Tengo baja autoestima ¿Cómo puedo mejorarla?

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Parece que la autoestima nace y se crea en uno mismo de modo espontáneo, pero no es así. La autoestima se puede trabajar y no es algo con lo que se nace, sino que se aprende.

No se nace con la autoestima predeterminada

Una baja autoestima tiene consecuencias negativas tales como una mayor susceptibilidad a la depresión, inseguridad y, en definitiva, no contribuye a la felicidad de las personas.

La baja autoestima tiene consecuencias negativas que interfieren en la felicidad

En el presente artículo se tratará el modo de aumentar la autoestima.

¿Cómo puedo aumentar mi autoestima?

No existe un remedio inmediato con el que aumentar la autoestima, para ello es necesario que el esquema mental de uno mismo, es decir, la autopercepción o cómo nos percibimos a nosotros mismos, se modifique, y esta modificación comienza por un cambio en el comportamiento. En la mayor parte de las situaciones no se puede cambiar lo que se piensa, pero sí se puede cambiar lo que se hace y esto, paulatinamente, irá modificando nuestra manera de pensar.

No existe un remedio inmediato para aumentar la autoestima

De este modo, la autoestima no es posible si no coincide una circunstancia: la seguridad en uno mismo.

¿Cómo se logra ser más seguro?

Hay dos modos principales para ser más seguro en uno mismo: tener unas adecuadas habilidades relacionales y de solución de problemas. Este tipo de habilidades se consiguen con la práctica y, en el caso de carecer totalmente de ellas, se puede contar con la ayuda de un profesional que dote de estrategias específicas para su desarrollo.

No obstante, a continuación se incluyen una serie de consejos para lograr aumentar la seguridad en uno mismo y, a su vez, la autoestima:

1. No desees, hazlo

Sustituye la represión y la abstinencia por la satisfacción. No permitas arrepentirte de lo que no has hecho. Asimismo, desear sabiendo que ese deseo no es susceptible a cumplirse es improductivo. No te recrees en los deseos, puesto que no son reales. Disfruta de la existencia vital presente. Pregúntate “¿qué quiero?” y, cuando tengas la respuesta, empieza.

2. Elije

La pregunta “¿qué quiero?” Puede tener varias respuestas y para empezar hay que elegir entre las posibles opciones. Las situaciones vitales no son determinantes, aunque así lo parezcan algunas, todas ellas son siempre susceptibles a la claudicación, es decir, siempre se puede optar. El ritmo de vida, el estrés, los continuos problemas o la monotonía pueden llegar a hacer pensar a algunas personas que no les gusta su vida. Asimismo, es posible que ocurran circunstancias que provoquen un sentimiento de estar atrapado o condenado con una situación en concreto. Este tipo de circunstancias únicamente son una percepción. Siempre hay otras alternativas, aunque la más drástica consista en abandonar. El objetivo último es valorar qué circunstancia nos va a reportar una mayor felicidad. El hecho de saber que hay una salida minimiza o elimina el sentimiento de “estar atrapado”, aunque al final se valore que esta situación difícil es la que más compensa en relación a otras opciones.

3. Empatiza

Para elegir la opción más adecuada, previamente, hay que ponerse en el lugar de los demás con el fin de que la decisión no tenga consecuencias perjudiciales para nadie. La empatía permite situarse en la perspectiva del resto de las personas, lo que puede facilitar la elección de una determinada decisión. Asimismo, hay ocasiones en las que las decisiones o nuestro comportamiento se ven influidos por el comportamiento ajeno, sobre todo, cuando este no es deseable. Ponerse en el lugar del otro supone comprender también el motivo de su comportamiento. La mayoría de las personas, cuando hacen las cosas mal, no lo hacen por maldad, sino por dos motivos principalmente. El primer motivo es porque cometen un error, es decir, no actúan intencionadamente. El segundo motivo es porque no saben hacerlo de otro modo y consideran que ese modo de actuar es el más correcto en ese momento o el menos perjudicial para ellos. Estas dos situaciones se resumen en el error. Las cosas malas, por tanto, no derivan de la maldad, sino de la falta de conocimiento de cómo actuar en situaciones difíciles. Considera asimismo que tú podrías haber actuado igual en una situación similar.

