¿Cómo sé que un niño tiene Trastorno de apego reactivo?

El Trastorno de apego reactivo es una condición psicológica que pertenece al grupo de Trastornos relacionados con traumas y factores de estrés que se da en niños.

El diagnóstico de este trastorno debe realizarse por un profesional, pero puede haber signos que indiquen que un niño lo padece.

En el presente artículo se tratará de indicar como se identifican las señales de alarma por Trastorno de apego reactivo.

¿Qué signos son los relevantes en el Trastorno de apego reactivo?

Ya hemos hablado con anterioridad del Trastorno de apego reactivo y de cómo los niños que lo padecen muestran un comportamiento retraído e introvertido, con especial rechazo hacia los adultos.

Si quieres conocer qué es el Trastorno de apego reactivo pincha aquí

Los niños con un Trastorno de apego reactivo muestran un comportamiento inhibido hacia los demás, sobre todo hacia los adultos. Asimismo, no suelen manifestarles sus preocupaciones o emociones, sean estas positivas o negativas.

De este modo, hay que observar si el niño busca consuelo en sus adultos cuando siente un evidente malestar o si se deja consolar por ellos. Si no es así, puede que el niño padezca un Trastorno de apego reactivo.

Para una mejor comprobación de que esta situación puede llegar a estar ocurriendo podemos fijarnos si el niño se comporta emocional y/o socialmente de modo diferente al resto. De este modo, podemos plantearnos las siguientes cuestiones:
-¿Tiene el niño una reacción social y/o emocional mínima hacia los demás?
-¿Muestra el niño un afecto positivo mínimo o nulo?
-¿Son frecuentes los episodios de irritabilidad, tristeza o miedo inexplicado que son evidentes incluso durante las interacciones no amenazadoras con los adultos?

Si dos o más de estas cuestiones resultan ser afirmativas, es más que posible que exista un Trastorno de apego reactivo.

¿Por qué le ocurre esto al niño?

El Trastorno de apego reactivo no es algo con lo que se nazca, ni producto del carácter introvertido de un niño.

El Trastorno de apego reactivo se deriva de la vivencia de experiencias negativas del contacto del niño con los adultos. Esto puede venir de abusos al niño o maltrato, pero el principal responsable del Trastorno de apego reactivo es el tipo de patrón educativo al que se está sometiendo al niño, el cual, como no podía ser de otra forma, no es el más adecuado.

De hecho, cuando un niño comienza a comportarse de este modo es más que probable que esté experimentando un patrón extremo de cuidado insuficiente. Esto no tiene que entenderse como que al niño se le maltrata (que también podría ser el caso) sino, simplemente, que el modo en el que se le está tratando no es el correcto.

Un patrón educativo en exceso permisivo que roza, que toca o que ya se adentra en lo negligente puede ser la causa del Trastorno de apego reactivo.

En ocasiones se piensa, erróneamente, que al niño hay que darle libertad para decidir y para que tome sus propias decisiones. Esto es positivo, pero siempre que se realice dentro de una sensatez y se utilice el sentido común.

En este sentido, es adecuado que al niño se le dé una cierta libertad en la toma de decisiones, pero esto dista mucho al abandono a su suerte.

No olvidemos que el niño es biológicamente un organismo en desarrollo, el cual, por naturaleza, está preparado para aprender una normativa y el modo adecuado o no de comportarse o actuar ante las diferentes situaciones cotidianas (lo que se puede o no comer, lo que se puede o no tocar, lo que es peligroso, lo que es inocuo, etc.).

Si nos fijamos en los contextos más naturales podemos comprobar que cada especie animal tiene un patrón de organización en manada y comportamientos diferentes al de las otras especies. Pero todas ellas coinciden en el cuidado y la atención de las crías.

Esto ocurre porque el individuo se encuentra en su período de mayor vulnerabilidad durante sus primeros meses o años de vida, los cuales deben ser superados con éxito para el bien de la supervivencia de la especie.

De este modo, las diferentes madres enseñan a sus crías lo que se puede comer, lo que no o cómo se realizan determinadas conductas para la adecuada integración en la manada y/o para sobrevivir de los depredadores y otros peligros.

Todos estos ejemplos, que tan evidentes parecen puestos en papel, son, en definitiva, normativas. En este sentido, todo niño está preparado biológicamente para aprender unas normas y para ser conducido, asesorado y protegido en sus primeros momentos de vida.

Por mucho que a algunas personas les disgusten las normas, estas son necesarias para la supervivencia de niño en el contexto natural, en general, y para su adecuado desarrollo mental, en particular.

Dejar que el niño tome sus decisiones es una actitud muy adecuada, ya que se le está estimulando al niño para que gane habilidades de solución de problemas. Pero de ahí a no brindarle ayuda o apoyo alguno hasta el punto de la desatención, es muy diferente. Y es en estos casos donde puede comenzar a aparecer el Trastorno de apego reactivo.

De este modo, que un niño aprenda solo de las experiencias de la vida puede ser adecuado hasta cierto punto. No hacerlo adecuadamente puede provocar la aparición incluso de alteraciones psicológicas y/o emocionales como el Trastorno de apego reactivo.

¿Qué hacer entonces? ¿Cómo saber si se está haciendo bien o mal? No hace falta caer en quebraderos de cabeza, alarmismos o preocupaciones infundadas. Tiene que darse una situación en exceso negligente para que aparezca el Trastorno de apego reactivo u otro tipo de problema en el niño derivado de su educación.

El límite, la solución, la pauta a adoptar vendrán siempre definidas por el sentido común.

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