El Síndrome del Impostor. Parte 3: ¿Cómo se puede solucionar?

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No son pocas las personas incapaces de valorarse a sí mismas y valorar sus logros. Se trata del Síndrome del Impostor.

Si estás en esta situación y quieres solucionarlo, continúa leyendo.

¿Por qué es necesario superar el Síndrome del Impostor?

El Síndrome del Impostor no es una patología, sino una percepción alterada y errónea de nuestra situación en el contexto laboral y/o social.

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No obstante, esta condición puede causar mucho malestar y sufrimiento, además de la repercusión negativa que puede llegar a tener en el trabajo, en la familia o con los amigos.

Si quieres conocer cómo afecta a nuestra vida el Síndrome del Impostor, pincha aquí

Por ello es necesario que el Síndrome del Impostor se supere y que deje de provocar malestar y afectar negativamente a nuestra actividad diaria. ¿Cómo? A continuación se ofrecen algunas claves.

¿Cómo se puede solucionar El Síndrome del Impostor?

No existe una única clave que nos permita superar el Síndrome del Impostor de la noche a la mañana. Se trata de un proceso por el cual debemos tomar conciencia de nuestras verdaderas capacidades y cómo actuar de acuerdo a ellas.

Algunos consejos para empezar a librarnos de pensamientos y comportamientos que conducen a infravalorarnos son:
Identificar el Síndrome. El primer paso para casi todo en la vida es reconocer o identificar que eso está ocurriendo. Si nos sentimos identificados con alguno de los aspectos relacionados con el Síndrome del Impostor, debemos hacer un pequeño auto análisis que nos permita darnos cuenta de si estamos sufriendo el síndrome, con el fin de eliminarlo o minimizarlo, o si estamos empezando a padecerlo, con el fin de impedir que se desarrolle.
Comienza a valorar tus logros. Obviamente, el Síndrome del Impostor consiste en que no se valoran los propios logros, por lo que valorar los logros sería algo absurdo si se padece este síndrome. Por ello, un buen modo de comenzar a valorarse puede ser apuntar los resultados de las acciones que se van realizando. Cuando se tenga una lista, se repasan las acciones con el fin de darnos cuenta de los éxitos obtenidos. Otro modo es apuntar todas las cosas que a diario realizamos adecuadamente. No tiene que ser una acción heroica o un proyecto empresarial clave para la organización, el mero hecho de cocinar y que el resultado sea bueno es una conducta a agregar en la lista.
Comienza a identificar tus fracasos. La idea de que todo fracaso es negativo es absolutamente falsa. Hay que ser consciente de que todas las personas se equivocan y nosotros no estamos exentos de este hecho. La diferencia entre una persona que sufre el Síndrome del Impostor y otra que no lo sufre es que la primera valora el fracaso como un fallo inherente a ella misma, sin que éste tenga más valor que el negativo. En cambio, los fracasos no son en balde, sirven para aprender y no volver a fallar en la siguiente ocasión. Es decir, hay que aprender a interpretar los fracasos como parte del aprendizaje de la vida. Nadie aprende si no se equivoca previamente (unas cuantas veces, además).
Fija expectativas coherentes. Cada persona tiene unos límites y es mejor realizando algunas actividades que otras. Es por ello que fijarse expectativas muy altas sobre uno mismo no es beneficioso y promueve la baja autoestima. Es necesario, pues, ser realistas con nuestras capacidades y aceptarlas tal y como son.
No te compares nada más que contigo mismo. Las comparaciones son odiosas y compararse con los demás, la mayor parte de las ocasiones, algo absurdo. Nadie es comparable con otra persona, ya que las capacidades de cada individuo son propias, únicas e intransferibles. Puede que se nos dé bien hacer algunas cosas que a otra persona se le dé mal, pero a esta persona se le dará bien algo en lo que nosotros no seamos muy hábiles. Si realizamos comparaciones, que sea con nosotros mismos. Es decir, si observamos que fallamos repetidamente en cosas en las que antes éramos hábiles, debemos averiguar el motivo. En la mayor parte de las ocasiones, esto ocurre por la falta de autoestima, que desemboca en una falta de seguridad, lo cual ocasiona que nos sintamos torpes hasta el punto de convertirnos en torpes de verdad. Con seguridad las cosas salen siempre mejor que si se actúa de modo inseguro.

No obstante, si el síndrome continúa o no te ves capacitado para afrontar estas situaciones, lo más aconsejable es acudir a un profesional que proponga estrategias útiles para superar el Síndrome del Impostor.

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