Bullying. Parte 3: Las señales

Signos y comportamiento que indican bullying

En los artículos anteriores (Bullying. Parte 1: No es nada nuevo y Bullying. Parte 2: Los mitos del Bullying) se repasaba el concepto de acoso escolar y sus características. En el presente artículo se expondrá cómo se detecta el mismo y las señales de alarma.

El diagnóstico

No todas las muestras de agresividad escolar son bullying. Para que una situación sea catalogada de bullying debe existir un comportamiento agresivo de uno o varios sujetos hacia uno o varios individuos que, además, cumpla al menos tres de los siguientes criterios:

• Agresión deliberada: La agresividad no surge accidental ni puntualmente, sino que hay una intencionalidad.

• Abuso de poder: Se percibe un desequilibrio de poder entre el acosador y la víctima. El acoso aparece como una muestra hostil de superioridad hacia alguien que se considera inferior, ya sea físicamente (más débil, más bajo, de menor edad, etc.), por la personalidad (personas de temperamento calmado o apocado) socialmente (con un grupo de amigos reducido, sin amistades o rechazados por el resto de los compañeros) y/o por el aspecto y las características personales (tendencia sexual, sobrepeso, presencia de algún defecto físico, la ropa, etc.). No obstante, presentar una característica diferenciadora no es un factor necesario para que se produzca el bullying. El desequilibrio de poder puede manifestarse de muchos modos.

• Repetición: El acoso no se produce de modo puntal, sino que hay una repetición de la hostilidad continuada hacia la víctima.

• Angustia: La víctima sufre angustia continuada derivada de las agresiones que le afecta a nivel físico, emocional y/o psicológico.

• Incitación: El comportamiento agresivo reporta recompensas al agresor, ya sea a nivel social o personal.

No todas las muestras de agresividad son bullying

Señales de alarma

Como se ha comentado, no toda la hostilidad escolar es bullying. Por ello, es conveniente prestar atención a determinadas señales que pueden ser una alarma de un presente o futuro bullying.

En ocasiones, el acoso es evidente. Hay egresados con fama, más que merecida y evidente comportamiento de matón. Las hostilidades son explícitas e innegables.

Asimismo, las víctimas, así como sus padres, pueden manifestar la presencia de acoso escolar. Pero en otros casos, el bullying puede pasar desapercibido. Es en estas situaciones en las que, tanto padres como profesores, deben prestar atención a determinados comportamientos que pueden denotar la existencia de acoso.

El bullying puede pasar desapercibido

Algunos indicios de un posible bullying son los siguientes.

En la víctima:

• Aparición de lesiones físicas inexplicables. Se trata de señales que no se explican como consecuencia de la rutina habitual de la persona (marcas, moratones, etc.).

• Muestras de ansiedad. En ocasiones, aunque la persona sea tendente a la ansiedad, se muestra incluso más ansiosa o con sintomatología de estrés postraumático (pesadillas, por ejemplo).

• Ropa perdida o destruida. Es habitual que la víctima, en un intento de esconder el acoso, ya sea por miedo o por vergüenza, se deshaga de determinadas prendas de vestir que pueden ser indicadores de agresión (por estar manchadas con sangre, rotas, etc.).

• Cambios en los hábitos de sueño o de comida. El estrés y la angustia de las agresiones continuadas puede hacer que la víctima deje de comer o coma en exceso, por la ansiedad consecuente, o que experimente problemas para dormir o que duerma en exceso.

• Bajo rendimiento escolar. La víctima, debido a la situación problemática a la que se enfrenta día a día, sufre una merma en las calificaciones escolares.

• Absentismo. Es posible que la víctima deje de acudir a la escuela como modo de evitación del problema. Esto puede producirse con o sin el conocimiento de los padres. Puede que la víctima ponga escusas a sus padres con el fin de ocultar el acoso y poder librarse de asistir a clase (por ejemplo, estar enfermo).

• Agresión. Existen muchos modos (erróneos) de afrontar un problema. La evasión (a modo de absentismo escolar en estos casos) es uno de ellos, pero también pueden existir conductas de heteroagresión (mal humor, gritos a los padres, irritabilidad, malas contestaciones, etc.) o autoagresión (autolesiones, castigarse con, por ejemplo, no comer, etc.).

• Intentos de suicidio. Este comportamiento suele aparecer cuando el acoso está instaurado y es evidente, pero puede que un intento de suicidio destape un abuso continuado en el tiempo y bien escondido.

• Manifestaciones excesivas de autoculpabilidad y disculpas. En ocasiones, la víctima cree ser el culpable de su acoso. En estos casos es frecuente que muestre un comportamiento sumiso y de continuas disculpas. Esto es, además, una señal de una baja autoestima, sobre todo si no es una conducta que realizaba previamente.

• Mentiras. Es posible que la víctima mienta para ocultar el acoso (no asistir a clase sin que los padres lo sepan, poner escusas del porqué no ha hecho algo, inventar dónde ha estado, etc.).

En el agresor:

• Haberse visto involucrado en disputas verbales o físicas en el colegio. Una pelea escolar no tiene que ser bullying necesariamente, pero el hecho de que una persona esté involucrada continuamente en ellas, puede ser un indicio de alarma.

• Haber recibido varios toques de atención. Cuando un alumno recibe varios toques de atención por parte del profesorado, puede ser un indicio para los padres de que su hijo puede estar cometiendo acoso escolar.

• Círculo de amigos. Las redes sociales (y más aun en la preadolescencia y adolescencia) pueden influir enormemente en el comportamiento de una persona. Si un niño comienza a tener un círculo de amigos con precedentes de acoso, puede ser una señal.

• Aumento de agresividad. El agresor puede normalizar su conducta hostil y generalizarla en sus actividades cotidianas, como en su casa o con sus amigos fuera de la escuela.

En los testigos:

• Comportamiento extraño. Puede que una persona testigo de abuso (sobre todo si el abuso recae sobre alguien querido) cambie su comportamiento (no quiere asistir a la escuela, baja el rendimiento escolar, cambia su círculo de amigos, se retrae, etc.).

• Agitación emocional. Es frecuente que el testigo esté emocionalmente alterado.

• Depresión. Presenciar abusos puede provocar un decaimiento leve o grave en el estado de ánimo del testigo, ya sea por miedo de que le ocurra algo similar, porque le está ocurriendo a una persona cercana a nivel emocional o porque se siente herido al empatizar con la víctima.

• Trastorno de estrés postraumático. Es posible que el testigo muestre síntomas leves de estrés postraumático (pesadillas, sobresaltos, etc.). Si ha presenciado una agresión mayor (como abusos sexuales) el estrés posttraumático puede estar instaurado y requerir tratamiento.

• Drogadicción. La evasión, como se ha comentado, es un modo frecuente de afrontar problemas. Las drogas y el alcohol son un método recurrente de evasión, ya que la persona se refugia en ellos con la sensación de huir de la realidad. Este tipo de conducta se suceden cuando se ha sido testigo de algo que ha causado un gran trauma, como son los abusos sexuales, por ejemplo.

• Intentos de suicidio. Los intentos de suicidio no son las conductas más habituales en los testigos de acoso, pero pueden aparecer si existe una depresión grave o un trastorno de estrés postraumático.

Las señales que manifiesta una víctima y un testigo pueden coincidir. De ello la importancia de detectar el problema a tiempo.

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