Hablar a un niño de la muerte. Parte 2: Por qué se evita tratar el tema de la muerte con un niño y por qué no debe hacerse

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En el artículo anterior se trataban las cosas que no deben hacerse cuando se trata el tema de a muerte con un niño. En el presente artículo se explicarán las razones de por qué se actúa de este modo y las posibles consecuencias.

Razones por las que se evita tratar el tema de la muerte con un niño

Ocultar la muerte de un ser querido o mentirle sobre el suceso a un niño se hace con la intención de evitar el sufrimiento, ya sea el del menor como el de uno mismo. De este modo, se producen conductas que se entienden como más adecuadas aunque, en realidad, no lo son, generalmente a raíz de falsas creencias.

Las principales ideas erróneas por las que se adopta este tipo de comportamientos son:

Quiero evitar el sufrimiento del niño. Se cree falsamente que ocultando la muerte o disfrazándola el niño no va a sufrir o va a sufrir menos. Esto es un error. La muerte, sobre todo de un ser querido, va a provocar que el niño se apene o que sienta tristeza, pero hay que considerar que la tristeza es natural y los niños no están exentos de la misma. El hecho de intentar que el niño esté lo menos triste posible no es adecuado. Los niños, al igual que los adultos, sienten tristeza y evitarle la misma no es otra cosa que provocar que el menor nunca aprenda a gestionar sus emociones, lo que puede desembocar en un gran problema futuro. Impedir que el niño esté triste hace que el menor asocie la tristeza como algo malo o negativo, lo cual puede llevar a problemas emocionales de adultos o a intolerancia a la frustración. Intentar evitarle al niño determinadas emociones a toda costa es una sobreprotección no solo imposible de llevar a cabo en la práctica, sino que puede derivar en un aprendizaje emocional muy negativo. Los sentimientos tales como la tristeza son propios del ser humano y no son negativos. Lo negativo es reprimirlo, negarlo o no ser capaz de saber qué nos ocurre cuando lo que sentimos es tristeza. Asimismo, se tiene la creencia de que el niño se puede traumatizar con el hecho. Esto también constituye un error. El temor a que el niño se pueda traumatizar es muy propio de las familias sobreprotectoras. El niño puede sentir tristeza, pero la tristeza no es un trauma. Un trauma es la exposición a un suceso que implica que una persona sienta una amenaza real a la integridad física personal, daño o amenaza a la integridad física de otra persona o amenaza de muerte o daño experimentados por un miembro de la familia u otra relación cercana. Es decir, la muerte, como parte normal del ciclo vital y entendida como tal por un niño, no supone un trauma. Por el contrario, si el niño descubre que algo se le oculta y concluye que aquello se le oculta porque es muy malo, puede que viva traumáticamente el concepto de muerte. Y, obviamente, el niño se enterará, tarde o temprano, de que la muerte existe (si no lo ha hecho ya).

Quiero evitar mi propio sufrimiento. Ante la idea de evitar el tema de la muerte con un niño, cabe preguntarse si lo que nos asusta es la tristeza del menor o la nuestra propia. Tratar el tema de la muerte no es gustoso para nadie, y para muchos es muy desagradable. En ocasiones no se trata el tema de la muerte con el niño porque es uno mismo quien quiere evitar el tema. En estos casos, hay que reflexionar y dejar el individualismo a un lado y pensar en el mejor bienestar del menor. Asimismo, no hay que tener miedo de expresar las emociones propias delante de un menor, si se está triste y se llora, no es negativo. El niño, a través de la observación de las emociones de su entorno y la vivencia de las mismas, entenderá mejor éstas, lo cual es muy útil para aprender su propia gestión emocional. Si el niño ve que los adultos lloran y que manifiestan sus sentimientos, no asimilará la tristeza como algo negativo y aprenderá a expresar sus propias emociones. Asimismo, es frecuente que no se quiera asumir el rol de contarle al niño qué es la muerte o que alguien cercano ha fallecido, ya sea por miedo a hacerlo mal, por miedo a la reacción del niño, etc. En estos casos hay que tener en cuenta que se está faltando a la responsabilidad como padre o tutor y evadiendo el tema. Es necesario que se piense en el bien del menor en lugar de en el bienestar de uno mismo en estas situaciones.

El tema de la muerte con un niño se tiende a evitar por la falsa creencia de evitar el sufrimiento

Otras razones de por qué se evita tratar el tema de la muerte con un niño son:

El niño no lo va a entender. Error. El niño no lo entenderá si no se le explica adecuadamente (por ejemplo, si se le deja que lo sepa por sí mismo). Si el tema es tratado debidamente, el niño lo entenderá perfectamente.

El niño lo va a interpretar mal. Error. El niño lo interpretará mal en el caso de que se le explique con tabúes y metáforas, pero no si se le explica sencilla y adecuadamente.

Otras razones por las que se evita el tema de la muerte es porque se cree que el niño no lo va a entender o lo va a interpretar mal

Consecuencias de ocultar el tema de la muerte o mentir sobre el mismo

Gestionar inadecuadamente la muerte con un niño puede derivar en futuros problemas. Algunos de los más frecuentes son:

Doble sufrimiento. Los niños, aunque sean pequeños, tienen la muerte presente en sus vidas. Los animales mueren, los insectos, las plantas y en la televisión se encuentran escenas de muerte. Cuando se le oculta un tema a un niño, este se da cuenta de que algo se le está escondiendo, por lo que los sentimientos asociados a eso que se esconde se harán cada vez más negativos. Con el tiempo, además terminará por descubrir lo que se le ocultaba o sobre aquello que se le mentía, por lo que el sufrimiento que se habría querido evitar a través de estas acciones no solo no es efectivo, sino que se multiplica: por un lado, la tristeza que conlleva conocer la muerte de un ser querido y, por otro, saber que se le ha estado mintiendo sobre eso. Lo que en un principio supone un problema, puede convertirse en dos.

