Divulgación Vs. Banalización

Cuando lo trivial se vuelve nocivo

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La divulgación de cualquier tipo de información es de gran utilidad. Eso no sólo nos permite conocer temas de que previamente ignorábamos, sino que, además, es un modo de despejar estereotipos o ideas falsas que dañan más que favorecen al objeto de dicha divulgación. (Divulgación vs. Banalización).

No en vano, el presente blog tiene como principal objetivo esta divulgación que se comenta, concretamente, en temas relacionados con la salud mental y emocional.

En este sentido, la divulgación nada tiene de nocivo sino, al contrario, todos son beneficios. ¿Pero qué ocurre cuando la divulgación es tan extensa que el objeto divulgado pasa a incluirse en lo cotidiano? ¿Es posible que se banalice?

Si te interesa conocer la respuesta, continua leyendo.

Banalizar, más allá de la divulgación

El momento en el que un determinado concepto pasa a banalizarse es imposible de determinar. Se trata de un conjunto de factores entre los que se encuentran la novedad, el atractivo y, sobre todo, un mal entendimiento del conocimiento que se divulga.

Obviamente, y por suerte, esta circunstancia no es frecuente, siendo la divulgación de un conocimiento, como se ha comentado, más beneficiosa que perjudicial. Pero, cuando esto ocurre, el daño provocado es casi mayor al desconocimiento del concepto en sí.

La banalización en la salud mental

Por desgracia, este proceso de banalización alcanza a la salud en general y a la salud mental en particular. El ejemplo más evidente de esta situación ocurre en dos trastornos concretos: la ansiedad y la depresión, aunque no son los únicos. En este sentido, por ejemplo, el auge de información sobre el trastorno bipolar lleva a que muchas personas entiendan que éste consiste en cambios bruscos de opinión o de emociones, cuando nada tiene que ver con ello.

¿Cuál es el problema?

El problema es que numerosas personas que sienten un gran malestar en su estado de ánimo, por ejemplo, se auto diagnostican o denominan depresivas, cuando lo único que les ocurre es un alto grado de la tristeza normal provocada, muy seguramente, por unas vivencias recientes desagradables. Es decir, lo que siempre se ha denominado “una mala racha” que, consecuentemente, provoca que estemos con un estado de ánimo bajo. Este tipo de circunstancia es normal, no hay ningún trastorno y lo extraño sería, por el contrario, sentirse feliz ante una o varias situaciones negativas en nuestras vidas.

Asimismo, el estrés, sentir agobio o presión se denomina sufrir ansiedad. Cierto es que determinadas situaciones pueden ocasionar que la emoción de ansiedad se despierte, pero siempre de modo normal y no patológico. Por ejemplo, ante una situación que nos asusta, como puede ser una charla en público, es posible que los días previos sintamos ansiedad, con la ética y estética que ello supone (falta de sueño, apetito, rumiación excesiva de un mismo pensamiento…), pero esto no significa que se padezca un trastorno.

Estas situaciones expuestas en nada tienen que ver con los trastornos depresivos o de ansiedad respectivamente.

¿Por qué esta banalización resulta negativa?

La banalización resulta altamente negativa para las personas que padecen realmente un trastorno patológico de, por ejemplo, ansiedad o depresión.

En primer lugar, porque los sitúa en un marco comparativo erróneo, ya que se cree falsamente que lo que les ocurre se limita a lo que todos hemos sentido alguna vez como emoción normal.

Esto, por consiguiente, provoca que se anule la empatía hacia estas personas, lo cual va a repercutir en el trato con las mismas, desencadenándose en ellas sentimientos de incomprensión y frustración que se suman al trastorno que ya padecen.

Otro gran factor negativo es que la misma persona que padece estos trastornos puede llegar igualmente a compararse con los estándares de emoción normal y sentirse impotente al no poder afrontar lo que le ocurre como el resto de las personas. Esto va a tener consecuencias nefastas para la autoestima, lo cual, de nuevo, se suma a la patología que padece.

En estas circunstancias es muy probable, además, que la persona que padece el trastorno no busque ayuda profesional, por lo que su trastorno irá creciendo como un dragón hasta el punto en que abarcar el problema sea muy difícil o ya imposible.

Asimismo, es posible que las personas que padecen este tipo de trastornos tan banalizados sean bombardeadas por consejos o soluciones que, aunque pueden ser muy útiles para episodios de malestar emocional, de nada sirven para ellos, aumentando la sensación de frustración e incomprensión.

La depresión y la ansiedad son trastornos, patologías, igualmente graves que cualquier otra patología fisiológica. En este sentido, es necesario que pongamos en práctica un poco de sentido común, ya que son muchas las ocasiones en las que, en un intento de ayudar, se perjudica.

A continuación y de modo de ejemplo, finalizamos el artículo con una reflexión en clave de humor:

Divulgación Vs. Banalización. Artículo original de www.psicodifusion.es

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