Efectos del confinamiento en la relación de pareja. Parte 2: La desescalada sentimental y convivencial

Volver a amar en tiempo de encierro

En artículos anteriores se ha comentado el efecto del confinamiento en las relaciones de pareja.
En algunos casos, este encierro inesperado ha provocado que la relación de las personas se consolide y/o se refuerce, pero han sido muchas las parejas cuya relación se ha deteriorado.
En el presente artículo se tratará qué se puede hacer en ambos casos.

¿Y ahora qué?

Pues ahora, la “nueva normalidad” (termino curioso y contradictorio, cuanto menos) se debe aplicar también al terreno de la pareja.
Pero cuidado, es preciso comprender que esta desescalada va a tener consecuencias tanto en aquellas parejas en las que se haya producido unión, como en aquellas en las que se ha producido separación.
En las parejas en las que se ha producido una mayor unión hay que considerar que el apego entre ellos ha sufrido un incremento directamente proporcional al vínculo de unión. Esto puede que no tenga consecuencia más allá de una mayor fortaleza del vínculo, pero puede que esto ocasiones problemas de apego.
Exacto, la desescalada y el tiempo hará que todo vuelva a la normalidad, por lo que el tiempo que estas personas comparten, disminuirá. De este modo, la incorporación laboral, las salidas o los compromisos serán variables de obligado cumplimiento que requerirán una menor permanencia el uno con el otro.
De este modo, no es extraño que puedan surgir problemas de ansiedad por separación. Esta ansiedad no tiene porqué reflejarse únicamente en la pareja, sino también en los hijos, dado que las vacaciones sumarán aún más tiempo de éstos en casa.

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La ansiedad por separación no es algo trivial, puede ser un problema grave e incluso desembocar en otros estados de malestar como bajo estado de ánimo o ansiedad generalizada.
Por otro lado, en las parejas a las que el encierro les ha hecho mella en su relación el desconfinamiento volverá a asentar la rutina habitual, pero lo vivido no puede deshacerse y el daño, por así decirlo, queda hecho.

¿Qué se puede hacer entonces?

La respuesta a la pregunta “¿Qué se puede hacer entonces?” es la misma, tanto para los casos de unión, como de desunión: tomarlo con calma.
Al igual que nos hemos tomado con calma el encierro (o debiéramos haberlo hecho) y que nos debemos tomar con calma la “nueva normalidad”, la normalización de la convivencia y vínculo con la pareja debe someterse a similar proceso.
En primer lugar, lo más importante es identificar en qué situación nos encontramos e identificar, así mismo, si existe una ansiedad por separación o algún rencor con el consorte. Hecho esto, únicamente hay que ir paso a paso.
El caso de la ansiedad por separación debe abordarse como se aborda la ansiedad por cualquier otro motivo. Las técnicas de relajación y hacer actividades que sean satisfactorias son medidas eficaces.

En el caso de que el encierro haya repercutido negativamente en la relación, la primera medida es también identificar este hecho y hablarlo claramente con la pareja. En este punto hay que considerar varias cuestiones:
Sin culpables. No es conveniente buscar culpables. Todas las personas nos equivocamos y es un gesto de empatía comprender que lo que le ha pasado al otro, o cómo se ha comportado ante una situación, nos podría haber pasado a nosotros.
Sin orgullo. El orgullo es un sentimiento que conduce al pierde-pierde. Pierde el otro y pierdes tú. Para la comunicación en pareja es mejor, pues, no invitar al orgullo a que participe.

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No perder el fin: El objetivo primero y último de la comunicación es que la relación sea tan positiva como previamente al encierro. Esto incluye que cada miembro de la pareja debe estar abierto al diálogo y expresar sus sentimientos, pensamientos y sus puntos de vista, abierta y sinceramente, sin dejar nada para uno mismo. Asimismo, es necesario que dejemos que el otro se exprese, sin interrumpir y dando tiempo.
Mirar la perspectiva positiva: Los conflicto y los problemas no son del gusto de nadie, pero siempre (como a la mayoría de las cosas) se le puede sacar algo positivo. Y es que, en realidad, podemos percibir los conflictos como pruebas para demostrar nuestras habilidades. Esta situación de pareja que nos ocupa puede ser, por consiguiente, un reto a vencer en cuanto podamos solucionarla y, como se trata de un conflicto que involucra a la pareja, puede ser algo que haga más fuerte el vínculo aún.
Aprendizaje: Resolver el problema y reflexionar sobre lo que ha ocurrido puede ser un aprendizaje, tanto para que no se vuelva a repetir como para que conozcamos más al otro y a nosotros mismos.
No obstante, es posible que el daño provocado por una saturación convivencial, y otros factores varios durante el encierro, haya provocado tanto deterioro en la pareja que estas medidas mencionadas se queden cortas. En estos casos, lo más adecuado es acudir a un profesional que intervenga en pareja.

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