Pérdida de confianza. Descubrir que se ha mentido sobre algo muy importante para el niño puede mermar la confianza de este con los progenitores y/o tutores. Asimismo, puede que el niño pierda la seguridad y confianza en sí mismo y, por consiguiente su autoestima.

Impedimento del duelo. Cuando la noticia de una muerte se alarga, se impide que el otro sobrelleve el duelo de modo adecuado. La muerte de un ser querido provoca mucha tristeza, pero no tiene porqué desembocar en una depresión o en un trastorno si el duelo se gestiona adecuadamente. Ocultar la muerte o mentir sobre la misma a un niño puede conllevar que este no gestione bien el duelo y, por consiguiente, que sufra trastornos futuros tales como depresión, ansiedad, pesadillas o, incluso, trastorno de estrés postraumático.

Mala gestión emocional. Ocultar o mentir sobre la muerte a un niño hace que este interprete que es algo negativo y maligno, en lugar de algo que es triste, pero natural. Esto puede provocar que el niño no aprenda bien a gestionar sus propias emociones, lo cual puede repercutir en el desarrollo de futuros trastornos en la edad adulta. Esto se acentúa si al niño se le distrae para que no esté triste. La tristeza es una emoción básica que no es negativa. Negarle a una persona a estar triste es muy nocivo. Los niños y los adultos están tristes de modo natural por diferentes motivos y es adecuado dejar que el niño esté triste y que vea como los adultos también lo están si ocurre algo que lo provoque. Si los adultos gestionan adecuadamente sus emociones, el niño aprenderá a hacerlo también de modo óptimo y a sobre llevar el duelo eficazmente. Es importante tener en cuenta que los niños no saben cómo expresar el dolor de una muerte o la angustia ante un problema y van a buscar una referencia en las personas más cercanas, como los padres o tutores.

Intolerancia a la frustración. Cuando se evita el tema de la muerte con un niño, en la mayoría de las ocasiones es por sobreprotección. El exceso de protección hacia un menor se hace con una buena intencionalidad, pero resulta muy negativo. En primer lugar, hay que tener en cuenta que, en realidad, la protección no es factible en la práctica, sobre todo con lo que al concepto de muerte se refiere, ya que es imposible proteger al niño de que conozca, vea o escuche hablar de la muerte. Y en segundo lugar, intentar proteger al menor no conduce sino con el tiempo a que este no aprenda a gestionar los problemas o hacer frente a las diferentes situaciones vitales. Esto es lo que se conoce como “intolerancia a la frustración” y que puede derivar en el desarrollo de diversos trastornos, sobre todo comportamentales, conductas disruptivas, problemas de adaptación social, etc. Evitar al niño determinadas situaciones en general y el tema de la muerte en particular contribuye al desarrollo de intolerancia a la frustración.

Malos entendidos. Ocultar la muerte o mentir sobre la misma a un niño puede provocar que entienda mal la situación. Es posible que, si se utilizan expresiones ambiguas o un exceso de tabúes, el niño no comprenda del todo bien que ha ocurrido. En este sentido, deben evitarse la utilización de frases o expresiones tales como:

-“Ahora vive en el cielo”. Este tipo de alusiones a ángeles, el cielo o vivir con Dios son adecuadas únicamente si en la familia se practica una determinada creencia en la que se hace partícipe la niño. En estos casos, se debe dar una explicación sencilla al niño de lo que ha ocurrido, pero siempre dentro de la fe que procese la familia. Utilizar este tipo de explicaciones con un niño en cuya familia no se practique esta ideología puede resultar nefasto y dar lugar a malos entendidos, como que el ser querido se ha mudado, que es un astronauta o que ha hecho un viaje, de tal modo que el menor espera volver a verlo.

-“Está descansando en paz”. Esta expresión que forma parte del protocolo funerario puede ser malinterpretada por un niño, el cual puede que no entienda la diferencia entre morir y dormir. Es posible que el menor tenga pesadillas o que le asuste irse a dormir.

-“Se murió porque estaba enfermo”. Aunque sea la verdad, no se debe aludir a que la causa de la muerte es una enfermedad si el niño es muy pequeño, ya que no sabrá distinguir entre una enfermedad leve y una grave y puede desarrollar miedo a enfermar o a que enfermen los demás o entender que la muerte puede ser contagiosa.

-“Se ha ido de viaje” (o “a una granja a vivir”, en el caso de un animal). El niño pensará que el ser querido volverá algún día y como tal cosa nunca ocurre puede llegar a desarrollar miedo al abandono o ansiedad por separación.

Ocultar el tema de la muerte a un niño puede dar lugar a malos entendidos

Cuando el menor es muy pequeño, se pueden utilizar cuentos o historias para que comprenda mejor la muerte, pero siempre de manera simple y sin el uso de tabúes ni exceso de metáforas que puedan desencadenar malos entendidos.

En el siguiente artículo se tratará el modo adecuado de tratar el tema de la muerte con un menor, cuales son las preguntas más frecuentes de los niños sobre la muerte y cómo responderlas.

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