4. Responsabilízate

No siempre lo que se elije finaliza con éxito, no siempre el comportamiento propio resulta adecuado y, en definitiva, nosotros también hacemos cosas mal. En estos casos, se responsable. Identifica, reconoce y acepta tus errores. Permítete equivocarte. Todas las personas cometen errores, por lo que no son motivos de vergüenza, sino oportunidades para aprender. Cuando cometas un error, soluciónalo. Si no tiene solución, pide disculpas si hay personas ajenas implicadas y no malgastes el tiempo con ello. Resumiendo: si tiene solución, soluciona. Si no puedes solucionar, corrige. Si no tiene solución ni puedes corregir, aprende.

5. Se asertivo

La asertividad es uno de los modos más adecuados para solucionar circunstancias indeseables. Ante situaciones problemáticas o conflictivas compórtate asertivamente. No seas pasivo ante aquello que te molesta, pero tampoco te comportes agresivamente. Cuando alguien o algo no te agrade, simplemente soluciona y, si no tiene solución, no malgastes el tiempo con ello.

6. La unión hace la fuerza

No te inhibas si crees conveniente solicitar ayuda. Lo que para una persona puede ser un problema, otra lo puede percibir como algo de sencilla solución, por lo que la ayuda del entrono es de gran utilidad. Esto no significa ser dependiente de otras personas, sino contar con el apoyo del entorno. Cuando se solicita ayuda hay que considerar que el otro no tiene la obligación de ofrecerla. Asimismo, si alguien solicita tu ayuda tú no tienes la obligación de ofrecerla. Ayuda porque quieres y nunca por obligación. Cuando ayudes jamás esperes que el otro te ayude en una situación similar, ya que tampoco tiene la obligación. Cada persona es libre de elegir y es este sentido no caben los reproches.

7. Sé individualista y aprende a decir “no”

La unión hace la fuerza pero siempre y cuando no sea algo negativo. No es posible tener unas buenas relaciones personales con los demás si no se tienen con uno mismo. A pesar de que solicitar ayuda es un derecho, no se trata de un deber. Si una determinada acción o comportamiento reporta malestar, no la realices. Hay personas que pueden pedir que se haga algo que no se quiere hacer. En estos casos, se debe dar una negativa, siempre siendo asertivo. Nunca se debe hacer algo por otro que no se desee hacer, al igual que el otro puede rechazar una petición nuestra total y legítimamente.

8. Respeta

Respétate a ti mismo y a los demás. El individualismo y decir “no” es un modo de respetarse a uno mismo, pero también lo es decir “no” a otra persona, ya que es preferible la negativa a ceder forzado y a disgusto ante una petición ajena. Respetar, asimismo, significa no reprochar, no juzgar y no agredir.

9. Desecha emociones improductivas

La tristeza, el miedo o incluso el asco son emociones que pueden ser más o menos desagradables, pero son inherentes al ser humano y con un fin biológico. Pero otras emociones como la envidia, los celos o el orgullo son emociones no solo improductivas, sino dañinas para uno mismo y que implican a terceros. El lapso de tiempo que se dedica a recrearse en estas emociones es tiempo dilapidado. Envidiar es absurdo y se basa en desear, lo cual no es real. No desees, hazlo. Los celos surgen por inseguridad o falso sentimiento de posesividad, ambas circunstancias irrazonables. La inseguridad puede surgir por el miedo a la pérdida, la cual muy seguramente se producirá a causa de los celos. La posesividad no es real, ya que nadie posee a nadie y cada persona es libre de elegir. Por último, el orgullo no solo es una emoción que denota inmadurez, sino que supone una pérdida para uno mismo y para el otro.

10. Si no quieres que se enteren, no lo hagas

Sin entrar en juicios, en la vida se hacen cosas, de modo consciente, que no siempre son del todo correctas. Ante la duda de hacerlo o no hay que plantearse la compensación y las consecuencias de dichas acciones. Si estas compensan, adelante. Si no compensan, abandona la idea. Asimismo, siempre actúa como si todo aquello que hagas se fuese a hacer público. De este modo, si no quieres que se enteren, no lo hagas. Aunque preserves tu intimidad, siéntete libre de secretos. Todas las personas han hecho cosas mal, pero, ante la equivocación, soluciona, aprende y discúlpate. Nunca escondas, puesto que aquello que escondes puede volverse tu enemigo.

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