¿Cómo te estás comportando con alguien que necesita apoyo? Ayudar, no ayudar o desayudar. Parte 2: Desayudar

Lo estás haciendo realmente mal

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Todos conocemos a personas que, si no padecen un trastorno mental, tienen algún tipo de problema emocional.

Ante esta situación se puede actuar de diferentes modos, de tal manera que no se ayude a la persona, se la ayude o se la desayude.

Si quieres conocer qué no hacer en estas circunstancias, es decir, desayudar, continua leyendo.

¿Por qué desayudamos?

Como ya se ha comentado, ante personas que están sufriendo un problema mental o emocional se reacciona de diferente modo y, muy frecuentemente, mal.

Si quieres conocer qué ocurre si no ayudas, visita el siguiente enlace:

Desayudar es el peor comportamiento que se puede presentar ante una persona que demande ayuda o en la que detectemos que la necesita.

El motivo de por qué actuamos de ese modo no suele ser malicioso ni malintencionado. Lo más común es que estas acciones estén motivadas por el desconocimiento o como mecanismo de defensa. De hecho, es frecuente que estas conductas surjan con el fin de ayudar al otro, asistencia que resulta ser tan desafortunada que, en lugar de ayudar, hace el efecto contrario, se desayuda.

Consecuencias nefastas

Las personas con problemas mentales y/o emocionales son altamente sensibles a su entorno. Si a esto se le suma una mala interacción, el resultado puede ser nefasto, ya que es posible que afecte directamente al problema que acusan, incrementándolo aún más y, consecuentemente, incrementando su sufrimiento.

Si a la frustración, estigmatización, impotencia y angustia que presentan las personas con problemas mentales les sumamos la desayuda, los resultados serán catastróficos.

¿Qué tipo de comportamientos desayudan?

Hay numerosos comportamientos y modos de actuación que contribuyen a desayudar.

Si quieres ver algunos comportamientos inadecuados derivados del desconocimiento, visita el siguiente enlace:

Por lo general, las personas que actúan desayudando no tienen la intención de hacerlo, creyendo que su intervención les va a ayudar. En este sentido, procedemos a destacar los principales comportamientos que desayudan.

Se desayuda cuando:

Se desdramatiza. Desdramatizar es el comportamiento por el cual se resta importancia a la información que contiene el mensaje. Este tipo de comportamiento se emplea como modo de defensa ante situaciones adversas con el objeto de minimizar el carácter negativo de las mismas o para intentar (de un modo funesto y equivocado) tranquilizar al otro. En la desdramatización se utilizan frases tales como: “No es para tanto”, “Hay cosas más graves”, “Eso no es nada”, “Anda que si tuvieses una enfermedad de verdad…”.

-Se es egocentrista. El egocentrismo es el comportamiento que aparece cuando se comunica un mensaje atribuyéndose parte del contenido del mismo. Ocurre cuando una situación negativa se asocia a experiencias vitales propias del emisor, el cual se expone como ejemplo cuando emite el mensaje. En el egocentrismo se utilizan frases tales como: “Ah, pues yo estoy peor”, “Yo una vez estuve triste, con depresión, y no me lo tomé tan mal”, “Eso me ha pasado a mí y tampoco es para tanto”, “Cuando me echaron del trabajo yo también estaba deprimido…”.

Se trata la situación con humor. Este comportamiento se realiza con el fin (muy mal pensado y llevado) de quitarle peso a la situación, ya sea porque nos sentimos incómodos con la misma o porque intentamos tranquilizar (de nuevo funestamente y de modo equivocado) al otro. Esta actuación no minimiza la ansiedad del sujeto, sino que la aumenta por el carácter socarrón y fuera de contexto que se le otorga a su problema. Los componentes humorísticos pueden resultar ofensivos para el otro y se trata de una conducta indicativa de desprecio ante la expresión emocional del afectado y sus problemas.

