Hablar a un niño de la muerte. Parte 3: Cómo hablarle a un niño de la muerte adecuadamente

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En los artículos anteriores (parte 1 y parte 2) se ha tratado el tema de comunicarle y explicarle la muerte a un niño y los comportamientos que hay que evitar. En el presente artículo se trata el modo más adecuado de comunicar y explicar la muerte a un niño.

¿A qué edad y en qué situaciones es adecuado hablar de la muerte con un niño?

No existe una edad determinada para hablarle a un niño de la muerte. La experiencia personal de cada niño va a determinar en gran medida el modo en el que entiende la muerte. Lo más habitual es que los niños menores de 5 años entiendan la muerte como algo temporal, similar a lo que ven en series de televisión o en los dibujos animados. A partir de los 6 años es cuando el niño comienza a comprender que la muerte es algo definitivo. No obstante, sea cual sea la edad del niño, es importante hablarle de la muerte si así lo requiere la situación.

No hay una edad concreta para tratar el tema de la muerte con un niño

Por lo general, este tema se afronta ante situaciones en las que la muerte se ha presentado en su entorno, por ejemplo, la muerte de un familiar, amigo o conocido o la muerte de una mascota. En estos casos, se le debe explicar al niño qué ha ocurrido con el fin de que lo comprenda y afronte lo mejor posible.

No obstante, puede que el niño haga preguntas sobre la muerte sin que esta esté presente en el entorno cercano, ya sea porque ha escuchado hablar de ella, porque ha visto algo en televisión, etc. En estos casos nunca hay que eludir la pregunta sino tratar el tema con toda la naturalidad posible.

Nunca hay que eludir el tema de la muerte

Antes de hablarle al niño de la muerte

Antes de hablarle al niño de la muerte hay que tener en cuenta una serie de factores que favorecerán la comunicación:

• Tener predisposición a escuchar las preguntas del niño y sus intentos de expresarse.

• Escuchar al niño y respetar sus sentimientos.

• No ocultar nuestros propios sentimientos.

• Asegurarse de que el niño ha entendido la explicación que se le ha dado y procurar que no se quede con dudas.

Pautas para hablar de la muerte a un niño

Cuando un niño pregunta sobre la muerte, nunca hay que cambiar de conversación o evitar el tema. Algunas pautas básicas para tratar el tema de la muerte con un niño son:

• No dar rodeos.

• No utilizar términos complejos, expresiones hechas, metáforas o tabúes y utilizar un lenguaje comprensible, sencillo y coloquial. Las expresiones y los tabúes pueden dar lugar a malos entendidos y las metáforas (por ejemplo: “está descansando en paz”) pueden dar lugar a confusión (por ejemplo, el niño puede pensar que dormir se relaciona con la muerte).

• No referirse a la causa de la muerte a no ser que el niño lo pregunte.

• No responder muy parcialmente.

• No evadir el tema. Si no se conoce la respuesta, lo más adecuado es decirlo abiertamente.

• No responder con una broma.

• No ocultar información, sino adaptarla a la comprensión del niño. Ante la duda de la comprensión, debe prevalecer la calidad de la respuesta. Posteriormente, se pueden dar explicaciones más sencillas según las necesidades de cada niño.

• Contestar cuando preguntan, sin dejar la respuesta para otro momento.

• Responder con naturalidad, en la misma situación que se plantea la pregunta.

• No otorgar a la respuesta demasiada importancia ni misterio, sino tratar de responderla como cualquier otra pregunta habitual.

• Dejar que el niño muestre sus sentimientos y no ocultar los sentimientos propios. Promover la gestión emocional de los menores es muy beneficioso tanto para el proceso del duelo como para otros procesos difíciles de la vida.

• No distraer al niño ni evadir el tema de la muerte.

• No dejar al niño al margen de los rituales de despedida. En este sentido, si el niño es lo suficientemente mayor, se le puede preguntar si quiere o no quiere participar y se debe respetar su decisión. Asistir al funeral o a otro tipo de ritos puede ser de ayuda para afrontar el duelo.

