Fantasías sexuales ¿Qué son y por qué ocurren? ¿Son iguales al deseo sexual?

“Donde no puedo satisfacer mi razón, me complace entregarme a la fantasía.” (Sir Thomas Browne)

Las fantasías sexuales no necesitan presentación. Son muy infrecuentes los casos en los que una persona no ha presentado pensamientos eróticos en una u otra circunstancia.

Pero, ¿qué sabemos realmente de las fantasías sexuales?

En el presente artículo se tratarán las fantasías eróticas, su utilidad y otras peculiaridades.

Una fantasía sexual o erótica es una representación mental, es decir, un pensamiento que aparece de modo voluntario o invasivo que alude al sexo, provocando excitación erótica.

¿Qué es una fantasía sexual?

Las fantasías sexuales comienzan en la pubertad, cuando las personas empiezan a desarrollarse como individuos sexuados y perduran durante toda la vida, aunque su frecuencia aumenta o disminuye en función de las circunstancias individuales de cada persona.

¿Por qué ocurren?

Las fantasías sexuales forman parte de la sexualidad de las personas y su función es enriquecer esta sexualidad y fomentar el deseo y la excitación erótica.

De este modo, las fantasías, sean cuales sean, no son patológicas ni nocivas, a no ser que éstas interfieran en el funcionamiento normal de una persona, afectando a su círculo social, familiar y/o laboral y, por consiguiente, a su felicidad.

Fantasías Vs. deseo sexual

El deseo sexual es diferente a las fantasías sexuales, independientemente de que estas últimas aparezcan con más frecuencia cuando existe un alto nivel de deseo.

En este sentido cabe diferenciar los pensamientos o ideaciones derivadas del deseo a las fantasías eróticas.

Cuando existe un alto nivel de deseo es normal que se produzcan pensamientos relacionados con la actividad sexual, como se tienen pensamientos sobre comida cuando tenemos hambre. Este tipo de pensamientos van encaminados a acometer una relación sexual.

Las fantasías, por el contrario, aunque suelen ser más frecuentes en épocas de más deseo sexual, aparecen en cualquier momento y su finalidad no tiene porqué ser el acto sexual. Es decir, se trata de algo que nos excita pero que no necesariamente vayamos a poner en práctica.

La diferencia principal es que el deseo tiene un componente de práctica, mientras que la fantasía puede carecer de intencionalidad.

De este modo, la línea que separa una fantasía de un deseo sexual puede resultar bastante sutil en multitud de ocasiones.

Muchos pensamientos eróticos, que resultan atractivos, pueden llevarse fácilmente a la práctica, y estos pueden considerarse tanto como premeditaciones eróticas, desencadenadas del deseo sexual habitual, como fantasías.

La categorización que le otorguemos no es solo irrelevante, sino que dependerá de cada persona y su percepción hacia la misma.

De este modo, las fantasías y los deseos sexuales son personales y forman parte de la sexualidad de cada individuo.

No obstante, hay ideaciones que van más allá de los pensamientos eróticos derivados del deseo sexual, ya sea porque difieran de la práctica sexual habitual a la que se está acostumbrado o porque se trate de representaciones arraigadas que se han utilizado y/o se utilizan para fines eróticos deliberados con el fin de aumentar, avivar o crear excitación sexual.

Y este último concepto es el que más se aproxima a la definición de fantasía erótica: una escena, historia o concepto que se rumia de forma frecuente y que resulta ser un instrumento útil para crear y/o aumentar la excitación sexual.

Autores:

Paula Borrego y Juan Miguel Enamorado. Psicólogos y Sexólogos. Málaga. www.psicologojmem.es

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