Estrés. Parte 3: ¿Por qué yo me estreso y los demás no? Consecuencias del estrés

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El estrés es un habitual en la sociedad actual. Puede ser desencadenado por muchos factores diferentes siempre y cuando estos se perciban como desbordantes para la persona que los padece. Pero no todas las personas sufren estrés por las mismas situaciones y no con la misma intensidad.

En el presente artículo se trata la razón del porqué algunas personas se estresan más que otras, las consecuencias que puede llegar a tener este estrés y el modo de prevenirlo.

¿Por qué algunas personas sufren estrés y otras no ante las mismas circunstancias?

Es obvio que la percepción de una situación como desbordante es algo subjetivo. De este modo, diferentes situaciones pueden ser interpretadas como estresantes para algunas personas y no para otras. Asimismo, un mismo hecho no resulta igual de estresante en todos los momentos de la vida para la misma persona.

Una misma situación puede vivirse de manera estresante para unas personas y no para otras

La aparición del estado subjetivo de malestar derivado del estrés depende de varios factores:

1. Interpretación. La forma de evaluar un hecho es determinante en la aparición del estrés. En este sentido, la valoración que cada persona realice que una misma circunstancia puede ser estresante o no. Por ejemplo, un ascenso laboral puede calificarse como estresante si la persona lo interpreta como una amenaza (mayor dificultad, mayor responsabilidad, un cambio importante, etc.) o como un reto, un reconocimiento o una oportunidad de evolucionar laboralmente.

2. Recursos. No todas las mismas personas disponen de los mismos recursos para hacer frente a las situaciones. Esto no significa que haya personas con recursos o sin recursos, sino que, dependiendo de una u otra situación o uno u otro momento de la vida, las personas se perciben como más o menos capaces de afrontar una situación. De este modo, las personas con mayor habilidad de solución de problemas tienden a sentir menos estrés que las personas sin habilidades de solución de problemas. El modo en el que cada persona tiende a hacer frente a las dificultades es trascendental para la aparición del estrés. Hay personas que niegan los problemas o los evitan, por lo que tendrán más vulnerabilidad a padecer estrés que las personas que tienden a afrontar los problemas directamente. Asimismo, hay momentos en la vida en los que las personas son más vulnerables al estrés (estados de ánimo bajos, mala salud, etc.). La falta de recursos o las circunstancias del momento van a fomentar la aparición de estrés, ya que la persona se puede sentir más fácilmente superada en estas circunstancias.

3. Características personales. La personalidad es también importante en la aparición del estrés. Así, las personas tendentes al nerviosismo o con unas características personales concretas son más vulnerables al estrés que otras personas.

4. Apoyo. El apoyo y las redes sociales son importantes en la aparición del estrés. En este sentido, por red social se entiende la cantidad de personas con las que se tiene contacto a nivel personal y que pueden servir de apoyo en determinadas circunstancias en las que se necesite ayuda. En este sentido, el apoyo familiar es igualmente importante. La percepción de contar con apoyo, ya sea social o familiar, va a minimizar el malestar a cualquier problema que surja, independientemente de si se solicita ayuda o no. Únicamente teniendo el conocimiento de que hay personas que nos apoyen, el sentimiento de vulnerabilidad ante la aparición de un problema disminuye. Esto provoca que las situaciones sean percibidas como más o menos estresantes.

La interpretación, los recursos, las características personales y el apoyo condicionan la aparición de estrés

¿Qué me puede pasar si tengo estrés a largo plazo?

Es del todo conocido que el estrés tiene consecuencias negativas tanto para la salud física como psicológica o emocional.

Esto ocurre porque, cuando una persona tiene que hacerle frente a una situación que percibe como desbordante, pone en funcionamiento una serie de recursos, los cuales van disminuyendo a medida que pasa el tiempo, con la consecuente pérdida de energía y sobreesfuerzo físico y metal. Por ello, el estrés prolongado en el tiempo puede resultar bastante perjudicial para la salud.

Las consecuencias del estrés más comunes son:

• Problemas estomacales: gastritis, síndrome del colon irritable, úlcera, etc.

• Problemas del sistema inmune.

• Migraña.

• Contracturas musculares.

• Alteraciones emocionales: depresión, ansiedad, etc.

• Empeoramiento de enfermedades existentes o aparición de las mismas: artritis, enfermedades cardíacas, tensión arterial elevada, diabetes mellitus, cáncer, etc.

