¿Por qué mienten las personas?

Con una mentira es posible que engañes a alguien; pero cualquier mentira te dice a ti mismo una gran verdad indiscutible: eres débil (Tom Wolfe)

Mentiras piadosas, mentiras egoístas, mentiras para hacer daño… Existen muchos modos y motivos para mentir y todos hemos mentido alguna vez en nuestras vidas.

Pero hay personas que mienten por sistema. ¿Por qué ocurre esto?

¿Qué se entiende por mentir?

La RAE define mentir como “decir o manifestar lo contrario de lo que se sabe, cree o piensa”. Esto nos proporciona una idea más delimitada de lo que es mentir, más allá de la omisión de una información.

De este modo, no decir lo que se piensa realmente no se acoge a la definición de mentir a no ser que se manifieste verbalmente una opinión contraria o diferente a lo que se está pensando realmente.

¿Por qué se miente?

La respuesta a esta pregunta es obvia: para ocultar la verdad. El motivo por el que esta verdad se quiere ocultar puede obedecer a multitud de factores, pero todos ellos con un fin común: el propio beneficio.

Las razones más comunes para mentir son:

Para proteger al otro. Se trate de las denominadas “mentiras piadosas” y nos benefician en cuanto creemos que al otro se le está salvando de un daño que puede hacerle saber la verdad. A pesar de que nos aporta beneficio, son el único tipo de mentiras que no se comenten por un propósito egoísta, aunque en realidad sí lo sean.

En este sentido, hay que señalar que el “por tu bien” es un concepto altamente subjetivo e individual. Asimismo, es necesario aclarar que no debe jamás confundirse la sinceridad con la mala educación. Decir lo que se piensa, tal y como se piensa, puede ser no solo de mala educación, sino que puede hacer daño al otro. De este modo, lo más adecuado no es decir una mentira piadosa ni lo que se piensa crudamente, sino llegar a un punto medio en el que se diga la verdad, pero con educación y tacto.

Para mantener un protocolo social. Es común que, para no dar explicaciones, o porque la situación no es la propicia, se mienta en determinadas cuestiones, sobre todo relativas a nosotros mismos. Se trata de respuestas tales como “estoy bien, gracias”, cuando en realidad puede que no lo estemos. Este tipo de mentiras se producen ante entornos sociales formales, como el laboral, por ejemplo, en el que no es adecuado hablar de problemas personales. Asimismo, también se utiliza cuando, en un entorno más informal, no se quiere explicar la situación real. Este tipo de mentiras son las únicas que pueden tener una justificación más o menos aceptable, en cuanto no es de educación trasmitir determinada información según que contexto. En este grupo también se incluyen las mentiras para dar una mejor imagen y ser aceptados socialmente.

Para evitar una situación aversiva. Se trata de las mentiras que se acometen con el fin de impedir un castigo. Se denominan “mentiras por miedo”, y son las más frecuentes en los niños que, cuando saben que han hecho algo mal, intentan evadir la reprimenda mintiendo. Pero los adultos también realizan esta conducta frecuentemente, cuando quieren evitar que el otro se enfade o reconocer la culpa por algo que no se ha hecho correctamente.

Para lograr algo. Mentir nos permite conseguir cosas que, muy posiblemente, no serían cedidas diciendo la verdad. Este tipo de mentiras se denominan “mentiras instrumentales”, y van desde el chantaje emocional para provocar en el otro culpabilidad o pena, hacer pasar una situación como mejor de lo que en realidad es o poner una excusa de que se necesita algo para un motivo que no es cierto.

Para hacer daño. La mentira puede ser un arma muy adecuada para hacer daño al otro, sobre todo si lo conocemos, ya que sabemos cuáles son las cosas que más le van a doler. Este motivo para mentir es uno de los más detestable, pero no por ello menos frecuente. La venganza es también una situación en la que la mentira cobra protagonismo como instrumento de ataque. Vengarse es más feo que mentir. Se trata de una conducta que no sólo conduce al vacío emocional, sino que el que la comete, al igual que el afectado por la misma, terminan perdiendo. La mentira, por desgracia, es uno de los instrumentos más comunes que se utilizan en una venganza, ya sea para exagerar un hecho como para inventarlo por completo.

Para esconder otras mentiras. Este tipo de mentiras se denominan “mentiras de segundo grado”, y se utilizan para encubrir mentiras anteriores. Los mentirosos patológicos suelen frecuentar este campo, y a algunos se les da realmente bien. Hay personas cuyas vidas enteras se sustentan bajo los débiles pilares de las mentiras de segundo grado y, como no podía ser de otra forma, son personas realmente tóxicas.

¿Existen los mentirosos patológicos?

A no ser que haya una psicosis de por medio, no existe una patología que haga mentir a alguien por sistema. E incluso en el caso de una psicosis, la persona que miente creerá que dice la verdad.

De este modo: no. No existe una patología que nos haga decir continuamente mentiras.

Las personas que mienten por sistema suelen tener otro tipo de patología subyacente, una pobre capacidad de habilidades relacionales o una insuficiente competencia en solución de problemas.

Patología subyacente. A nivel patológico, personas con un trastorno de personalidad o una adicción pueden resultar unos auténticos mentirosos compulsivos. En el primer caso, por problemas con la capacidad de relación con los demás o porque tienden a actuar comportándose de un modo característico a su trastorno. En el segundo caso, por priorizar su necesidad de satisfacer su adicción por encima de todas las cosas, lo cual le obliga a mentir frecuentemente para esconder la misma o para tener acceso a ella. Este tipo de personas son los mentirosos más difíciles de detectar ya que, o se llegan a creer sus propias mentiras o porque cuentan con una gran habilidad y experiencia en mentir.

Poca capacidad de habilidades relacionales. La pobre capacidad de habilidades relacionales también conduce a mentir. Esto ocurre porque se lleva al extremo la necesidad de mantener una cierta aceptación social que no se es capaz de conseguir sino a través de la mentira. La persona, al carecer de recursos, utiliza mentiras para integrarse, caer mejor o “estar a la altura de”. Este tipo de situaciones están muy relacionadas con la autoestima, la cual es inversamente proporcional al número de mentiras que se manejen.

Poca competencia en solución de problemas. Las personas que no saben cómo afrontar o solucionar estos problemas pueden utilizar las mentiras como herramienta para gestionar los mismos. Este tipo de personas también se caracteriza por tener una baja autoestima.

De este modo, si detectas que te han mentido, piensa que esa persona tiene un motivo. Puede que lo haya hecho para protegerte y, si no, lo ha hecho para protegerse a sí mismo. Cualquiera de las dos razones obedece al sentimiento de pena. Pena por tener que defendernos de algo que no somos capaces de afrontar o asumir. Pena por darnos cuenta de que el otro no posee las suficientes habilidades como para lidiar con una situación determinada. Y pena por ser partícipe de unas de las cosas más innobles que existen: hacer daño intencionadamente.

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