La descendente carrera de la cocaína. Parte 2.

Cómo la cocaína pasa de ser un brebaje y refresco para convertirse en farlopa

La cocaína es una sustancia popularmente conocida, pero no siempre jugó el papel de narcótico en la sociedad.

Si quieres conocer más sobre la historia de la cocaína, continúa leyendo.

Comienzo de la caída

La cocaína no fue siempre un narcótico recreativo. Es más, en su debut fue el medicamento milagro de su tiempo.

Si quieres conocer el papel de la cocaína como medicamento, pincha en la imagen:

El descubrimiento de nuevos fármacos, más eficaces y con menos efectos tóxicos, hizo que, poco a poco, el empleo de la cocaína a nivel terapéutico se enfriase. De este modo, llegó un momento en el que el uso de la cocaína se redujo únicamente al ámbito de anestésico ocular o para intervenciones odontológicas. De hecho, la procaína, un derivado de la cocaína, se sigue utilizando como anestésico en odontología en muchos países como EEUU.

La popularidad

A pesar de que la cocaína se había revelado como un súper medicamento de uso variado, su popularidad social real llegó cuando se incluyó en numerosos brebajes y elixires energizantes y curativos, así como en ungüentos calmantes.

A finales del siglo XIX y principios de siglo XX abundaban los curanderos milagreros ambulantes, la mayor parte de ellos, estafadores. Este tipo de sanadores solían tener remedios tanto para la cura de una patología grave como para el cansancio o la falta de sueño. Estos “magufos” (mitad magos, mitad avistadores de ufos) comenzaron a incluir la cocaína para muchos de sus brebajes milagro, los cuales vendían como energizantes o para despertar o avivar el ímpetu sexual.

Esto conllevó a que la cocaína se vendiese como si de caramelo se tratase y que una gran cantidad de personas la consumiesen. La aparición de efectos indeseables no tardó en aparecer. Esto provocó que la sustancia comenzase a perder su fama de milagrosa y comenzase a asociarse a la peligrosidad que conllevaba su consumo

El negocio

A pesar de que la carrera de la cocaína ya estaba en declive, aun se podía sacar provecho de la misma a nivel económico. El negocio con cocaína podría dar muchos frutos.

De este modo, la empresa Coca-Cola la incluye en su fórmula en el año 1886. De hecho, la conocida marca debe su nombre al dicho psicoactivo (irónicamente, en la actualidad la marca conserva el nombre, como si de un recordatorio de su oscuro pasado se tratase). La comercialización de la cocaína como refresco fue todo un éxito. Los consumidores estaban encantados, ya que no solo servía como energizante y para el dolor de cabeza, sino que, además, era una bebida refrescante y rica. El slogan dictaba: “Bebida medicinal intelectual y para el temperamento”.

Poco a poco, fueron más las marcas comerciales que empezaron a incluir la cocaína como ingrediente clave. Uno de los productos más populares fue el elaborado por el químico y farmacéutico Angelo Mariani, que desarrolló un vino con extractos de hojas de coca denominado “Vino Mariani”. Alcohol y cocaína, ¿qué puede salir mal?

Madre mía, el Papa anunciando vino con cocaína

En 1903, cuando se habían remitido numerosos casos de efectos indeseables por el consumo de cocaína, la empresa Coca-Cola la retira como ingrediente, sustituyéndola por cafeína y hojas de coca descocainizadas. No obstante, no fue hasta 1909 cuando se eliminó de las más de 69 bebidas comercializadas que la incluían como componente.

Si quieres saber más sobre la relación entre la cocaína y la Coca-Cola, visita el siguiente enlace:

La caída definitiva

La mala prensa popular y la reducción del uso de la cocaína en el tratamiento médico hicieron que las investigaciones en el sector científico, sobre sus posibles efectos adversos, aumentasen.

Pero no fue hasta 1914 cuando Estados Unidos consideró a la cocaína como droga ilegal. Posteriormente, el 30 de marzo de 1961 se celebra en Nueva York el primer tratado internacional que conforma el marco legal internacional para el control de drogas, que culminó en la muerte de la cocaína como sustancia de consumo.

Se trababa de “La Convención única sobre estupefacientes”. En ella se definió por primera vez al estupefaciente como “cualquiera de las sustancias de las Listas I y II, naturales o sintéticas” (la convención clasificó las sustancias de uso médico y científico con riesgo potencial de abuso en cuatro listas), y reconoce en su preámbulo que el uso médico de los estupefacientes es indispensable para mitigar el dolor. Asimismo, hizo constancia de que los estados firmantes del Tratado deben adoptar “las medidas necesarias para garantizar la disponibilidad de estupefacientes con tal fin”. Esta convenció incluía a Argentina, Colombia, México, y Perú como estados firmantes, además de Estados Unidos, y decretaba también la prohibición del uso de la hoja de coca, excepto para fines médicos y científicos.

Este pasó relegó definitivamente a la cocaína como droga ilegal, una sustancia que, quién lo diría, llegó en su momento a ser uno de los medicamentos más demandados y un ingrediente exitosamente popular en productos de consumo.

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