Ansiedad ¿Qué es y para qué sirve?

El sentido de la ansiedad

"El peso de la ansiedad es mayor que el del mal que la provoca". Daniel Defoe

En la actualidad, con el ritmo de vida que se estila, la ansiedad se ha llegado a convertir en nuestra compañera de trabajo, de salidas y entradas e incluso de piso.

Aunque se padezca en mayor o menor medida, a nadie le resulta indiferente la ansiedad, la cual, en numerosas ocasiones, resulta ser la responsable de calentamientos de cabeza y del dormir y/o comer mal.

La ansiedad es una emoción que se percibe como algo negativo y angustioso. No es agradable para nadie y puede incluso, para dotar de más tensión al asunto, que se presente sin avisar.

Esta emoción tan desagradable, no obstante, no existe por casualidad, tiene un propósito específico, una meta, que, a fin de cuentas, no parece ser tan negativa.

¿Qué es la ansiedad?

La ansiedad es una emoción humana que surge cuando se percibe un peligro o una amenaza, ya sea real o imaginaria, no inminente. Cuando esa amenaza es inminente se produce el miedo.

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La diferencia, por consiguiente, entre el miedo y la ansiedad es que el miedo se produce ante algo que se cree amenazante y que es inmediato, mientras que la ansiedad se produce ante algo que se cree amenazante pero que no es inmediato.

La ansiedad, por su carácter remoto ante el estímulo que la provoca, suele alargarse más en el tiempo que el miedo, el cual suele ser más breve, ya que cesaría en el momento en el que el estímulo ya no está presente, aunque no siempre ocurre así, ya que el miedo también puede desencadenarse ante un estímulo presente durante un período de tiempo largo.

¿Para qué sirve la ansiedad?

La ansiedad tiene un propósito adaptativo. Esta emoción ayuda al ser humano a sobrevivir, ya que se trata de una respuesta ante algo que se considera un peligro y nos prepara para afrontarlo.

La ansiedad tiene un propósito adaptativo

Cuando se identifica una amenaza, el cuerpo comienza a emitir una serie de respuestas que provocan cambios en el organismo que resultan favorables para afrontar con éxito esa amenaza.

¿Cómo se produce?

La ansiedad, como se ha comentado, surge ante un estímulo que se considera amenazante. Ante esa amenaza el organismo pone en funcionamiento una serie de mecanismos que le van a permitir sobrevivir y que la persona identifica como desagradables, lo cual a su vez es un incentivo para vencer el peligro (ya sea huyendo o enfrentándolo).

La ansiedad surge ante un estímulo que se considera amenazante

El proceso ocurriría de la siguiente manera:

La persona percibe una amenaza no inminente a través de los sentidos, la cual procesa a nivel cerebral y la identifica e interpreta.

El cerebro activa todo el sistema nervioso provocando una serie de cambios orgánicos que la persona siente como desagradables y a los que llama “ansiedad”. Estos cambios nos harán más aptos para afrontar la amenaza.

Imaginemos pues una situación cotidiana de ansiedad: Rodrigañez está pasando una tranquila jornada laboral hasta que recibe una llamada en la que le comunican que la próxima semana le van a realizar una inspección de hacienda. A Rodrigañez le entra ansiedad.

En este caso, ¿qué le ha ocurrido a Rodrigañez?

1. Percibe una amenaza por los sentidos: escucha a través del teléfono que le van a realizar una inspección de hacienda.

2. Interpreta la amenaza a nivel cerebral: comprende qué significa “inspección” y “hacienda” y que él va a ser sujeto a las mismas.
3. El cerebro (Sistema Nervioso Central) activa el Sistema Nervioso Autónomo: Rodrigañez comienza a tener un sentimiento negativo y desagradable.

4. La activación del Sistema Nervioso Autónomo provoca cambios orgánicos: Rodrigañez comienza a sentir taquicardias, frío y calores, la boca seca y tiritonas.

5. El organismo es más apto para afrontar la amenaza: Rodrigañez comienza a organizar de inmediato toda la documentación que va a necesitar para la inspección, lo cual le permitirá superarla con éxito.

¿Por qué es desagradable la ansiedad?

Si la ansiedad tiene un objetivo, en último término, beneficioso, ¿por qué se percibe como desagradable? La razón es que la fisiología de la ansiedad, es decir, los cambios que el organismo sufre en el proceso de ansiedad, se perciben como molestos.

Esta percepción de molestia tiene también su objetivo, que consiste en que la persona va a intentar eliminar esa molestia, lo cual se traduce en eliminar la amenaza.

¿Cómo nos ayuda la fisiología de la ansiedad?

La fisiología de la ansiedad va a facilitar superar la amenaza. A continuación se explicará en qué consiste esa fisiología y cómo nos ayuda.

