¿Cómo puedo regañar a un niño?

Regañar no es nocivo, pero sí puede serlo el modo de hacerlo

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En anteriores artículos se ha tratado el tema de poner normas y límites a los niños y cómo estas pautas no solo no son perjudiciales para el menor, sino que son fundamentales para su educación y desarrollo.
Pero el modo de imponer las normas y de recriminar al niño por un comportamiento determinado no siempre es el adecuado.
En el siguiente artículo se tratarán los modos adecuados para corregir los comportamientos inadecuados de un niño.

¿Por qué y para qué se regaña?

A los niños se les regaña por múltiples motivos. Puede que se trate de un comportamiento inadecuado o que no nos agrada, pero también puede que el menor haya realizado una conducta que pueda suponer un peligro o un daño para el mismo o los demás.

Regañar es un modo para que el niño aprenda y que no vuelva a realizar estas conductas, y que siga una serie de normativas sociales y/o familiares adecuadas. Todos queremos que nuestros niños aprendan y que sean así mejor personas y más felices. Evitar regañar es un error, ya que el niño nunca aprenderá y tendrá el riesgo, además, de desarrollar una baja tolerancia a la frustración, lo cual va a causarle mucha infelicidad en su futuro.

De este modo, hay que destacar que regañar no es algo negativo, pero si puede serlo el modo de hacerlo.

Si quieres saber por qué se le deben poner límites a un niño, pincha aquí.

Previamente a tratar el modo de cómo regañar a un niño, hay que plantearse por qué se le regaña y para qué. En este sentido, cabe decir que recriminar sin motivo alguno (circunstancia que ocurre, por desgracia, tanto hacia menores como hacia adultos) no es nunca adecuado y es fruto de nuestras frustraciones que, manifestadas de modo negativo hacia el otro, las trasladamos, sin darnos cuenta de que no hay culpable o que los culpables somos nosotros mismos. Este tipo de reacciones no solo son injustificadas e injustificables, sino que pueden dañar, en mucho, la autoestima de la persona que las recibe.

Por ello, es imprescindible pensar antes de actuar e identificar si la regañina está justificada y tiene un objetivo concreto.

¿Cuál es nuestro objetivo?

A la hora de recriminar un comportamiento a un niño, se debe pensar cuál es nuestro objetivo. Por lo general suele estar claro: que no vuelva a manifestar ese comportamiento.

Pero para que esto ocurra la regañina debe ser efectiva. Cuando un niño vuelve a realizar la misma conducta inadecuada varias veces y se le ha regañado por ello en todas las ocasiones, algo se está haciendo mal.

Por ello, es importante saber cómo hay que regañar y hacerlo de un modo adecuado que cumpla nuestros objetivos.

Claves para regañar efectivamente a un niño

A continuación se dan algunas de las claves más importantes para regañar de modo adecuado a un niño (claves, las cuales, son trasladables a cualquier otro entrono).

  1. No aterrorices. No por causar miedo se ostenta una mayor autoridad. El lema “la excesiva grandeza debe siempre influir temor” es una falsa idea. La verdadera y duradera autoridad se consigue a través del respeto y no del temor. Hasta al miedo se acostumbran las personas y, además, cabe la posibilidad de que el temor provoque la pérdida de respeto. Si las situaciones de amenaza y/o miedo son comunes, puede que el niño se habitúe a ellas. Además, este método puede corregir determinadas conductas, pero siempre a través del miedo, lo cual no significa que el niño las haya aprendido realmente. Por ello, amenazar, atemorizar o asustar no es un buen sistema.
  2. No humilles. La humillación hacia el otro es el medio más rastrero y bajo de manifestar autoridad. La autoridad derivada de la humillación no es solo breve, sino que anula por completo el respeto que es, precisamente, el pilar en el que debemos basar nuestra autoridad. La humillación es el modo en el que los matones y acosadores ostentan su poder, poder el cual resulta poco noble. Regañar utilizando la humillación puede causar que el niño sufra problemas de autoestima que lo pueden perjudicar en gran medida, no solo en su niñez, sino también en su adultez. Asimismo, los valores que le estamos brindando al menor a través de la humillación no son de gran calidad.
  3. No mientas. En el momento en el que se le regañe al niño por algún motivo, mentir sobre el porqué algo está mal es incorrecto por tres razones lógicas: primero porque mentir está mal; segundo porque al niño se le están dando unos valores en los que mentir es aceptado; y tercero porque, cuando el menor descubra que es mentira (que lo descubrirá), nuestra credibilidad y, por consiguiente, nuestra autoridad, caerá por completo. De este modo, siempre debemos ser sinceros cuando argumentamos el motivo de la regañina, y si se impone un castigo siempre y en todo momento hay que llevarlo a cabo.
  4. No sermonees. El sermón es un viejo conocido en la mala comunicación. En ninguna circunstancia hay que sermonear, ya que la persona que ha cometido el error, en este caso el niño, no aprenderá nada. Únicamente resultará que le niño tendrá dos problemas en lugar de uno: un problema derivado de su conducta incorrecta y otro derivado del sermón. Hay que clarificar que sí es adecuado explicar al niño el motivo de porqué está mal su conducta, pero nunca a través del sermón.
  5. Privacidad. Lo que tengas que decirle al niño, que quede entre el niño y tú. No es adecuado regañar delante de otras personas. Esto es porque este tipo de actuaciones resultan humillantes para el menor y, como hemos comentado, la humillación no es el mejor modo de regañar. En el caso en el que el menor esté acometiendo una conducta inadecuada en público (por ejemplo, tocando objetos que no se pueden tocar en un comercio) se aparatará al niño de la actividad y se le regañará en privado. Sí se le puede hacer un gesto al niño o retirarlo del eje de su mal comportamiento, pero nunca recriminarle el mismo con público.
  6. Utiliza la empatía. Antes de regañar, ponte en el lugar del otro. Piensa porqué el niño ha realizado esa conducta y lo que quería lograr con ella. Esto te permitirá explicarle mejor el motivo de porque es incorrecta y ofrecer alternativas para que logre ese objetivo de otro modo. Además, es importante que el niño se dé cuenta de que comprendes el motivo de su comportamiento por dos motivos principales: primero porque se sentirá comprendido y segundo porque aprenderá a ser empático, lo cual es de gran utilidad en la vida y le ayudará a mejorar sus habilidades sociales y autoestima.
  7. Utiliza la asertividad. Cuando no se regaña utilizando el miedo, no se insulta, no se humilla y se razona con el niño, se está siendo asertivo. Es necesario que se regañe bajo unas bases asertivas de modo que el niño se dé cuenta que estamos siendo empáticos y, a su vez, que él sea empático con nosotros, de modo que entienda porqué estamos dolidos, decepcionados o enfadados con él, y que él estaría igual en nuestro lugar.
  8. Ofrece alternativas. Ofrecer alternativas es parte de ser asertivo y empático. Si comprendemos el motivo por el que el niño ha realizado esa conducta, podremos ofrecerle alternativas para lograr su objetivo de otro modo más correcto. Esto, además, provoca que el niño vaya adquiriendo habilidades de solución de problemas. Si el niño ostenta una cierta madurez o edad se le puede pedir que proponga él las alternativas.
  9. Refuerza otras conductas positivas contrarias al hecho por el que se ha desencadenado la regañina. Una vez pasada la regañina se deben reforzar aquellos comportamientos contrarios a la mala conducta, por ejemplo, ante la ejecución de algunas de las alternativas propuestas.

En conclusión, regañar a un niño no es nocivo si el modo en el que se hace es adecuado.

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