El Síndrome del Impostor. Parte 2: ¿Por qué me ocurre y qué consecuencias tiene?

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No son pocos aquellos que se perciben sobrevalorados cuando, en realidad, la percepción que el resto tiene sobre ellos es objetiva y parcial.

Se trata del Síndrome del Impostor. Si quieres conocer el motivo por el cual se produce este fenómeno y sus consecuencias, continua leyendo.

¿Por qué ocurre?

El Síndrome del Impostor es un fenómeno psicológico por el cual una persona no es capaz de asumir sus propios logros y éxitos, por lo que sufre una continua sensación de ser un fraude o estar mintiendo, lo que a su vez provoca preocupación o miedo persistente de ser descubierto y/o un gran sentido de culpa.

Si quieres saber más sobre el Síndrome del impostor, pincha aquí

¿Por qué ocurre esto? Pues no hace falta ser psicólogo ni sociólogo para sospechar el motivo por el que éste fenómeno aparece. Si has pensado en personas con baja autoestima, altas exigencias y una educación un poco particular, vas por buen camino.

Algunas de las causas más frecuentes que provocan la aparición del Síndrome del Impostor son:
Educación. Un estilo educativo en exceso autoritario puede repercutir en la autoestima de un niño de tal modo que, cuando sea adulto, se refleje en un sentimiento de baja competencia. Asimismo, una mentira repetida mil veces termina siendo verdad y, si en el seno familiar un niño escucha de modo constante “tú eres…”, el niño se convencerá de ello y asumirá el rol. Si al menor se le califica de tonto, vago, inútil, etc., llegará a percibirse con tal.

Si quieres saber más sobre los estilos de educación, pincha aquí

Estereotipos. Los estereotipos son algo de difícil eliminación. Si nos adjudican uno, puede ocurrir algo similar a lo que ocurre con los estilos educativos, que llegará un momento en que actuemos tal y como dicta nuestro estereotipo, ya sea de género, de nivel de estudios o similar. Esto es lo que ocurre en el caso de mujeres con carreras exitosas. El estereotipo (cada vez más minimizado) que se estilaba en generaciones anteriores era que una mujer debía centrarse en sus labores como tal o desarrollar una carrera acorde con su estereotipo (profesora o cuidadora y no ingeniera o piloto, por ejemplo). Por ello, mujeres que en la actualidad tienen una cierta edad y son exitosas en su campo laboral son más vulnerables a sufrir el Síndrome del Impostor.


Factores de personalidad. Las personas muy autoexigentes son más vulnerables a sufrir el Síndrome del Impostor que aquellas que no se exigen en exceso. Esto ocurre por una mala autopercepción por la cual se cree que podemos dar y/o hacer más de aquello que somos capaces en realidad de dar o hacer.

Autoestima. Una autoestima baja provoca que nunca se atienda a nuestros éxitos o que no se perciban como tales. De este modo, las personas con una baja autoestima son más susceptibles a padecer el Síndrome del Impostor.


Miedo al fracaso. Tener miedo a equivocarnos es un error. Todas las personas se equivocan, y estas experiencias no tienen que asumirse como negativas, sino como simples acciones que no han salido como se esperaba y que nos servirán para aprender. Las personas con miedo al fracaso no suelen valorar sus éxitos, ya que únicamente atienden a sus fracasos. Esto promueve a que sean más tendentes a desarrollar el Síndrome del Impostor.

¿Cómo afecta el Síndrome del Impostor?

El Síndrome del impostor, como otras condiciones que no son un trastorno, puede causar mucho malestar y afectar, como no puede ser de otra forma, a la vida diaria y a las relaciones con los demás.

A pesar de que el Síndrome del Impostor repercute en todos los ámbitos de la vida, como el familiar y el social, el entorno al que más afecta es al laboral y/o académico, ya que los logros que una persona obtiene no son reconocidos por esta o son subvalorados, y el contexto profesional es en el que los éxitos resultan más visibles o se perciben como más importantes.

De este modo, el Síndrome del Impostor puede afectar negativamente a nivel laboral en aspectos tales como:
-No solicitar a los superiores mejora de determinadas condiciones laborales tales como un aumento de sueldo o ajuste de horario.
-Falta de motivación, ya que los propios logros no se reconocen por nosotros mismos.
-Sentimiento de inferioridad con respecto a nuestros compañeros.
-Incremento del estrés al pensar que no se está a la altura del trabajo que se realiza.

En definitiva, a nivel laboral, el Síndrome del Impostor se traduce en un aumento del estrés y una disminución de la productividad y rendimiento, lo cual, a su vez, provoca una mayor insatisfacción, baja autoestima y un incremente de la sensación de ser poco válido.

En los contextos familiares y sociales el Síndrome del Impostor también pasa factura, ya que incrementa comportamientos tales como no decir “no” e impide que las habilidades sociales, debido a la baja autoestima, se desarrollen adecuadamente.

En próximos artículos se tratará el modo de solucionar esta incómoda condición.

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