¿Dónde vamos estas fiestas, a tu casa o a la mía?

Ya llega la Navidad… y sus cosas

“¿Dónde vamos estas fiestas, a tu casa o a la mía?” es una pregunta que puede surgir en estas fechas, sobre todo en parejas de reciente formalización cuyas rutinas no están aun establecidas.

No obstante, el resto de las parejas no están tampoco a salvo, dado que nuevos planes o numerosos compromisos pueden plantear un conflicto sobre a qué celebración se debe acudir.

Ocurre, por consiguiente, que, dado el momento de acudir a una u otra celebración, no se sabe dónde pasar las fiestas.

Esto supone un doble conflicto: Un primer problema dentro de la propia pareja y otro con las respectivas familias.

A continuación se señalan las soluciones más prácticas para cada una de estas situaciones.

Organizar de antemano

No es conveniente dejar para el último momento la organización de las celebraciones. En primer lugar, porque un acuerdo adecuado lleva un tiempo de decisión; y, en segundo lugar, por respeto a las familias a las que se las debe avisar con tiempo en lo que concierne al acto de presencia o ausencia.

No es conveniente dejar para el último momento la planificación de las fiestas

Negociar

Una negociación es el acercamiento de dos partes opuestas hacia una posición mutuamente aceptable con tres posibles resultados: gana-gana, gana-pierde y pierde-pierde.

El objetivo de toda negociación es alcanzar el gana-gana y evitar a toda costa el pierde-pierde.

Si le interesa conocer más sobre la negociación, pinche aquí

¿Cómo se hace? Fácil:

En primer lugar, hay que establecer qué celebra cada familia, ya que hay fechas (como la comida del día 1 de enero, la comida del día 6 de enero, etc.) que algunas familias celebran y otras no.

Si el número es par (por ejemplo, cuatro: cena de Noche Buena, comida de Navidad, cena de Noche vieja y comida de Reyes) se dividirá dos en una familia y otras dos en la otra familia.

En el caso de que el número de celebraciones sea impar (por ejemplo, cinco: cena de Noche Buena, comida de Navidad, cena de Noche vieja, Comida de año Nuevo y comida de Reyes) se deben marcar prioridades.

Las prioridades suponen que se tenga en cuenta la importancia que cada familia le otorga a la celebración en sí.

En este sentido, es posible que algunas familias le den más importancia a la Noche Buena, por ejemplo, que a la Noche vieja.

Una vez establecidas las prioridades se pasaran las fiestas más importantes con cada una de las familias.

En el caso de que ambas familias tengan unas prioridades similares, dado que el número de celebraciones es impar, se debe de realizar una compensación, de modo que en una casa se acudirá una vez menos que a otra.

Para que la compensación sea justa, se puede acudir un mayor número de veces a una casa en las celebraciones que se consideren menos importantes y en la otra casa acudir a las celebraciones más importantes.

De este modo, se celebrará en la casa a la que menos se acuden las fiestas más importantes.

En definitiva, se trata de compensar el número de veces que se acude a una celebración con respecto a la importancia de la misma.

Decir “no”

Tener decididas las celebraciones a las que se va a acudir, y dónde no, es el fin del conflicto.

Aun queda informar a cada familia, y algunas de ellas puede que no sean muy comprensivas o que sean insistentes.

En estas situaciones lo más adecuado es no dar rodeos e informar de la decisión adoptada.

No es adecuado dar rodeos cuando se rechace una invitación

En el caso de que haya insistencia se debe decir “no” y plantear una alternativa. Por ejemplo: “No voy a celebrar la Noche Buena con vosotros, pero pasaré la Navidad”.

En el caso de que no sean comprensivos se debe usar la empatía y hacerles ver que hay que repartir las celebraciones en dos familias y que el sistema elegido es el mejor modo.

De este modo, la familia poco comprensiva se pondrá en el lugar de la otra familia, que también quiere celebrar esas fiestas, y comprenderán que es lo más adecuado.

No obstante, es posible que la familia poco comprensiva sea un poquito psicópata y que no muestre ningún tipo de empatía.

En esta circunstancia no es lícito perder los nervios o iniciar un conflicto.

Lo más adecuado es pedir que sea la familia poco comprensiva la que proponga las alternativas.

Si estas son plausibles y justas, se puede cambiar el plan. Si no lo son, hay que hacerles entender que no es lo más justo y que se va a proceder con el plan que se tenía pensado.

Si, llegados a este punto, la familia no lo comprende y se molesta, el problema ya no es nuestro, sino de ellos, puesto que nosotros hemos procedido de modo adecuado.

Estos son unos consejos prácticos para sortear el dilema de donde acudir en Navidad. No obstante, no constituyen la panacea.

Sea como sea, si estas celebraciones resultan estresantes, intente disfrutarlas todo lo que se pueda, ya que, en definitiva, rumiar lo poco que gustan únicamente servirá para que el tiempo trascurra de modo aun más angustioso. Así que: ¡A divertirse!

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