un examen.

Razón 3. El cansancio

Tomar café, bebidas energéticas o café utilizando bebidas energéticas en lugar de agua, no van a ser la solución a los problemas de cansancio.

Puede que este remedio casero sea útil para que el sueño no nos fulmine mientras miramos los apuntes, pero no es una fórmula eficaz para eliminar el cansancio que se va a tener el día del examen.

El cansancio va a provocar que la atención descienda en gran medida, así como nuestros reflejos, lo que va a influir muy negativamente en la realización de cualquier actividad que exija un esfuerzo en general y en la realización de un examen en particular (no mencionemos si el examen es oral).

Además de la merma de reflejos y de atención, el cuerpo, tras una noche sin dormir, estará dolorido y es posible que con la cabeza cargada. Estas consecuencias, frutos del desgaste de no dormir, van a ser otro elemento negativo que influya en el examen (los jóvenes puede que no acusen esta circunstancia en exceso, pero a ciertas edades se abren las carnes nada más que de pensarlo).

Razón 4. La ley del mínimo esfuerzo Vs. El sufrimiento

La ley del mínimo esfuerzo es el fundamento al que se recurre en todas las situaciones en las que es posible.

Y no es para menos. Por muy mala fama que pueda tener este proceder, es un medio por el cual obtener el máximo beneficio con el mínimo sacrificio. Lo cual supone un gran ahorro de energía, ya sea física, emocional o mental.

Bien utilizada, la ley del mínimo esfuerzo, siempre que no implique trampas, el camino fácil poco gratificado o cualquier otra consecuencia negativa, es la opción más óptima. La ley del mínimo esfuerzo, bien utilizada, puede ser la elección más práctica.

En este punto se puede pensar “Pues estudio la noche antes por la ley del mínimo esfuerzo”. Mal. Este planteamiento es totalmente falso. De hecho, el esfuerzo, la angustia, el malestar y, en definitiva, el sufrimiento derivado de la privación de sueño (sobre todo en invierno, con lo bien que se está calentito en la cama) no es precisamente el mínimo esfuerzo, sino más bien, aunque concentrado, el máximo.

Así que, para el que piense que estudiar el día antes es el mínimo esfuerzo, debe conocer que está equivocado.

El mínimo esfuerzo, en lo que a estudios se refiere, es llevar la materia al día. De este modo se estudia todos los días pero poquito.

Esto provoca que los días previos al examen sean estudiar sobre lo estudiado, de modo que, en la víspera de la evaluación, únicamente hay que repasar.

De este modo, se podrá dormir toda la noche, sin preocupación alguna, con la materia aprendida, con la memoria intacta, con los reflejos al máximo rendimiento, descansado (calentito en la cama) y, lo más importante, sin sufrir.

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