¡Es Halloween! ¿Es adecuado una temática tan macabra o terrorífica para los niños?

“In the streets on Halloween there's something going on. No way to escape the power unknown” (Helloween)

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Y un año más llega el 31 de octubre, la noche de Halloween y la víspera del Día de los Difuntos. Se mire como se mire, estos días están envueltos de muerte. Los supermercados, las calles, los medios de comunicación y, en definitiva, todo el entorno que nos rodea gira en torno a lo tétrico.

Tal cantidad de referencias a lo lúgubre, sombrío, tenebroso y mortuorio no parece ser el ambiente más propicio para los niños. ¿O sí?

En el presente artículo se trata lo adecuado o inadecuado de estas fechas para los niños.

Halloween no es un invento de marketing

Sí, hay quien todavía piensa, a pesar de la sociedad de la información en la que vivimos, que Halloween no es más que un evento dirigido al marketing. Y nada está más alejado de la realidad que esto, por mucho que se aproveche la ocasión para fomentar las ventas en general.

Halloween es una antigua celebración que se remonta a los celtas, que celebraban lo que denominaban Samhain, una especie de año nuevo para su cultura. El calendario celta dividía el año en dos períodos: el período oscuro que comenzaba en el mes de Samonios (octubre-noviembre) y el periodo claro, a partir del mes de Giamonios (abril-mayo). El comienzo del período oscuro correspondía a un año nuevo y coincidía con el equinoccio de otoño, que actualmente se fecha en el 31 de octubre.

La tradición cuenta que en la noche del 31 de octubre los espíritus tenían vía libre para rondar el mundo de los vivos, por lo que era costumbre disfrazarse, si es posible de algo lo suficientemente sombrío, para lograr confundirse con ellos y así engañarlos. Especialmente se pretendía burlar a Jack-o’-lantern, un ser especialmente malvado que visitaba las diferentes casas bajo la demanda “truco o trato”, que no era sino una especie de analogía gaélica a la autóctona expresión “triste es pedir, pero más triste es robar.” De este modo, la mejor opción era elegir trato, que suponía dar una ofrenda al espíritu, el cual abandonaba el lugar satisfecho con la dádiva recibida. En el caso de elegir truco, el malvado Jack, con su magia del inframundo, haría algo realmente terrorífico, que podía resultar ser desde un inofensivo, pero no poco aterrador, susto hasta trucos que incluían maldecir la casa, enfermar a la familia, hacer morir de peste el ganado o quemar directamente la vivienda.

De este modo, en la actualidad, los niños se disfrazan y piden caramelos y dulces por las casas bajo la consigna de “truco o trato”, imitando y así engañando al malvado Jack.

Tras esta especial noche, en España amanecemos con el Día de Todos los Santos, una celebración cristiana por todos los difuntos que, habiendo superado el purgatorio, se han santificado totalmente, han obtenido la visión beatífica y gozan de la vida eterna en la presencia de Dios.

¿Es adecuado este ambiente para los niños?

La noche de Halloween, orientada a lo siniestro, seguida, a continuación, por el Día de todos los Santos (o Día de los muertos), no parece ser un panorama muy infantil. Aun así, parece que los niños son los que más viven estos festejos. ¿Es esto correcto? ¿Es mejor dejar que el niño se disfrace, pero de otra cosa que no esté relacionado con la muerte?

La respuesta es clara: evitar o distraer la atención del niño en un disfraz que nada tenga que ver con lo macabro es un error. Halloween ha sido siempre una festividad divertida para los más pequeños, y censurar o no aprobar la misma únicamente la dotará de una connotación negativa, de la cual el niño ni se había percatado.

No hay un mejor modo de que los niños aprendan el concepto de muerte de modo correcto que no esconderla y, si se le da un carácter lúdico festivo, puede ser una oportunidad para ellos.

Si quieres saber cómo hablar de la muerte a un niño, visita el siguiente enlace:

Asimismo, no es adecuado en absoluto privar al niño de toda información negativa o relacionada con la muerte o lo nocivo. No en vano, en la historia, los cuentos dirigidos a niños giraban, en gran medida, en torno a la muerte, o narraban historias no poco espeluznantes. Esto no es casualidad, sino un modo de educar al niño para que sea consciente de que en la vida existen peligros y que no hay que ser ingenuo o actuar indebidamente ante los mismos. No se protege a un niño escondiendo la muerte o lo terrorífico, se le perjudica.

Asimismo, si el niño habita en un entorno cristiano, la idea de alejar de él el concepto de muerte no solo es absurdo, sino casi imposible. ¿Se va a dejar, acaso, de acudir a visitar a nuestros difuntos en el cementerio o no permitir que el niño asista a la misa de los mismos?

Muchos miedos adultos derivan de miedos infantiles no superados, y esconder, en un nefasto intento de protección al menor, información relacionada con eventos o situaciones desagradables provoca que el niño nunca se enfrente a las mismas y, por consiguiente, no desarrolle habilidades para enfrentarlas. El resultado de estas acciones produce adultos sin habilidades de solución de problemas y repletos de miedos absurdos. De hecho, los adultos a los que más les asustan las películas o la literatura de terror han sido a los que de niños se les ha vetado como prohibida o negativa, predisponiéndolos a que estas cosas lo van a asustar y no van a poder dormir, cuando lo que realmente les quita el sueño es imaginar lo que había en esa película, tan horrible como para ser necesario ocultarla. Esto condiciona a la persona hasta la adultez.

El humor es un modo de combatir el miedo, y la celebración de eventos como el presente ameniza y simpatiza lo macabro y libra a niño de posibles miedos infundidos.

Todo es cuestión de tener un poco de sentido común. No es adecuado dejar que un niño de una determinada edad visualiza una película gore sin supervisión paterna, pero vetarle las imágenes de películas o escenas de miedo, de modo radical, es igualmente nefasto.

En definitiva, lo más adecuado es actuar con naturalidad ante estas situaciones y darle al niño una explicación lo más simple y comprensible posible para él.

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