El Entierro Prematuro. Ser sepultado vivo: Catalepsia

Ser enterrado vivo es, fuera de toda discusión, el más terrible de los extremos que jamás haya caído en suerte al simple mortal. Edgar Allan Poe (Boston, 1809 - Baltimore, 1849) EL ENTIERRO PREMATURO (“The Premature Burial”, 1844) Originalmente publicado en The Philadelphia Dollar Newspaper (julio 1844)

Son muchas las narraciones de ficción y las recreaciones en la gran pantalla sobre personas enterradas vivas, pero es sin duda El Enterramiento Prematuro del maestro Poe el más significativo y conocido.
Pero, ¿cuánto hay de ficción y de realidad en ello? En el presente artículo se tratará sobre este suceso que, ya se adelanta, no tiene tanto de ficción como algunos se imaginan.

Enterrado vivo

Ser enterrado vivo es un pensamiento aterrador que ha merodeado por los pensamientos más macabros de la humanidad desde que el rito funerario del enterramiento se instaurase como tal.

Este tipo de sucesos no eran frecuentes, no obstante, pero sí poblaron las pesadillas de muchos escritores romanticistas del siglo XIX, los cuales los popularizaron compartiendo su fobia con sus lectores. Y es que, para algunos, la posibilidad de ser enterrado vivo constituía toda una obsesión.

No en vano, entre 1870 y 1910 se extendió el temor a ser enterrado vivo y así lo recogen diferentes textos y publicaciones de la época. Asimismo, se creó el “ataúd de seguridad”, un féretro dispuesto con diversos artilugios como campanillas y banderas que sobresalían del foso funerario con el fin de que el difunto pudiese pedir ayuda en el caso de despertar en su propio sepulcro.

Del mismo modo, eran muchas las personas que, como última voluntad, solicitaban que, previamente a su enterramiento, le partieran el corazón en dos.

¿Pero es esto posible? Actualmente, difícilmente. Dada las técnicas médicas de certificación médica y las autopsias es casi imposible que este tipo de circunstancias ocurran. No obstante, en la antigüedad sí hubo casos en los que personas fueron enterradas en vida.

¿Por qué?

Los casos de enterramientos prematuros documentados se produjeron por causas diversas. No obstante, el miedo al enterramiento en vida estaba justificado para aquellos que padecían una determinada enfermedad: catalepsia.

Y fue quizá la catalepsia la responsable de la mayor parte de los entierros prematuros.

Esto ocurrió porque algunos episodios de catalepsia pueden durar varios días y las técnicas forenses únicamente se basaban en tomar las señales vitales de la persona, por lo que, si estas estaban minimizadas, podrían dar a entender que eran inexistentes.

De este modo, la persona podía ser enterrada y despertar días después en el interior del ataúd sin comida ni agua, sin espacio apenas para moverse y sin apenas aire. De hecho, lo más frecuente es que la persona enterrada viva muriese de asfixia.

¿Qué es la catalepsia?

La catalepsia es un trastorno del Sistema Nervioso Central por el que el cuerpo pierde momentáneamente y de modo involuntario la movilidad, y las extremidades se vuelven flácidas o adoptan un estado de rigidez.

En los ataques de catalepsia la persona no responde a ninguna clase de estímulos y la conciencia puede perderse o permanecer, de modo que la persona es consciente de todo lo que ocurre a su alrededor.

Asimismo, es posible la respiración se ralentice junto a la frecuencia cardíaca, siendo imposible detectar signos vitales si no se utiliza un equipo médico adecuado.

¿Qué síntomas tiene?

Los principales síntomas de la catalepsia son:
-Pérdida del control del movimiento voluntario e involuntario que se manifiesta en una inmovilidad completa.
-Rigidez del cuerpo, los miembros y la postura.
-Flexibilidad cérea, es decir, el cuerpo permanece en la misma posición cuando se mueven alguna de las partes del mismo.
-Ausencia de respuesta a estímulos.
-Pérdida de control muscular.
-Desaceleración de las funciones vitales (respiración, ritmo cardíaco, digestión, etc.).
-Reducción de las funciones corporales.
-Palidez.

No es de extrañar pues que, vistos todos estos síntomas, en la antigüedad se dieran por muertos a personas vivas con esta patología.

¿Por qué ocurre?

La catalepsia no es una enfermedad en sí, sino un trastorno asociado a otras patologías.

No obstante, existe un tipo de catalepsia idiopática, es decir, que su origen es desconocido. Es posible que algún tipo de antecedente familiar provoque una mayor disposición a padecerla.

Asimismo, este trastorno está relacionado con otras patologías como la esquizofrenia, el Parkinson o algunos tipos de epilepsia. También ha sido asociada con la ingesta de ciertos psicoactivos como el Haloperidol o la Ketamina.

Existen casos en los que la catalepsia se desencadena tras una emoción extrema. En estas situaciones habría que realizar un estudio diagnóstico para descartar una posible narcolepsia, patología a la cual también se asocia la catalepsia.

Aunque no existen estudios que lleguen a confirmarlo, se cree que la proteína Kinasa A pude ser un mediador del estado cataléptico. Asimismo, se asocia la presencia de catalepsia a patologías que alteran los Ganglios Basales o los circuitos extrapiramidales.

¿Tiene cura?

No existe un tratamiento específico para tratar la catalepsia, ya que no es una patología en sí misma, por lo que el tratamiento irá orientado a la enfermedad que la provoca.

En este sentido, si la catalepsia deriva de una epilepsia o Parkinson, el tratamiento de estas patologías eliminarán o minimizarán los ataques de catalepsia.

No obstante, para los casos en los que la catalepsia aparece aislada y sin una etiología aparente, se utilizan fármacos similares a los destinados al tratamiento de la narcolepsia, que consisten en estimulantes o antidepresivos, principalmente.

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