Cómo se acuñó el concepto de salud mental

Y por qué tuvo que lidiarse una guerra para ello

El pasado sábado 10 de octubre se celebró el día mundial de la salud mental, en un año en el que ésta se ha visto mucho más afectada debido a la crisis del COVID-19.

En este artículo deseamos hacer un pequeño recordatorio de cómo se acuñó la salud mental y el beneficio que ha supuesto para la humanidad en general y la sanidad en particular.

¿Qué es eso de salud mental?

Actualmente, las personas se preocupan por su bienestar emocional, saben identificar cuando no están felices o les ocurre algo que les incomoda o que deteriora su calidad de vida. Pero esta concepción de nuestro estado de ánimo y/o mental no se remonta siglos atrás. De hecho, es algo relativamente reciente.

En la antigüedad, las personas enfermaban de dolencias físicas que se trataban de un modo u otro, pero no existían otro tipo de padecimientos, más allá de los orgánicos, que fuesen ni tratados ni descritos. Efectivamente, la locura y el malestar emocional han existido desde que el hombre es hombre, pero su origen se le atribuía, por lo general, a un campo más espiritual que médico.

Los avances médicos que se realizaron a lo largo de la historia fueron identificando determinadas condiciones mentales patológicas, pero a todas ellas se les atribuía un origen orgánico y no mental.

¿Cuándo cambió esta situación?

El concepto de salud mental no se hizo posible hasta el trascurso de las guerras mundiales.  Fueron tantas las bajas por estrés postraumático en general, y por la denominada “locura de trinchera” en particular, que los hospitales no daban abasto.

Los países tuvieron que tomar medidas al respecto y se hizo necesario que la atención sanitaria se incrementase y actualizase para poder dar cobertura a pacientes para los cuales no existía protocolo de actuación. No se podía permitir que soldados que no estaban heridos fueran incapaces de combatir. Toda una cuestión logística, política y/o económica más que médica, pero que contribuyó en gran medida a los avances sanitarios futuros.

Y así fue. En 1950, un comité de expertos de la OMS presenta una primera definición de salud mental, lo cual suponía el primer paso para abordarla.

¿Pero nadie se había dado cuenta antes?

La enfermedad mental está presente desde el principio de la humanidad, pero siempre se trató bajo un punto de vista místico u orgánico. No fue hasta después de las grandes guerras que se  reparó en que este tipo de dolencias necesitaban de definición, de protocolo de actuación y de tratamiento.

En realidad, guerras ha habido siempre y, por consiguiente, secuelas mentales para aquellos que las vivieron. Pero las guerras mundiales fueron pioneras en su desarrollo, y las secuelas físicas que provocaron fueron equiparables a las mentales.

A día de hoy, la salud mental ha vuelto a experimentar un cambio, no tan contundente, obviamente, como su aparición en el siglo pasado, pero sí lo suficientemente importante como para señalarlo. Se trata de las consecuencias de la actual pandemia en la sociedad en general y en el campo de la salud mental en particular.

Los cambios en la sociedad y los colapsados sistemas de salud han provocado que muchos enfermos mentales hayan empeorado su situación, ya sea por la falta de medios o por su dificultad para afrontar la crisis. Asimismo, son muchas las personas que han desarrollado patologías mentales derivadas de la crisis del COVID-19.

Es por ello que, este año, la campaña del Día Mundial de la Salud Mental se ha propuesto conseguir el incremento de las inversiones a favor de la salud mental, esperemos que con éxito.

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