Síndrome de Amok: El desorden homicida que causó tragedias en la historia

¿Están los crímenes determinados por síndromes psiquiátricos o psicológicos? Muchos de ellos, sí. A la historia del crimen subyacen multitud de trastornos mentales, la mayor parte de ellos debidamente diagnosticados por los profesionales competentes, sobre todo si son hechos recientes, y otros muchos atribuidos hipotéticamente a diferentes sintomatologías por suceder en un tiempo en el que los criterios diagnósticos y/o la patología en sí eran parámetros aun no establecidos.

Planteemos un suceso hipotético: Un individuo armado irrumpe en un lugar concurrido. Arrasa, aniquila y extermina todo aquello que se pone a su paso hasta devastar el lugar. Una vez acometida la masacre, pone fin a su vida. Esta situación hipotética no es desconocida, ya que no son pocos los eventos trágicos en la historia que parecen estar confeccionados bajo este guión. ¿Y cómo se puede obtener una explicación ante este tipo de atrocidades que parecen ser incomprensibles? La respuesta parece encontrarse en el Síndrome de Amok.

¿Qué es el Síndrome de Amok?

El Síndrome de Amok se recoge en el Apéndice J del DSM IV y es descrito por la OMS (Organización Mundial de la Salud) como: “Un episodio aleatorio, aparentemente no provocado, de un comportamiento asesino o destructor de los demás, seguido de amnesia y/o agotamiento. A menudo va acompañado de un viraje hacia un comportamiento auto-destructivo, es decir, de causarse lesiones o amputaciones llegándose hasta el suicidio”. Es decir, se trata de un trastorno por el que un individuo, generalmente tras un estado de decaimiento anímico, explota en una rabia que lo conduce a atacar, herir o matar indiscriminadamente a las personas que va encontrando a su paso, hasta que es inmovilizado, reducido o pone fin a su vida. En ocasiones, este trastorno se acompaña de ideas psicóticas.

El Síndrome de Amok fue descrito como tal en 1972, gracias a las investigaciones del doctor Westermeyer, que observó que el trascurso y desarrollo de recientes hechos violentos coincidían con episodios descritos en relatos épicos malayos del siglo XV, que eran atribuidos a posesiones demoníacas o a factores mágicos. En los escritos malayos se utilizaba una expresión para describir este tipo de comportamiento: meng-âmok, cuyo significado es “atacar y matar con ira ciega”. De este término malayo surge la palabra “Amok” que le da nombre al síndrome.

¿Por qué aparece el Síndrome de Amok?

Las causas del Síndrome de Amok parecen tener su origen en una exposición a diferentes circunstancias y situaciones adversas imposibles de afrontar para una persona. Así, una vivencia continuada y negativa de una gran frustración, humillación, haber sufrido abusos o sentir un gran desamparo pueden ser los factores desencadenantes. Este síndrome, además, se asocia con episodios psicóticos y no se descarta tampoco la implicación del consumo de sustancias ya sean legales o ilegales.

Expongamos una situación figurada: Rodrigañez es un señor de 50 años que ha sufrido acoso laboral durante 5 años. Rodrigañez está sumido en una gran depresión. Ha sufrido abusos y ha sido víctima de inimaginables humillaciones y vejaciones. Se siente hundido, anulado y con una gran frustración. Ya no aguanta más. Siente rabia, odio y un gran rencor.

¿Cómo podría solucionarse esta situación tan adversa que le ocurre al señor Rodrigañez?

La respuesta lógica es: Rodrigañez, ya hastiado de aguantar el abuso durante años, acudirá a un abogado para poder tomar acciones legales contra la empresa y valorar la solución a su problema. Asimismo, solicitaría ayuda psicológica.

La respuesta no lógica es: Rodrigañez acudirá con un arma a la empresa con el fin de matar a todos los trabajadores (sean o no culpables) para, a continuación, poner fin a su vida.

La segunda opción explica lo que ocurre en el síndrome de Amok. Obviamente, la persona afectada sufre una grave alteración anímica y, posiblemente, de la realidad.

Podemos ver un ejemplo en la siguiente escena de la película Wayne´s world (1992), en la cual, ante una situación adversa, se proponen dos soluciones muy diferentes, una sensata y otra totalmente trastornada:

¿Hay algún tipo de tratamiento o algún modo de prevenir que ocurra?

El Síndrome de Amok no es un trastorno prolongado en el tiempo, por lo que únicamente puede ser detectado en el momento en el que la persona afectada comete un atentado en masa. Esto minimiza las posibilidades de prevención del síndrome.

Con respecto al tratamiento, la primera actuación es reducir a la persona. En cuanto a la intervención posterior no existe ningún tipo de protocolo específico para tratar el Síndrome de Amok. Por lo general, se aplica un riguroso seguimiento psiquiátrico cuyo tratamiento incluye, por lo general, los anti psicóticos: medicación que se utiliza para diferentes patologías como la esquizofrenia, los delirios o algunos tipos de depresión.

¿Todos los casos de masacres son debidos al Síndrome de Amok?

A este Síndrome se le atribuyen tragedias históricas tales como: La Masacre del Dawson College (13 de septiembre de 2006 en Dawson College, Canadá, con consecuencias de 1 muerto, 19 heridos y el suicidio del autor), La Masacre de Virginia Tech (16 de abril de 2007 en Blacksburg, Virginia, con 32 muertos y 29 heridos), La Masacre de Masacre de Jokela School Centre (7 de noviembre de 2007 en Tuusula, Finlandia, con 8 muertos), La Masacre de Westroads Mall (5 de diciembre de 2007 en Westroads Mall, Nebraska, Estados Unidos, con 9 muertos, incluido el autor) y otros sucesos de similares funestas consecuencias.

El hecho quizás más conocido relacionado con este síndrome es la masacre de la Escuela Secundaria de Columbine, sobre todo porque años después la historia fue llevada a la gran pantalla en una película titulada Elephant. Ocurrió el 20 de abril de 1999 en el Columbine High School, en Columbine. Los hechos trascurrieron del siguiente modo: dos estudiantes del centro, Eric Harris y Dylan Klebold, entraron armados en el instituto. Realizaron numerosos disparos contra las personas que se encontraban en su interior con unas consecuencias de 24 heridos y 15 muertos. La masacre tuvo una duración de 20 minutos, tras los cuales los agresores acabaron con sus propias vidas: primero Eric Harris se disparó en la boca y después Dylan Klebold se disparó en la sien. Los informes muestran que Harris sufría algún tipo de psicopatía y que Klebold padecía una profunda depresión.

No obstante, no es posible afirmar que todos los actos perpetrados por un violento contra una multitud sean el fruto del Síndrome de Amok. Muchos de ellos son debidos a ataques psicóticos o delirantes o son el fruto de las motivaciones personales del autor. Con esto se concluye que no hace falta estar loco para cometer una locura aunque muchas tragedias sin sentido pude cobrar significado bajo la perspectiva de la psiquiatría y la psicología.

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