Estoy triste ¿Tengo depresión?

depresión- psicodifusión

La tristeza es una emoción básica y normal que se produce como respuesta hacia un evento que provoca dolor o sufrimiento y que tiene un objetivo adaptativo.

No obstante, en el léxico diario se ha incluido la expresión “estoy deprimido” para referirse a estos estados de ánimo normales, cuando no siempre la persona padece una depresión. La tristeza es uno de los síntomas de la depresión, no un sinónimo.

La depresión, a diferencia de la tristeza que es una emoción normal que se presenta de modo aislado, es un trastorno patológico que necesita intervención profesional. Por tanto, ante la pregunta “estoy triste, ¿tengo depresión?” habría que plantearse si la tristeza es adaptativa o un signo de depresión.

La tristeza es adaptativa cuando hay una serie de hechos que han desencadenado esta emoción. Estas situaciones pueden ser la muerte de un ser querido, la ruptura con una pareja, la pérdida de un trabajo o la desaparición de algo que se amaba. Sin embargo, hay situaciones en las que la tristeza aparece sin motivo alguno o que perdura demasiado tiempo después de que ocurriese el hecho que la desencadenó. En estos dos últimos casos puede que la tristeza sea un síntoma de depresión.

La intensidad de la tristeza es otro modo de advertir si se trata o no de una emoción adaptativa o patológica. La magnitud en la que se manifiesta un sentimiento es diferente en cada persona, pero siempre tiene una congruencia con el suceso que lo ocasiona. No se siente la misma tristeza frente a un duelo que frente a la pérdida de un empleo, por ejemplo. Cuando una persona percibe un sentimiento de abatimiento desproporcionado frente al hecho que lo provoca, puede que sea una señal de depresión.

Otro aspecto a considerar es el funcionamiento diario. Como se ha comentado, la tristeza es una emoción básica humana que ayuda a afrontar situaciones dolorosas para las personas. Se trata de un instrumento natural que contribuye a la superación. Pero hay personas en las que la percepción de tristeza les impide realizar una actividad normal en sus vidas, afectando al trabajo, a la familia y, en definitiva, a la persona y a su entrono. Es posible que en estas situaciones la tristeza sea patológica y no adaptativa.

En este punto habría que replantearse de nuevo la pregunta “estoy triste, ¿tengo depresión?” y formularse las siguientes cuestiones en su lugar:

– ¿Hay presencia de un hecho desencadenante de la tristeza?
– ¿Tiene la tristeza una duración proporcionada al suceso que la ha ocasionado?
– ¿Tiene la tristeza una intensidad coherente con el hecho que la provoca?
– ¿Hay un funcionamiento diario adecuado, en el entono familiar, en el desempeño laboral y/o en el contexto social?
– ¿Se presenta la tristeza como una emoción aislada?

En el supuesto de que la mayor parte de las respuestas a estas preguntas sean afirmativas, la tristeza es adaptativa. En estos casos, la tristeza hay que vivirla como una emoción normal, sin miedo a ser expresada y sin que esto suponga algo negativo, sino un medio útil para el afrontamiento de una situación difícil.

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