Cultura Vs. Sexualidad: Parte 2: La relación de la cultura con las disfunciones sexuales

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Artículo escrito por: Elías Almansa

Muchos de los mitos sexuales se fundamentan en la cultura. Existen numerosas ideas erróneas sobre la sexualidad, algunas de ellas generales y otras específicas. De este modo, hay falsas creencias sobre la masturbación, la eyaculación precoz, la falta de erección o la falta de deseo.

Este tipo de influencia cultural que se manifiesta a través de los mitos es muy perjudicial para la sociedad en general y para las personas afectadas con alguna disfunción en particular.

¿Cómo afecta la cultura a la sexualidad en general?

Existen comportamientos sociales que son percibidos como normales, pero que se fundamentan en unas bases culturales que han derivado en creencias erróneas.

De este modo, actitudes como la toma de iniciativa del hombre frente a la mujer, o el número correcto o incorrecto de relaciones sexuales adecuado según se sea hombre o mujer, resultan ser ideas comunes muy alejadas de la realidad a pesar de que muchas personas las asumen como lógicas.

Muchas ideas comunes sobre la sexualidad se alejan de la lógica

Esto supone una barrera en el avance social en lo que a sexualidad se refiere. En este sentido, resulta evidente que, en las últimas décadas, se ha evolucionado enormemente en cuestiones, como por ejemplo, de igualdad de género, pero la presencia de este tipo de ideas impide que el avance continúe. El resultado es que, en lugar de que el desarrollo de esto tipo de conceptos prosiga, se desvirtúa, creando múltiples ideas, a su vez erróneas, sobre lo que es o no es igualdad, derechos de las mujeres, etc. En este aspecto, mucho dista de igualdad una sociedad en la que un comentario de mal gusto sobre la mujer es muy políticamente incorrecto, mientas puede ser cómico si el mismo comentario se realiza sobre un hombre. En este sentido, parece que los estereotipos priman sobre la sensatez.

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Los mitos sexuales en general también afectan a las parejas, a su comunicación y a su convivencia. Así, determinadas creencias impiden que la comunicación fluya con normalidad o que existan determinadas actitudes de comportamiento que son más o menos adecuadas en la pareja. Uno de los grandes responsables de este tipo de acciones es la influencia de la televisión, el cine o la literatura, lo cual no se llega a comprender muy bien, ya que, a día de hoy, todo el mundo comprende que estos son recursos lúdicos basados en la ficción y no un referente de protocolo social. Lo que es romántico, lo que es procedente o no procedente, lo que es normal y lo que no es normal son elementos muy sesgados por la cultura que pueden perjudicar enormemente una relación.

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¿Cómo afecta la cultura a la sexualidad específicamente?

Al igual que existen creencias falsas sobre la sexualidad en general (comportamientos, actitudes, deberes y derechos, etc.), también existen creencias sobre ámbitos específicos de ésta.

De este modo existen falsas creencias sobre la eyaculación precoz, la falta de erección, la falta de deseo, etc.

Los mitos sobre la secualidad resultan muy perjudiciales, tanto para la persona que los padece como para su pareja

Creencias tales como que la falta de erección es debido a que el hombre no encuentra atractiva a su pareja, obviamente, va a mermar la autoestima del conyugue. Si se le suma la creencia de que la falta de erección pone en duda la virilidad, el problema no solo no se soluciona, sino que se triplica, afectando, además en el proceso de intervención.

Este ejemplo se repite con otro tipo de circunstancias, como la falta de deseo o la anorgasmia, y a situaciones concretas como el embarazo o la menopausia.

¿Cómo afecta la cultura a las disfunciones sexuales?

Resulta evidente cómo afecta la cultura al comportamiento sexual de las personas en general y específicamente.

No obstante, la influencia de la cultura en la sexualidad trasciende de las opiniones sobre los diferentes aspectos de la misma que dan lugar a los mitos, ya que se relaciona directamente con algunas disfunciones sexuales. En este sentido, la cultura, no siendo la principal ni la única responsable de la aparición y el desarrollo de las disfunciones sexuales, juega un papel relevante en ellas.

La cultura crea disfunciones sexuales

Muchas disfunciones sexuales asientan sus raíces en los valores culturales, y esto conduce a otro mito: “las disfunciones sexuales son fisiológicas”. Falso. Muchas disfunciones sexuales tienen un origen orgánico o patológico (una enfermedad, una malformación, etc.), pero, en otras ocasiones, estas mismas disfunciones tienen un origen psicológico y es ahí donde las falsas creencias derivadas de la cultura intervienen.

Las diferentes ideologías que cada persona puede procesar libremente se confunden, en multitud de ocasiones, con lo moral, que no es más que ideaciones personales de carácter generalmente falso. La moral, entendida como el conjunto de costumbres y normas que se consideran buenas para dirigir o juzgar el comportamiento de las personas en una comunidad, muy frecuentemente se adultera por la acción de falsas creencia y mitos. De este modo, muchas personas tienen ideas erróneas que perjudican directamente su sexualidad, hasta el punto de poder desarrollo una disfunción.

Uno de los ejemplos más evidentes es la anorgasmia en mujeres, la cual únicamente es fisiológica en un porcentaje del 5%. Dado que la mujer tiene mayor capacidad orgásmica que el hombre, no se llega a comprender muy bien la razón por la que la dificultad para orgasmar sea más frecuente en mujeres que en hombres. La respuesta se encuentra en la influencia de la cultura.

Es importante recordar que, independientemente de la creencia que se procese, nuestra cultura se cimienta bajo unas bases judeo-cristianas en la que la mujer no disfrutaba del sexo, no tenía deseo sexual (y si lo tenía, había que esconderlo) y no se masturbaba. Este tipo de creencias estaban presentes como normales no hace mucho tiempo y, a pesar del avance social en cuanto a sexualidad se refiere, aun no han desaparecido por completo.

De este modo, muchas mujeres inhiben su sexualidad o la viven con ansiedad desarrollando disfunciones tales como la falta de deseo, el vaginismo o la anorgasmia, únicamente por motivos morales que, además, resultan ser erróneos.

Asimismo, el hombre también ha sido un gran perjudicado en este respecto. En algunas ocasiones las disfunciones sexuales masculinas se deben a factores fisiológicos pero, en la mayor parte de los casos, las causas de estas disfunciones son psicológicas y, como no podía ser de otra forma, muchas de éstas se derivan de lo que se considera erróneamente moral.

Creer que la virilidad es directamente proporcional, por ejemplo, a la erección mantenida es uno de los mitos más frecuentes que sitúa al hombre en una posición de deber u obligación para con su pareja que no deja cabida, en multitud de ocasiones, más que a la ansiedad, sobre todo si se trata de una primera relación sexual o un primer encuentro. La ansiedad derivada de pensamientos similares puede provocar la aparición de cuadros de falta de erección o falta de deseo, entre otros.

En conclusión, la cultura y su mitología pueden resultar muy perjudiciales para el avance social y para las personas con disfunciones sexuales y sus parejas, pero también puede trascender de estos dos aspectos, ya que puede ser la responsable de la parición de problemas de pareja y de disfunciones sexuales tanto en el hombre como en la mujer, personas sin ningún tipo de patologías o problemas que pueden sufrir un enorme malestar únicamente por aceptar ideas erróneas.

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