No me cunde. Parte 1: No estoy perdiendo el tiempo, me lo están robando

"Pierde una hora por la mañana y la estarás buscando todo el día". Richard Whately

Ya sea más o menos física, toda actividad laboral requiere un tiempo que corresponde (o al menos, así debía de ser) a las horas determinadas por la jornada laboral. Igualmente ocurre con las horas de estudio, ya que estudiar es, en realidad, el trabajo del estudiante.

Supuestamente, las horas destinadas a la jornada laboral diaria y/o semanal están diseñadas para que se realicen una serie de tareas específicas, aunque es conocido por todos que, en más ocasiones de las deseadas, estas horas no cunden todo lo que deberían y es preciso dedicarle más tiempo al trabajo si se quieren finalizar efectivamente todas estas tareas. Se produce entonces un sentimiento de malogro, casi frustración, al comprobar que el tiempo no ha cundido.

¿Por qué no me cunde el tiempo?

Existen numerosos factores que engrosan la lista de sospechosos de que el tiempo no cunda. Muchos de ellos tienen que ver con la organización del trabajo, la curva personal de rendimiento o una mala planificación de la jornada laboral con respecto a las tareas predeterminadas para la misma. No obstante, antes de tomar medidas y culpar a cualquiera de estos elementos de nuestra pérdida de tiempo, hay que fijarse en los principales agentes responsables del poco cundir: los ladrones de tiempo.

¿Qué son los ladrones de tiempo?

Los ladrones de tiempo son todos aquellos elementos que contribuyen a que se abandone, de manera más o menos momentánea, la tarea que se estaba realizando para ser atendidos. Es decir, se trata de todo aquello que requiere nuestra atención a costa de la desatención de la tarea que previamente se estaba realizando.

Durante la jornada laboral se suceden numerosas situaciones que influyen seriamente en el desarrollo de las tareas: visitas inesperadas, llamadas constantes e inoportunas, reuniones imprevistas, entrada de correos o mensajes, etc. La desviación de la atención que estas situaciones ocasionan dificulta la concentración y la capacidad de desarrollar adecuadamente la tarea. De este modo, atender a todos los factores que acaecen en el lugar de trabajo supone constantes paréntesis en la actividad que se está realizando.

El regreso a la tarea interrumpida, a su vez, exige un doble esfuerzo: recordar el punto exacto donde se abandonó e intentar nuevamente su resolución. Es decir, los ladrones de tiempo no sólo roban el lapso temporal correspondiente a su atención, sino que también roban el tiempo que se dedica a volver a retomar la tarea (en cuanto a concentración, repaso de lo que se había hecho, por donde se había abandonado, etc.).

¿Quién me ha robado mí tiempo?

Una vez que se conoce que son los ladrones de tiempo los responsables de que la jornada laboral no cunda todo lo deseado, queda identificar a los mismos.

Aunque, como se ha comentado, cualquier elemento que contribuya al abandono de la tarea es un ladrón de tiempo, generalmente los que suelen ser más frecuentes en el ámbito laboral son: los compañeros, el teléfono, los mensajes electrónicos y los clientes.

 

Para combatir a los ladrones de tiempo se requieren estrategias útiles que faciliten la vuelta a la tarea y que minimicen el tiempo perdido. En la segunda parte de este artículo se tratarán parte de estas estrategias.

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  1. No me cunde. Parte 2: Cómo combatir a los ladrones de tiempo

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