Fantasías sexuales. Frecuencia y temática ¿Es adecuado compartirlas con la pareja?

“La sensualidad nos quería persuadir de que estábamos enamorados, pero la razón se resistía al engaño. Entonces la fantasía brindó su oportuna ayuda.” ARTHUR SCHNITZLE

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Las fantasías sexuales son pensamientos conscientes o inconscientes enfocados en la actividad sexual.

Si quieres saber más sobre las fantasías sexuales, pincha el siguiente enlace

En el presente artículo se tratará la frecuencia y normalidad de las fantasías sexuales, así como las temáticas más comunes, y se responderá a la pregunta de si es adecuado compartir las fantasías sexuales con la pareja.

La frecuencia y la normalidad no tienen cabida en el ámbito de la fantasía sexual. Es decir, no existe una periodicidad determinada en la que las personas suelan tener más o menos pensamientos eróticos. Asimismo, tampoco hay reglas con respecto a estas ideaciones.

Fantasías sexuales. Frecuencia

Con respecto a la frecuencia de las fantasías sexuales, a pesar de que las fantasías sexuales tienen como función enriquecer la sexualidad, una persona que no presente comúnmente pensamientos eróticos no tiene por qué tener una vida sexual menos sana o satisfactoria que alguien que recurra a ellas con asiduidad.

No obstante, las fantasías sexuales están muy ligadas al deseo sexual, y una falta de este, sobre todo si causa malestar para la persona que lo sufre, puede mejorarse trabajando en la elaboración de fantasías sexuales.

En ocasiones, una persona no habitúa a fantasear sexualmente, no por falta de creatividad o imaginación, sino por falta de costumbre. En estos casos, y si existe una falta de deseo indeseada, es beneficioso trabajar la fantasía sexual.

Fantasías sexuales. Temática

No hay guion escrito para las fantasías. La materia en torno a la que giran las fantasías es infinita y, por consiguiente, imposible de registrar. Depende de cada persona, de la creatividad de la misma y de sus propias filias. La imaginación no tiene maestro y tampoco lo tienen las fantasías.

Cierto es que existe un “ranking” de fantasías más frecuentes, pero se trata de un factor más debido a la deseabilidad social, lo sexualmente aceptable y aquello que se ha visto y que ha resultado ser sexualmente atractivo. No en vano, hasta la más creativa de las personas necesita inspirarse para suscitar la más insólita de las inventivas.

Del mismo modo, las estadísticas revelan que las fantasías de las mujeres se centran más en el entorno y el contexto, y que las fantasías de los hombres son más visuales. Aunque los datos son pertinentes, esta diferenciación bien puede deberse más a un factor de educación que biológico y, obviamente, no ocurre de ese modo en todos los hombres y/o mujeres.

¿Deben compartirse las fantasías con la pareja?

Las fantasías son algo personal, íntimo, y el hecho de compartirlas o no con la pareja también lo es. Se trata, por consiguiente, de una decisión propia.

Asimismo, hay que considerar que cada pareja y las dinámicas que en ella se establecen son diferentes. Por consiguiente, hay parejas a las que compartir sus fantasías puede enriquecerlas sumamente a nivel sexual, resultando un factor anecdótico en otras.

Si nos referimos a deseos sexuales más que a fantasías, sí es adecuado comunicarlo a la pareja, no solo por la intencionalidad de ponerlo en práctica a corto-medio plazo, sino porque es un modo efectivo de que el otro conozca nuestra sexualidad, prioridades, gustos y, en definitiva, el rumbo de nuestras filias.

No obstante, compartir las fantasías con la pareja puede tener efectos negativos, ya sea por la falsa creencia de que una fantasía es equiparable a una relación sexual con terceros, o por la también falsa necesidad de ponerlas en práctica que, como se tratará en próximos artículos, no es siempre conveniente.

Autores:

Paula Borrego y Juan Miguel Enamorado. Psicólogos y Sexólogos. Málaga. www.psicologojmem.es

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