• Elegir el momento adecuado. No es conveniente hablar de la muerte con el niño en un momento en el que se tenga prisa. Lo más adecuado es hacerlo en un momento en el que se disponga de tiempo y de intimidad, con el fin de que el niño pueda mostrar sus sentimientos y hacer las preguntas que sean necesarias.

• La persona que comunique la muerte a un niño debe ser cercana. En ocasiones, la muerte de un progenitor o alguien muy cercano resulta muy dolorosa y a las personas del entorno inmediato les resulta difícil comunicar el hecho, sobre todo a un niño. En este sentido, se debe comprender que lo mejor para el niño es que la noticia se la proporcione la persona más cercana posible o con la que tenga un vínculo, con el fin de proporcionarle al niño seguridad y el sentimiento de estar protegido.

Qué puede preguntar un niño sobre la muerte y cómo responderle

Cada niño reacciona a la muerte de un modo diferente. Algunos niños muestran tristeza, otros, nerviosismo e incluso conductas desafiantes. En estos casos, es importante respetar los sentimientos del niño y ayudarles a comunicarse.

Cada niño reacciona ante la muerte de manera diferente

Tras la explicación de la muerte, es posible que el niño haga una serie de preguntas sobre aspectos que no comprende o que le inquietan. Algunas de los más comunes son:

¿Dónde ha ido?: En el caso en el que la familia procese una creencia o fe específica, al niño se le da la explicación correspondiente a la misma, aunque esto nunca debe hacerse si el niño no está educado en esa creencia ya que creará una gran disonancia. En los casos en los que el niño no esté educado bajo ninguna creencia hay que mostrarse completamente honesto y responder que no se conoce la respuesta. Dependiendo de la madurez del menor se le puede explicar que cada persona tiene su propia creencia al respecto.

¿Por qué se ha muerto?: No es conveniente entrar en el motivo de la muerte si el niño es muy pequeño. La muerte por enfermedad puede dar lugar a confusión, ya que los niños muy pequeños no saben la diferencia entre una enfermedad leve o una grave y pueden desarrollar miedo a enfermar o a que enfermen los demás. Lo más adecuado en estos casos es explicarle al niño que “el cuerpo ha dejado de funcionar”.

¿Te vas a morir tú?: En ocasiones, sobre todo con la muerte de un abuelo, el niño puede pensar que una vez muerto el padre de un padre, el siguiente vaya a ser su padre o su madre. En estos casos se le debe decir que no tiene por qué preocuparse, ya que el abuelo era muy mayor y aun van a vivir muchísimo tiempo más. Es posible que al niño le preocupe quedarse solo. Ante esto se puede realizar la pregunta: ¿»Te preocupa que yo no esté aquí para cuidarte?». Si es así, una respuesta optima es: «Yo no espero morirme en muchísimo tiempo. Espero estar para cuidarte todo el tiempo que necesites y hasta que tú te hagas muy mayor. Pero si papá y mamá se mueren, hay muchas personas que te cuidarían: los abuelos, los tíos…».

Después de hablar de la muerte

Es importante que, tras la conversación sobre la muerte, sobre todo si es la primera vez que se realiza, se tenga la seguridad de que el niño ha comprendido los siguientes conceptos:

La muerte es universal. Es importante que el niño entienda que todos los seres vivos mueren.

La muerte es irreversible. El niño debe tener claro que la muerte es definitiva y para siempre.

Cuando se habla de la muerte con un niño no hay que sobreprotegerlo, ya que el resultado puede ser nefasto y no se debe tener miedo a traumatizarlo. Por lo general, los niños asimilan mejor la muerte que los adultos y el impacto de una muerte es mayor si el niño no tiene claro lo que ha ocurrido. Una explicación sencilla y sincera sobre el hecho ahorrará al niño sufrimiento y posibles problemas futiros.

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