Me preocupo por todo

Trastorno de ansiedad generalizada y oportunistas

Las preocupaciones son el pan de cada día de la mayoría de las personas. El ritmo de vida que incluye el trabajo, la familia y las relaciones sociales provoca que surjan situaciones a las que hay que enfrentarse habitualmente y éstas, en la mayor parte de las ocasiones, resultan ser una fuente de preocupación.

Además de los problemas presentes, existen determinadas circunstancias futuras que provocan incertidumbre y todo ello puede desatar la ya conocida ansiedad y, consecuentemente, la sensación de malestar de la misma.

Sentir ansiedad ante los problemas y la incertidumbre es un proceso sistemático y legítimo, ya que no seríamos seres humanos dotados de emociones si no lo experimentásemos.

Pero hay ocasiones en la que esta ansiedad no cesa, incluso una vez resuelto el problema raíz, y esta ansiedad vuelve a aparecer ante el más minúsculo acontecimiento. ¿Es esto señal de que algo va mal?

En el siguiente artículo se tratará la preocupación y la ansiedad y las situaciones en las que se puede considerar la existencia de un problema o trastorno.

¿Es la preocupación un trastorno?

La preocupación no es un trastorno, sino una respuesta natural que aparece cuando existe una dificultad y que nos alerta de que hay una situación hostil que hay que solucionar.

La preocupación no es un trastorno

El problema surge cuando la preocupación causa un gran malestar e interfiere en el desarrollo normal de la felicidad, la actividad social, la actividad laboral y/o en el bienestar del entorno de la persona preocupada. Cuando esta situación aparece, se puede considerar la preocupación como un trastorno.

¿Por qué sucede?

La preocupación puede llegar a ser patológica por varios motivos:

1. Existe un problema real (cotidiano o no cotidiano) que provoca la preocupación, pero la persona no sabe solucionarlo.

2. Existe una situación conflictiva a la que se la dota de categoría de problema sin serlo realmente y la persona no sabe solucionarlo.

3. Existe un miedo (y por consiguiente una preocupación) ante situaciones normales, ya sean relacionadas con uno mismo o con los demás.

Muchas personas sufren miedo y preocupación constantes. En la mayoría de los casos, su familia y entorno cercano no le dan importancia, ya que lo más frecuente es creer que esa persona tiene ese carácter.

Muchas personas sufren miedo y preocupación constantes

Únicamente la persona afectada es la que padece el sufrimiento, en ocasiones tan intensamente que le afecta al sueño, a la alimentación, a su funcionamiento normal y, en definitiva, a su felicidad.

¿Cómo se que mis preocupaciones son un trastorno?

Como se ha comentado, si se experimenta preocupación y miedo constante a una o varias situaciones y esto afecta al funcionamiento normal y a la felicidad, existe un trastorno o son los primeros signos del desarrollo de uno.

En este sentido, muchas personas dejan de hacer determinadas actividades, como acudir a un evento, salir, reunirse con familias y/o amigos, porque están preocupadas por algo o tienen miedo de que algo ocurra. Asimismo, puede que estas preocupaciones interfieran en su entrono más cercano, como hijos, padres, amigos, etc.

Las preocupaciones constantes pueden afectar a la vida diaria

Ante la sospecha de que la preocupación no es la respuesta normal ante los problemas diarios, se puede responder a las siguientes preguntas:

-¿Tengo ansiedad o preocupación excesiva aun cuando lo que la causó no está presente (por ejemplo, el problema que provocó la preocupación ya está solucionado)?

-¿Me resulta difícil controlar las preocupaciones?

-¿Estoy continuamente en estado de alerta?

-¿Me cuesta trabajo concentrarme porque mi pensamiento gira en torno a las preocupaciones?

-¿Me afectan estas preocupaciones al sueño?

-¿Las preocupaciones me hacen estar irritado todo el día?

-¿Me afectan las preocupaciones y los miedos a mi ritmo de vida o me impiden hacer actividades que, sin estas preocupaciones, realizaría felizmente?

Si la respuesta a la mayoría de estas preguntas es afirmativa, se puede sospechar de la existencia de un trastorno.

Las preocupaciones patológicas pueden constituirse en diferentes trastornos de ansiedad, como el Trastorno de Ansiedad Generalizada. Un trastorno de ansiedad mal gestionado, además, puede facilitar la aparición de otros tipos de trastornos oportunistas como, por ejemplo, trastornos del estado de ánimo.

En este sentido, no es infrecuente que una persona con ansiedad continuada en el tiempo tenga el ánimo afectado, ya que la ansiedad y la depresión son buenas amigas y son muchas las ocasiones que van de la mano.

Si se sospecha de la presencia de un trastorno o las preocupaciones comienzan a mermar la calidad de vida, lo más adecuado es acudir a un profesional que proporcione estrategias efectivas para minimizar esta situación y gestionar el trastorno (si es que lo hay) o impedir la aparición del mismo.

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Las preocupaciones son el pan de cada día de la mayoría de las personas, pero si la sensación de preocupación aumenta hasta la ansiedad, puede constituir un gran problema.
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