Cuando se percibe una amenaza y se interpreta, el Sistema Nervioso Central envía señales al Sistema Nervioso Autónomo, que a su vez provoca cambios a nivel fisiológico (corazón, respiración, temperatura corporal, etc.).

La amenaza es interpretada por el cerebro (Sistema Nervioso Central), el cual envía señales al Sistema Nervioso Autónomo que se compone del Sistema Nervioso Autónomo Simpático y el Sistema Nervioso Autónomo Parasimpático.

El Sistema Nervioso Autónomo Simpático va a provocar que el organismo sea más apto para afrontar la amenaza, ya que lo va a preparar para la defensa o para la huida.

El Sistema Nervioso Autónomo Parasimpático va a ser el responsable de que el organismo vuelva a la normalidad una vez que la amenaza haya desaparecido.

El Sistema Nervioso Autónomo Simpático activa la producción de adrenalina y noradrenalina, que son neurotrasmisores que actúan a nivel fisiológico (cardiovascular, respiratorio, digestivo, excretor, etc.).

Los cambios fisiológicos no son iguales para todas las personas y, en ocasiones, una misma persona puede experimentar diferentes cambios fisiológicos según el momento o el estímulo que provoque la ansiedad.

A nivel cardiovascular los cambios se traducen en lo siguiente:

Taquicardia: se produce una aceleración del latido cardíaco. Esto provoca que se bombee más sangre a los músculos del cuerpo, los cuales reciben más oxigeno y los potencia tanto para luchar como para correr (en caso de huida).

Tensión muscular: los músculos se tensan como consecuencia de la sangre recibida. Esto va a permitir que tengan más potencia y un mayor rendimiento.

Piel fría y boca y/o garganta seca: al concentrarse la sangre en los músculos, la piel y otras partes del cuerpo, como la boca, reciben menos cantidad de sangre. Esto va a permitir que, en caso de ser heridos, se sangre menos y, por consiguiente, aumenten las posibilidades de sobrevivir.

Hormigueos, entumecimiento, sensación de mareo o temblores, etc.: la disminución del riego sanguíneo en algunas partes del cuerpo provoca hormigueo. Asimismo, la sensación de mareo es producto de la disminución de flujo sanguíneo cerebral.

Ahogo, opresión en el pecho: el exceso de bombeo de sangre en el corazón se siente como una opresión en el pecho y sensación de ahogo.

A nivel respiratorio los cambios se traducen en lo siguiente:

Aceleración de la respiración: el bombeo sanguíneo provoca que los pulmones tengan que proveer de más oxígeno al cuerpo, por lo que la respiración se acelera automáticamente. Esto, además, va a permitir que se tenga una mayor capacidad de resistencia ante la lucha o la huida.

A nivel excretor los cambios se traducen en lo siguiente:

Sudoración: el cuerpo comienza a eliminar líquidos con el objetivo de vaciar de sustancias innecesarias el organismo y hacerlo más ligero.

Estreñimiento o diarrea: se contraen los esfínteres con el objetivo de no perder tiempo ni energía o se produce una distensión de los mismos para vaciar al cuerpo de sustancia innecesarias y hacerlo más ligero, como en el caso de la sudoración. Por eso la ansiedad muchas veces provoca diarrea o estreñimiento.

Otros cambios son:

Hábitos de sueño: la ansiedad puede provocar problemas para conciliar el sueño. Esto es porque el organismo siente la necesidad de estar alerta ante el peligro y afrontarlo, por ello ante situaciones que producen ansiedad muchas veces se padece insomnio.

Hábitos alimenticios: la ansiedad puede dar hambre o falta de apetito. Esto ocurre porque el cuerpo puede interpretar que necesita más energía para combatir la amenaza (por lo que se produciría la sensación de hambre) o que no puede perder el tiempo y que necesita estar más ligero para combatir la amenaza (falta de apetito).
Todos estos cambios harán al organismo más eficiente ante el afrontamiento de la amenaza.

Una vez que la amenaza es superada, el organismo vuelve a su estado normal y desaparece la sensación de ansiedad. Esto se produce gracias a la acción del Sistema Nervioso Autónomo Parasimpático, que inhibe la acción del Sistema Nervioso Simpático.

Sentir ansiedad, por tanto, es positivo, ya que nos va a facilitar vencer a algo que nos puede dañar. No obstante, hay situaciones en las que las personas pueden reaccionar con ansiedad, sin que lo que la provoca es una amenaza en sí.

Asimismo, la ansiedad puede aparecer repentinamente sin que exista ningún estímulo previo, es decir, sin que exista amenaza. En estos dos casos la ansiedad no es beneficiosa, sino negativa e incluso patológica.

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