Estoy de mal humor por el calor

Cuidado con el verano ya que puede afectar a las relaciones personales

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Ya ha llegado el verano y con él la playa, el sol y las vacaciones para algunos. Estos son motivos de alegría y felicidad. Los días son más largos, se sale más a la calle y se disfruta más de los amigos y la familia. Todos son ventajas… ¿o no?

El presente artículo tratará de cómo el calor puede afectar a las relaciones personales. Si le interesa, continúe leyendo.

La ola de calor

Se escucha, como si fuese noticia, la llegada de la ola de calor. No hay medio de comunicación que no anuncie a diario las provincias en las que las temperaturas han subido más y las que sufren las consecuencias del calor extremo. Este fenómeno se denomina “verano” y, a pesar de que muchos lo olviden, ocurre todos los años (por suerte).

Cierto es que el sol y su luz provocan un efecto positivo en el ánimo, ya que afecta a la producción de determinados neurotransmisores relacionados con el mismo.

Si desea conocer cómo afecta el clima al estado de ánimo, pinche aquí.

Pero el sol y la luminosidad no son sinónimos de calor horrible, aunque en épocas tales como las de ahora van de la mano y es común experimentar mal humor o una mayor irritabilidad bajo estas condiciones.

Este estado pseudo hostil, unido a las vacaciones, periodo en el cual se pasa más tiempo con la familia, parejas y/o amigos, puede ser una combinación letal no muy amiga de la convivencia.

¿Es cierto que el calor afecta al estado de ánimo?

No se trata de un rumor o de una leyenda o mito, el calor afecta directamente al estado de ánimo como lo hacen el frío u otras condiciones meteorológicas adversas.

El calor en concreto provoca irritabilidad, lo cual afecta directamente a las relaciones personales, y las razones son las siguientes.

Características personales

Obviamente, hay personas que aguantan mejor el calor que otras debido a sus características personales.

En este sentido, personas con hipotensión o problemas circulatorios, por ejemplo, pueden verse afectadas muy negativamente por las altas temperaturas.

El hecho de no sentirse bien pero no estar tan enfermo como para retirarse a guardar reposo supone una incomodidad constante que afecta a la rutina diaria.

Asimismo, el metabolismo es diferente para cada persona, de modo que la regulación de la temperatura puede ser muy costosa para unos y leve para otros. Por consiguiente, adaptar el cuerpo a un calor excesivo puede resultar muy dificultoso para algunas personas.

Esta circunstancia afecta negativamente a nuestro carácter haciéndonos más irascibles.

Sueño

Las temperaturas extremas provocan insomnio a muchas personas, o hacen que, aunque se duerman las mismas horas, este sueño no sea reparador.

La falta de sueño provoca mucha irascibilidad, ansiedad, estrés, cansancio y malestar, lo cual nos hace ser más hostiles durante el día.

Alimentación

En la alimentación el calor también influye, ya que se tiene menor apetito y, por consiguiente, una menor energía para hacer frente a las tareas diarias.

Del mismo modo, la digestión se hace más pesada, por lo que cuesta un mayor esfuerzo digerir la ingesta en cada comida y, si esta es medianamente indigesta o pesada, puede hasta que el cuerpo se resienta.

Durante el varano se debe estar hidratado, conducta la cual no todo el mundo realiza correctamente, ya sea por falta de costumbre como por falta de información.

La falta de hidratación aumenta la posibilidad de la aparición de contracturas musculares y calambres.

Todos estos factores alimenticios, a medio y largo plazo, resienten la salud y el bienestar y, como no podía ser de otra forma, el ánimo.

Cambios corporales

Las temperaturas extremas provocan determinados cambios corporales, ya que el cuerpo reacciona a las mismas con la intención de mantener un equilibrio en sus funciones. Estos cambios que se producen en el cuerpo afectan al estado de ánimo.

Entre los cambios corporales más frecuentes que se experimentan con las altas temperaturas son:

Lipotimias. Debido al calor, los vasos sanguíneos se dilatan y esto provoca que la tensión se baje. La tensión baja, se traduce en cansancio, dolor de cabeza e, incluso, desmayos. Este estado constante durante todo el día se acusa en el carácter e, inevitablemente, lo hace más irascible.

Dermatitis y problemas en la piel. El sol, la falta de hidratación y la mayor cantidad de semillas y plantas durante la estación del verano hacen que las dermatitis proliferen o que se empeoren.

La falta de hidratación y el tipo de piel de cada persona pueden provocar que las glándulas sudoríparas tengan dificultades, por lo que estas se pueden inflamar causando infección o, al menos, malestar.

Además, los diferentes insectos y arácnidos tienen por costumbre veranear en aquellos ambientes especialmente cálidos y a su picadura estamos expuestos todos.

La incomodidad de sentir continuamente picor o escozor provoca irascibilidad y, consecuentemente hostilidad con los demás.

Por otro lado, hay que tener en cuenta que, además del sueño y la alimentación, el calor provoca un desgaste en general. Las altas temperaturas inducen a que el cuerpo tenga que gastar una mayor energía en realizar las tareas del día a día, lo que causa que se esté más cansado durante la jornada y al final de la misma.

Cambios psicológicos

Todos estos factores mencionados provocan apatía, un mayor esfuerzo para realizar las tareas diarias y cansancio, lo cual afecta al ánimo y nos hace ser más irritables, hostiles y estar de mal humor.

Por este motivo, durante el verano se producen mayores actos de violencia en general y nuestro humor es peor en particular.

Asimismo, el riesgo y el número de suicidios suele aumentar en las zonas en las que hay un aumento significativo de las temperaturas en verano con respecto al resto de las estaciones.

La consecuencia de todo ello es que durante el verano en general, y los días de más calor en particular, nos encontremos mucho más predispuestos a los conflictos.

Esta situación se suma al hecho de que lo más habitual es que las vacaciones transcurran en este período y que coincidan con las de la pareja y/o hijos. Esto supone que se pase más tiempo con la familia, combinación que, sumada a lo anterior, supone un caldo de cultivo para peleas, malentendidos y disputas varias.

Ciertamente es imposible evitar el calor y sus consecuencias (a no ser que se haga uso de las nuevas tecnologías climáticas, las cuales tampoco están presentes en todos los momentos deseables), pero sí es posible evitar o eliminar los posibles conflictos con los demás. ¿Cómo? En el próximo artículo se darán las claves.

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