¿Estoy sufriendo el síndrome de burnout? Y si no es así ¿qué hago para prevenirlo?

Con frecuencia no se vigila el estrés laboral, ya que erróneamente se considera como una parte más del trabajo. Esto provoca que las personas lleguen a situaciones en las que se sientan incapaces de afrontar este estrés e incluso no se crean capacitados para realizar su trabajo.

Esta situación lleva a preguntarse ¿estoy sufriendo el síndrome de burnout o únicamente acuso un gran estrés laboral? En primer lugar, el hecho de acusar un gran estrés laboral es un signo de alerta, ya que el estrés, ya sea laboral o derivado de otra circunstancia, repercute de modo adverso en la calidad de vida de una persona tanto a nivel emocional, psicológico, social y/o físico, por lo que es conveniente atender a este malestar con la mayor premura posible.

No obstante, el burnout posee una serie de indicadores específicos que lo diferencian del estrés laboral. Algunos de ellos son:

– Haber padecido alguna crisis de ansiedad y angustia.
– Actitud de cansancio, debilidad, fatiga, agotamiento.
– Hipersensibilidad emocional.
– Insomnio y pérdida de apetito.
– Desórdenes metabólicos y desequilibrios en la presión arterial.
– Pérdida de concentración en el trabajo.
– Imposibilidad de disfrutar del tiempo libre.

Estos indicadores no aparecen siempre de modo necesario ni similar en las personas afectadas, ya que la manifestación y la percepción de “estar quemado” varían bastante dependiendo de las personas. Del mismo modo, hay ocasiones en las que el síndrome de burnout no ha aparecido pero sí existe un gran riesgo, derivado tanto de las características de cada persona como las de su profesión. De este modo, hay que tener en cuenta cuales son los factores que precipitan la aparición del burnout tanto a nivel personal como profesional.

A nivel profesional los elementos que hacen a las personas más vulnerables a padecer el síndrome de burnout son:

-Control de la actividad: Las personas que no tienen un control sobre la labor profesional que realizan son más vulnerables a padecer el síndrome que aquellas que tienen un gran control. Por ejemplo, en este caso, un profesional sanitario de urgencias o un profesor de autoescuela tienen menos control de su actividad profesional que una persona que trabaje en tareas de archivística.
-Funciones: La densidad y el desempeño laboral es directamente proporcional al síndrome de estar quemado. Por ejemplo, una persona con turnos largos y una gran carga de trabajo es más susceptible a padecer el síndrome de burnout que un trabajador con turnos cortos y espacios considerables de descanso entre sus jornadas.
-Vinculación: Cuanta más vinculación afectiva exista entre el trabajador y su trabajo hay más riesgo de sufrir el síndrome de burnout. Por ejemplo, una persona a cargo de un grupo de trabajadores que dependen de él es más susceptible a sufrir el síndrome de burnout que una persona cuyo trabajo no dependa ni sea dependiente del trabajo del resto de sus compañeros.
-Relaciones laborales: El tipo de relaciones laborales, así como el ambiente del entorno profesional en el que se desenvuelva cada persona, influye positiva o negativamente en la aparición de estrés. De este modo, un ambiente de trabajo hostil hace a las personas más vulnerables a padecer el síndrome de burnout.

Por otro lado, no todas las persona son igual se susceptibles a padecer el síndrome de burnout, ya que las características propias individuales son determinantes en la percepción de estrés. Algunas de las características personales que predisponen a la aparición del burnout son:

– Expectativas: El deseo de obtener unos resultados brillantes, si no se corresponde con la realidad, puede desembocar, a largo plazo, en estados de ansiedad y frustración. Las personas más vulnerables son las que tienen un alto grado de autoexigencia con baja tolerancia al fracaso, buscan la perfección absoluta, necesitan controlarlo todo en todo momento y desarrollan el sentimiento de indispensabilidad.
– Vida privada: El estrés derivado de las situaciones cotidianas se suma al estrés laboral y la simultaneidad de ambos hace que las personas estén más predispuestas a sufrir el síndrome de estar quemado.
-Preparación: No contar con una adecuada preparación o manifestar inexperiencia en el desarrollo de la actividad laboral provoca inseguridad a la hora de realizar las tereas, lo cual puede causar un gran estrés en las persona. Este factor se relaciona, igualmente, con la frustración, con el miedo al fracaso y con la incertidumbre.
-Estado emocional: Los sentimientos de miedo y culpa incrementan la probabilidad de sufrir el síndrome, así como sufrir depresión o ansiedad aunque no sean derivadas del trabajo.
-Descanso. La imposibilidad de descansar y/o desconectar de la labor profesional es un factor de riesgo. Esta variable es muy frecuente en personas que realizan un trabajo de autónomo o que no tienen horarios determinados de antemano. Estar continuamente atento al la actividad laboral provoca una falta de descanso y la incapacidad de disfrutar del imprescindible tiempo de ocio.

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Muchas personas se podrán identificar tanto personal como laboralmente con las situaciones y las características que acaban de ser descritas. En estos casos puede plantearse la pregunta ¿y qué puedo hacer para prevenir el burnout? La respuesta es la siguiente: A pesar de que no existe un protocolo de prevención ni unas estrategias específicas para evitar el síndrome del burnout, la combinación de algunos elementos hace posible que los riesgos disminuyan. Algunas recomendaciones son:

– Acudir a un profesional: En caso de detectar la aparición del síndrome, es conveniente acudir a un profesional. Existen técnicas de afrontamiento del estrés, de resolución de conflictos, de autocontrol y psicoterapia muy efectivos.
– Dar tiempo al ocio: Como medidas preventivas se recomienda realizar actividades extra laborales (deporte, cine, lectura, etc.) e intensificar las relaciones personales, familiares y sociales.
– Conciliar el ambiente laboral con la vida diaria: Es fundamental evitar llevar a casa los problemas laborales y disponer de unas adecuadas estrategias de solución de problemas en el ámbito laboral y que únicamente se pongan en práctica en el mismo. Rumiar un problema profesional en el entorno familiar no hará que se solucione, pero sí puede contribuir a aumentar el estrés y a que no se disponga de momentos de ocio.

No obstante, la percepción continuada de estrés laboral es un factor a tener en consideración independientemente de si existe o no el síndrome de burnout, ya que el estrés que se está percibiendo puede en sí mismo afectar de modo muy negativo tanto a nivel personal como laboral. La asistencia profesional puede ser de gran ayuda para solucionar el problema y evitar las futuras repercusiones.

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