Cultura Vs. Sexualidad: Parte 1: La influencia de la cultura en la sexualidad

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Artículo escrito por: Elías Almansa

Las costumbres, el comportamiento social, los hábitos alimenticios y, en definitiva, el modo de vida, están altamente influenciados por la cultura. La sexualidad, como no podía ser de otro modo, establece también las bases de su fundamento en patrones culturales.

Por cultura no nos referimos al amalgama de conocimientos e ideas adquiridos debido al desarrollo de las facultades intelectuales, mediante la lectura, el estudio y/o el trabajo, sino a la totalidad de comprensiones, juicios, ideas, tradiciones y/o costumbres que caracterizan a un pueblo, a una clase social o a una época.

Esta enunciación, que parece del todo obvia, tiene su perspectiva positiva y su perspectiva negativa.

La cultura influye positiva o negativamente

Positivamente, la cultura, ciertamente, establece unas pautas básicas de comportamiento o protocolo social que, trasladadas a la sexualidad, instituyen determinados cánones, indudablemente necesarios, en lo que a corrección o incorrección se refiere. En este sentido, resulta impensable cometer ciertos tipos de comportamientos sexuales, que si bien en otros ámbitos culturales eran correctos, actualmente no solo resultan impolíticos a nivel cultural, sino que pueden resultar incluso ilegales.

El aspecto positivo de la influencia cultural en la sexualidad es del todo preciso y comprensible. No ocurre así, por el contrario, con el aspecto negativo de la misma, el cual se presta a controversia.

La cultura, por su naturaleza, brinda normas y criterios racionales, pero también arrastra ciertos sesgos que, aunque se razonen como nocivos, son extremadamente difíciles de eliminar. La sexualidad no es el único ámbito perjudicado por determinados dogmas culturales, aunque sí uno de los más castigados.

La sexualidad es una de las principales víctimas del legado cultural

En este sentido, se destaca el sesgo sexista que actualmente predomina socialmente. Así, se percibe una gran diferencia en el modo en que se entienden determinados conceptos en dependencia de si una persona es hombre o mujer. Existen grandes diferencias culturales entre hombres y mujeres y, a pesar de que la sociedad ha avanzado con respecto a este tema, sus pilares aun se siguen asentando bajo estas diferencias. Los conceptos sobre el sexo que reciben los hombres y las mujeres son sustancialmente diferentes y se reflejan en los pensamientos, actitudes y conductas de las personas.

Asimismo, a pesar de que existe una gran heterogeneidad ideológica en nuestro país, las bases culturales aun se cimentan sobre la ideología judeo-cristiana, que si bien no se trata de una ideología única o impuesta, sí que ha sido la madre de muchos de los valores morales y éticos y, por consiguiente, guías del comportamiento correcto, que determinan el modo de proceder y de pensar occidental. En este sentido, es preciso diferenciar las creencias ideológicas que cada persona procesa, y que son altamente respetables, del legado cultural influenciado por una determinada ideología que, tras el paso de los años y adulterada por preceptos sociales, ha perdido ya toda la identidad y el sentido religioso que pudiese haber tenido antaño. De este modo, los patrones culturales, sean cuales sean sus orígenes, afectan de igual modo a las personas creyentes, ateas o agnósticas.

La cultura afecta a la población en general, independientemente de sus creencias religiosas

Una primera manifestación de este fenómeno aparece en los estereotipos que diferencian a hombres y mujeres que, actualmente, parecen estar cada vez más desigualados. La igualdad de género no parece, en estos últimos años, haber equilibrado en exceso la balanza entre hombres y mujeres, sino más bien otorgar insistencia en la figura de la mujer diferenciada de la del hombre. Si bien socialmente se ha avanzado bastante a nivel de géneros, se ha producido paralelamente una nueva concepción de lo políticamente correcto e incorrecto. No hace falta señalar que ocurre cuando un señor acomete una burla de mal gusto hacia a una señora y qué ocurre al contrario.

No obstante, a pesar de este cambio social (no necesariamente positivo en su totalidad, pero si en parte), aun siguen quedando numerosos vestigios de creencias que, aunque conductualmente están depuestas, aun ejercen como pensamientos populares comunes. Y es en este punto en el que la cultura se puede relacionar con las disfunciones sexuales. Obviamente, la cultura no es el primer, único ni el más importante responsable de la aparición de disfunciones sexuales. Otros aspectos como el biológico, el personal, el psicológico, el conductual e, incluso, el patológico, pueden ser más o menos trascendentes en la aparición y posterior desarrollo de una disfunción sexual. Sin embargo, la cultura procura su particular contribución a la aparición de disfunciones sexuales y lo hace a través de los mitos y leyendas que la componen.

En los artículos posteriores se tratará cómo la cultura afecta y se relaciona con las disfunciones sexuales.

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