Se cambia de tema. En ocasiones, cuando alguien manifiesta un malestar con el fin de encontrar ayuda, se le responde cambiando de tema. Esto se hace, por un lado, para evadir el mensaje negativo que no queremos oír, como un mecanismo de defensa. Por otro lado, también se realiza para que el otro no sufra y reviva su malestar, como si cambiando de tema se fuese a distraer y a olvidar su problema por completo. Esto no ocurre así. Si le cambiamos de tema estamos evitando que esa persona se exprese y se desahogue, lo cual provoca una desayuda y no una ayuda.

Se culpabiliza. Es común que, cuando alguien nos cuenta un problema, se reaccione con un reproche. Es el comportamiento por el cual se recrimina al interlocutor por sus problemas. El reproche es uno de los comportamientos más dañinos ante una persona que necesita ayuda, ya que esta persona acude con un problema y, tras el sermón, se va con dos. Asimismo, la persona puede llegar a creer que el problema es suyo, es decir, que es culpable de pasar lo que está pasando. Nadie es culpable de tener una depresión, de tener ansiedad ni padecer cualquier tipo de problema mental o emocional. El reproche se manifiesta en frases como: “Si no hubieses hecho….”, “Te dije que….”, “Eso te pasa por…”.

Se dirige, manda o se recetan consejos. Se trata del “consejos vendo pero para mí no tengo”. Es el comportamiento por el cual se cree poseer toda la verdad y razón, y se le dan una serie de instrucciones al otro (por lo general poco válidas y/o perjudiciales) con el fin de que el otro las acate y finalice con su mal. Este tipo de recomendaciones no solo no suelen servir para nada, sino que pueden hacer sentirse peor a la persona a las que van destinadas. Algunos ejemplos de esta situación se representan en afirmaciones tales como: “Tú lo que tienes que hacer es dejarte de tonterías…”, “Tu eres muy joven para estar así…”, “El mundo es maravilloso, anímate…”, “Lo que tienes que buscarte es una afición (o una pareja)…”.

Se interpreta la situación. Esta circunstancia aparece cuando nos creemos muy empáticos y listos y se lo hacemos ver al otro en un ataque de inspiración. Por lo general, la mayor parte de las personas no sufre ni depresión ni ansiedad patológica, así que no es posible que puedan saber a ciencia cierta lo que siente la otra persona. De este modo, se piensa que el afectado siente tristeza o agobio y se le dan recomendaciones de baja calidad tales como: “Anímate”…“Sal más”… “Haz más amigos”… “Cambia el chip”… A la otra persona le gustaría animarse, salir más, hacer más amigos y cambiar su modo de ver las cosas, pero su patología lo hace imposible y estos consejos caseros únicamente lo hacen sentirse más frustrado e incluso culpable por no ser capaz.

Se insulta o ridiculiza. Aunque parezca mentira esto ocurre. Sí, muchas personas cercanas insultan o ridiculizan a alguien con un problema emocional o un trastorno mental. Generalmente ocurre cuando se compara o desdramatiza, ya que son comportamientos que suelen ir unidos. Asimismo, hay personas que creen que este tipo de patologías o problemas son signo de debilidad, sobre todo si son sus parejas o hijos quienes lo padecen, como si la fortaleza de la persona tuviese algo que ver con padecer este tipo de problemas. Esto es una idea evidentemente falsa.

Se compara. Esta actuación, como se ha comentado, suele ir unida a conductas como el egocentrismo (cuando se compara al otro con uno mismo), la desdramatización e incluso la ridiculización. Se trata de poner el problema ajeno a una altura inferior a la de otras situaciones negativas. Esto no es correcto, ya que algo que causa dolor y sufrimiento no es comparable con otra situación, ya que lo que siente esa persona es subjetivo e intransferible. Este tipo de comportamientos se manifiestan con afirmaciones tales como “Peor es un cáncer”… “Hay cosas peores”… “Pues a mí me fue peor que a ti y no me lo tomé como tú…”, “Hay muchas personas que están peor que tú”…

Todos estos comportamientos y verbalizaciones son bastante frecuentes y es posible que alguna vez hayamos caído en alguna. De ahí la importancia de identificarlas para no repetirlas y desayudar al otro.

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