¿Cómo puedo prevenir el estrés?

Uno de los grandes mitos sobre el estrés es que éste no se puede prevenir, ya que está inmerso en la situación y no se puede hacer nada para evitarlo. Esto no es cierto. Si bien todas las personas están preparadas biológicamente para padecer estrés, éste no tiene porqué ser negativo y, cuando lo es, se puede minimizar el malestar consecuente del mismo.

Intentar evadir el estrés a toda costa es un error, ya que el estrés positivo es el que provoca la activación psicológica, útil y necesaria para resolver situaciones que requieren más esfuerzo. Pero sí es posible evitar estresarse por determinadas situaciones o minimizar el estrés negativo una vez que este se produce.

Algunas medidas útiles para prevenir el estrés son:

• Reevaluar. Cuando surge un problema se puede reaccionar de diferentes modos. Si el problema se asume de modo catastrófico, siempre va a provocar más estrés que si se intenta evaluar de un modo menos negativo. Partir de que todo problema es solucionable, provoca menos estrés que interpretar la situación como imposible. Es importante que se tenga el pensamiento de que siempre cabe intentar algo antes de darlo por perdido. En ocasiones, algo que se percibe como muy negativo puede tener ventajas encubiertas por un miedo a afrontar la nueva situación.

• Utilizar los recursos. Ante una situación que requiere un sobre esfuerzo, es necesario desplegar todas nuestras habilidades para solventarla con éxito. Todo el mundo tiene recursos y si no, tiene la capacidad de aprenderlos y que mejor momento que ante este tipo de situaciones. La solución de problemas y la toma de decisiones son estrategias útiles que pueden suponer la diferencia entre el estrés negativo y el positivo.

• Cambia la percepción. Muchas personas tienden a ver los sucesos como parte de algo propio del contexto y no de ellos mismos. En ocasiones es así, pero no siempre. Si se interpreta que un determinado problema es debido únicamente a factores externos será más difícil de afrontar que si lo percibimos como parte de algo en lo que podemos influir por nosotros mismos.

• Pedir ayuda. Ante una situación desbordante, pide ayuda. No se trata de que el problema lo solucione otra persona, pero sí es muy ventajoso contar con el apoyo de los demás, aunque sea emocionalmente.

Reevaluar la situación, utilizar los recursos de los que se dispone, cambiar la percepción de la situación y pedir ayuda son medidas útiles para prevenir el estrés

La Academia Americana de Médicos de Familia (AAFP) propone las siguientes pautas para prevenir y afrontar el estrés:

• Hacer ejercicio. El ejercicio facilita la liberación de la energía y la tensión acumuladas. El ejercicio libera unas sustancias químicas del cerebro que nos hacen sentir bien, llamadas endorfinas. También ayuda a ponerse en forma física, lo cual permite sentirse mejor.

• Comer bien. El estrés puede afectar al apetito. Comer adecuadamente (ni en exceso ni en defecto) ayudará a que no aparezcan malestares asociados al estrés.

• Dormir. Dormir es fundamental, sobre todo en situaciones de estrés, ya que para afrontarlas se está realizando un sobreesfuerzo del que el organismo necesita recuperarse. En el caso de que el estrés esté siendo el responsable de un insomnio puntual, se puede consultar a un profesional que proporcione estrategias o pautas útiles para dormir mejor.

• Técnicas de relajación. Las técnicas de relajación son muy útiles, tanto para prevenir el estrés como para afrontarlo. Un profesional especializado puede dar estrategias para relajarse.

• No preocuparse por cosas que no puede controlar, como el clima.

• No preocuparse por cosas pequeñas. Es importante resolver los problemas pequeños. Esto puede ayudar a tener una sensación de control.

• Buscar soluciones. Evadir los problemas únicamente los empeora. Tener una buena capacidad de solucionar los problemas va a minimizar la sensación de estrés.

• Buscar apoyos. Hablar con alguien o contar lo problemas minimiza el estrés.

• Ser realista. Establecer objetivos realistas es un modo de no sentirse desbordado por las situaciones. Es importante evitar programar demasiadas cosas o marcar objetivos poco realistas imposibles de cumplir.

• Ocio. El ocio es el gran olvidado de la sociedad actual, cuando, paradójicamente, es un elemento fundamental para la felicidad en general y para la salud en particular. Es importante programar un horario de ocio que tenga la misma relevancia que el laboral.

 

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