La Navidad y el consumismo

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Artículo escrito por: Elías Almansa

El consumismo (y no Santa Claus, Los Reyes Magos o el Niño Jesús) es el principal protagonista de la Navidad. Todos lo saben, todos los admiten y todos se quejan del mismo, pero aun así todos consumen.

Cada año se asocia la Navidad al tema del consumo. Son numerosos los medios de comunicación que advierten de los excesos e informan de los indecorosos gastos medios por familia. Se trata de un argumento tan tópico que no solo roza el tedio, sino que parece haberse convertido en un elemento más de las fiestas junto con el Belén o el árbol de Navidad. Si no se discute el consumismo por las presentes fechas festivas, parece que a estas les falta algo. Aunque no solo es una cuestión de discusión, sino también de acción ya que es un acto indispensable como si el hecho de no hacer grandes compras por Navidad provocase la pérdida de toda su esencia.

Cada año se asocia la Navidad al tema del consumo

Esta situación no poco conocida y no poco argumentada puede generar dos grandes problemas principales de poca o transcendental importancia según la familia: la dificultad de afrontar todos los gastos y la contribución al ocaso del concepto navideño.

Dificultad de afrontar todos los gastos: No tengo dinero

No disponer de recursos económicos puede ser un motivo de tristeza en Navidad. Esta situación puede parecer insubstancial o superficial, pero su vivencia no resulta agradable y, como es de lógica, puede provocar sentimientos negativos hacia las fechas.

Consecuencia de ello se produce un incremento significativo de la solicitud de créditos bancarios en Navidad. ¿Realmente resulta necesario recurrir a un crédito bancario? En realidad, no. A pesar de que la Navidad lleve ensamblada los banquetes y los regalos, no hay que olvidar que la felicidad no se mide ni en la cantidad de comida ni de regalos.

La felicidad no se mide ni en la cantidad de comida ni de regalos

De hecho, endeudarse o gastar más dinero del que se puede permitir puede desembocar en un sentimiento de preocupación, ansiedad o angustia, lo cual no contribuye ni a la felicidad ni al disfrute de las fiestas.

En este sentido cabe reflexionar sobre qué se espera de estas fechas y, si la conclusión es disfrutarlas, habría que preguntarse con qué se puede disfrutar (pasando el tiempo en familia, encontrándose con amigos, etc.), y puede que, seguramente, en la respuesta no se encuentran ni los banquetes ni los regalos.

Existen multitud de formas de disfrutar el tiempo en Navidad sin la necesidad de gastar más que en otras épocas del año.

El ocaso del concepto navideño

El marcado precepto social que manda qué hacer o qué no hacer en cada momento no descansa por Navidad y el consumismo se ha asentado como un canon obligado de estas fechas. Si no se realizan grandes compras parece que surge una sensación de estar ultrajando las fiestas navideñas.

Y nada más alejado de la realidad, pues ya se sea creyente o no, el consumismo no es tan ciertamente obligado por dos razones principales:

En primer lugar, la Navidad es, en realidad, una celebración religiosa que, aunque se ha instaurado como tradición social, no deja de ser la conmemoración del nacimiento de Cristo. En este sentido, las personas creyentes sabrán que en nada se relacionan las enseñanzas bíblicas con la actual celebración, por lo que la necesidad de comprar o consumir carece de sentido ya que no tendría una relación directa con las fiestas, las cuales se pueden vivir muy felizmente sin la necesidad del consumo innecesario.

La Navidad se puede vivir muy felizmente sin la necesidad del consumo innecesario

Por otro lado, las personas no creyentes celebran esta fiesta como una tradición social. En este sentido, nada les obliga a tener que celebrar las fiestas de uno u otro modo, por lo que la manera en la que recreen la Navidad no deja de ser algo subjetivo y personal, de libre elección y sin la necesidad de seguir una norma u otra. De este modo, el consumir por Navidad porque es lo que hay que hacer carece igualmente de sentido.

Adoptar una pauta multitudinaria no significa, en muchas situaciones, estar haciéndolo mejor o peor que los demás. Las Navidades, como otras fiestas y celebraciones, se deben vivir y organizar según lo que cada persona considere que es más beneficioso para ella y los suyos. En definitiva se trata de disfrutar, y el modo de hacerlo tiene infinitas manifestaciones que pueden ser muy dispares según cada persona, pero nunca mejores ni peores.

En definitiva, abrazar el consumismo como parte de la Navidad no deja de ser una contribución al ocaso del concepto navideño, ya se conciba este como religioso o como tradición. Por consiguiente, el consumismo en Navidad no solo no tiene ningún sentido, sino que tampoco posee ningún tipo de justificación. La Navidad no es culpable de un consumo desmedido, si se consume es porque se quiere y no porque sea obligado.

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